Central

Central se quedó afuera de todo

Central empató 1 a 1 con Universidad Católica en el Gigante por la Libertadores y se quedó sin posibilidades de pelear por un lugar en la Sudamericana. Sólo para cumplir, le resta jugar el partido contra Libertad en Arroyito.

Jueves 25 de Abril de 2019

Hace poco más de cuatro meses, Central gritaba campeón después de 23 años, en aquella recordada final frente a Gimnasia. Ese 6 de diciembre, en Mendoza, los hinchas estallaron de locura celebrando un título que valía como tal y que otorgaba, además, la clasificación a la Copa Libertadores. Tres días después, el sábado 9, el Gigante se colmó para rendirles homenajes a los campeones. Con la misma locura, pero las revoluciones más moderadas, se atrevieron a mirar un poco más allá.

"Somos campeones, ahora vamos por la Libertadores", se cantó una y mil veces. Esa sensación de ir por más, de imaginar que lo mejor estaba por venir, se hizo trizas. Y así los sueños se rompieron. Casi en un abrir y cerrar de ojos. En un puñado de meses catastróficos desde lo futbolístico, donde los decisiones desacertadas y los malos resultados se mezclaron a una velocidad inusitada y emanaron un olor nauseabundo. Central ya no tenía Copa Libertadores antes de saltar a la cancha para enfrentar a Universidad Católica. Y anoche se quedó con las manos totalmente vacías, pese a haber hecho los méritos necesarios como para llegar al último partido con una vida más. Ya ni siquiera podrá hallar ese premio consuelo llamado Copa Sudamericana, a la que muchos veían con algo de cariño incluso antes de iniciarse la competencia. Esto es Central hoy, un equipo que está protagonizando la peor performance de su historia en Copa Libertadores.

Cómo habrá sido el desbarajuste y la degradación futbolística de Central en este último tiempo que el Patón Bauza, el gran hacedor de aquella vuelta olímpica en Mendoza, no llegó a dirigir un minuto en esta Libertadores. Un par de días antes fue despedido y por eso la historia la empezó a escribir Paulo Ferrari y la terminará Diego Cocca. Tres técnicos para un semestre nefasto.

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Es cierto, los verdaderos problemas de Central no están en esta paupérrima Libertadores que todavía le tiene guardado un capítulo de tortura, sufrimiento y autoflagelación. Los grandes inconvenientes del canalla anidan en lo que viene, en esa próxima temporada del fútbol argentino que tendrá al equipo en los últimos puestos en la tabla de los promedios. Pero para eso todavía falta y goza de un tiempo prudencial para corregir o al menos emparchar. Para lo que no tendrá tiempo ya es para ponerle algo de decoro a este triste presente copero.

Aquel pensamiento de que el tercer puesto era el mejor negocio que podía hacer Central para seguir atado a una competencia internacional no era caprichoso. Ya muchos advertían que el verdadero objetivo debía ser recomponer la imagen en la Superliga para no sufrir con el promedio. Eso es lo que pone aún más en evidencia la degradación futbolística de la que se habla. A Central no le dio ni siquiera para eso. No sólo no tuvo sabiduría para hacerse fuerte de local, sino que cuando le tocó viajar fue un equipo más tierno que lo habitual.

En el medio, decisiones de los entrenadores, especialmente de Cocca, de jugar un par de partidos con formaciones semialternativas. Es cierto que este Central no entrega garantías con los supuestos titulares, pero eso también colaboró para que los reveses se sucedieran uno tras otro.

Lo de anoche no fue lacerante, al menos desde el juego. Es que el equipo mereció mejor suerte, lo que, de haberse dado, le hubiera dado la chance de jugarse la última ficha contra Libertad en el cierre de la fase de grupos. De todas formas hubo espacio para que algunos reproches, mínimos por cierto, bajaran desde las tribunas, evidenciados en el "y Central ponga huevo", luego del gol de Fuentes.

Especulaciones y situaciones conformistas al margen, al verdadero y gran golpe, Central lo recibió unas cuantas horas ante de salir a jugar contra los chilenos. El triunfo de Gremio sobre Libertad fue lo que lo puso en caja, frente a un espejo que le devolvió una imagen acorde a las vivencias de los últimos tiempos. Lo de ayer quizá haya sido una distorsión de esa realidad. Porque la eliminación definitiva se dio con un funcionamiento más que aceptable, al menos habiendo hecho los méritos suficientes como para llegar con vida a la última fecha. Quizá por ello los aplausos, tibios por ciertos y acompañados de algún que otro cántico en relación al partido contra Boca que se avecina, pero aplausos al fin.

Para Central esta copa ya es historia. Esos 90 minutos que restan ante el equipo de Chamot vaya a saber quiénes los jugarán. Hoy es lo menos importante. La última ficha, la que servía sólo para salvar la plata ya perdida, se tiró anoche en un Gigante más despoblado que nunca, que nada tuvo que ver con aquel sábado de gloria y ebullición en el que con un estadio repleto los hinchas cantaron hasta el hartazgo: "Somos campeones, ahora vamos por la Copa Libertadores".

Nada de ello hubo para Central. El fracaso fue estrepitoso y ni siquiera encontró resquicio para colgarse de la Sudamericana. Ayer hizo todo para ganarse esa chance, pero no supo imponerse y por eso este equipo se quedó sin consuelo.

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