A este Central siempre le falta cinco para el peso, al menos en situaciones enmarcadas en objetivos pequeños, porque hoy en Arroyito no se está sufriendo porque se está ahí de una copa, de pelear el título o algo por el estilo, de lo que se está perdiendo Central es de sentirse en condiciones de ser un equipo verdaderamente competitivo y por eso cuando apunta a dar el salto le pegan un golpe que lo devuelven a tierra. ¿Extraño? En absoluto, porque todo parece ser el resultado lógico de un proceso en el que con tantos chicos en cancha los vaivenes futbolísticos y emocionales debieran ser normales. Y en definitiva lo son, por eso las palabras de Carlos Tevez en conferencia de prensa, explicándolo de una manera meridiana, más allá de esa osada consideración en la que hizo referencia a que su equipo había jugado “bien”. “Es un partido que nos tiene que marcar porque siempre que queremos salir adelante nos dan un golpe y otra vez volvemos para atrás. Creo que de una vez por todas debemos empezar a crecer porque cuando tenemos un envión anímico para ir hacia adelante nos dan un golpe que nos hace volver atrás”, fue la frase del Apache pocos minutos después de consumada la derrota contra el taladro.
La primera consideración que debe hacerse es que en medio de un proceso con la aparición de muchos chicos suenan lógicos los comportamientos ambivalentes que muestra el equipo, con rendimientos que de a ratos entusiasman y que de manera inmediata entran en un cono de sombras insoslayable. Si es parte de “un proyecto”, es lógico que ese proyecto se vea atravesado por comportamientos de este tipo.
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Gaspar Servio hizo todo lo posible, pero no pudo evitar el gol. Central no logró reponerse.
Sebastián Suárez Meccia / La Capital
Ahora bien, lo que dijo Tevez en conferencia de prensa no hace más que reflejar la realidad. Porque esto que le sucedió ante Banfield (merecimientos al margen) fue capítulo más de una historia que se repite.
Haber ganado contra Barracas Central jugando más de la mitad del partido con un hombre menos significó un envión importante, que en cierta forma encontró correlato en el partido ante Boca, pero ni sumando esos 90 minutos en La Bombonera se logró dar un paso firme hacia el afianzamiento. Es que Central tropezó con la piedra que un tiempito atrás le había hecho perder la estabilidad.
Y no es que cosas como estas le pasan de vez en cuando, nada que ver. Es algo que le ocurre seguido y por eso el fastidio que debe sentir el DT en esto de la falta de consistencia.
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Tras el clásico y la goleada ante Arsenal, Central fue una sombra frente a Central Córdoba (SE) y lo pagó con derrota.
Leonardo Vincenti / La Capital
Quizá sea una mera coincidencia que las últimas veces que el equipo se haya visto en la necesidad de demostrar que estaba para más la defección apareciera en el Gigante, donde las exigencias, por obvias razones, son mayores.
Lo cierto es que hace muy poquitos días Central atravesó por una situación similar, en la que también tuvo todo para demostrar, pero no lo hizo. En aquella ocasión venía de ganar el clásico (en el Gigante) y de golear a Arsenal en condición de visitante. ¿Qué mejor escenario para asumir la responsabilidad? Pero el golpe llegó.
Un pésimo rendimiento, en el Gigante, hizo que Central Córdoba pusiera al canalla rápidamente en caja y le recordara que lo suyo seguía siendo un proceso de equipo en formación. Y no sólo el conjunto santiagueño le frenó la escalada, sino que el golpe que le propinó le generó un efecto residual. Por eso los verdaderos platos rotos se pagaron en Córdoba, frente a Quilmes, por Copa Argentina. Chau escalada y chau sensaciones de consolidación. Otra vez a recalcular e iniciar nuevamente un proceso de restauración futbolística y emocional. Hasta que sucedió lo de Barracas Central y Boca e inmediatamente esto con Banfield. Si todo esto no fuera como se plantea, las palabras de Tevez hubieran sonado inentendibles, pero no es el caso. Lo que expresó el Apache es la más cruda realidad.
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Servio, Blanco y Malcorra sufren después del gol de Urzi, el que le sirvió a Banfield para derrotar a Central.
Sebastián Suárez Meccia / La Capital
“Lo vengo diciendo desde hace tiempo, vamos a sacar buenos resultados y no tan buenos. Hay que tener paciencia y trabajar de la misma forma. Este es el camino y estoy más convencido que nunca”, deslizó Tevez como argumento de eso que había mencionado con anterioridad, relacionado a la imposibilidad de mostrar consistencia cuando el momento lo amerita.
Por eso, hoy Central es esto, un equipo que se para, se atreve a dar unos pequeños pasos hacia adelante, pero al que le cuesta acelerar. Y entre arranques y frenos transita un torneo en el que la consolidación como equipo le vive jugando una mala pasada.