Central

Central recibió otro mazazo, falló y el hincha se hinchó

La derrota y el bajo nivel del equipo ante el voluntarioso Aldosivi causaron el estallido en el Gigante, que cantó el clásico "que se vayan todos, que no quede ni uno solo".

Martes 16 de Abril de 2019

Central volvió a perder y el grito "que se vayan todos" se hizo oír en Arroyito. Falló. Y para peor, perdió. Y cayó feo. Se entiende el enojo del hincha, es que se hinchó de no ganar en el Gigante. Aunque no es sólo eso, porque ya pierde dónde sea y en la competencia que sea. Y juega mal. Hace mucho, sólo que ahora no hay penales que lo salven. Ni empates tampoco. Cómo entonces el canalla de ley no va a gritar el tan duro "que se vayan todos, que no quede ni uno solo". Una sentencia figurativa, claro. Aunque hoy cualquier simpatizante lo debe pensar en firme, hasta a los dirigentes se les debe venir a la cabeza patear el tablero (¿y patearse entre ellos?), pero claro que eso no está dentro de una lógica. Y pese a que suena propicio hacerlo, se impone tranquilizar. Cómo hacerlo es la cuestión. Si así nomás, sin pensarlo, hoy el único que se salva es Jeremías Ledesma. Tanto que si no fuera por él, el 2-0 en contra pudo llegar a tres, cuatro, cinco.

El entusiasmo, la ilusión y la urgencia de una victoria auriazul se dio de frente contra un muro de contención por octava vez. Sí, ya son 8 las manos en las que Central no encontró las cartas fuertes para ganar. Y en este partido contra Aldosivi, un rival de los comunes, jugaron todos. Encima, ya son 3 los técnicos que barajaron esas cartas. Y el auriazul sigue sin cortar. Nadie pide que lo haga con menos diez, al menos que fuera con un juego y menos de siete, como en el chinchón, de forma que el rival a vencer (sin importar cuál ni la competencia) entienda que llevarse algo de este escenario Gigante sea en forma ocasional y no costumbrista.

En este caso la derrota fue contra el voluntarioso conjunto marplatense, que no tiene figuras pero sabe a qué juega y cómo hacerlo. Aunque hoy no interesa quién se llevó lo que debía quedarse en Rosario. Central perdió en el partido de ida de la naciente Copa de la Superliga, algo que tampoco importa, al menos por ahora. El tema es que cayó de local, donde los equipos se hacen fuertes, y eso es lo que preocupa en grande.

Del juego propiamente dicho, de lo que pasó en los 90', se puede leer el comentario de la página 4. El análisis que va más allá indica que lo que pasó sigue anclado en que este equipo tocó fondo después de cuatro meses, de cuando había alcanzado lo que parecía la gloria con aquella Copa Argentina que terminó con muchos años de sequía.

Cómo será que en estos primeros meses del 2019 dilapidó aquello. El Patón al menos había conseguido resultados, los que el Loncho Ferrari primero y ahora Cocca, no. Y cuando se cambia y nada cambia todo se complica más. Las dudas crecen, la impaciencia consume y los miedos se agrandan. Es que a nadie le preocupa esto porque Central perdió 2 a 0 con Aldosivi y casi está eliminado de esta nueva copa, sí bastante más que tiene un pie y medio afuera de la Libertadores, ni hablar que si sigue así se perderá hasta los dólares que promete una Sudamericana (si sale tercero en el grupo H). Es que la actualidad canalla hasta hace pensar en un papelón con Boca en la Supercopa Argentina del 2 de mayo.

¿Hay algo peor? Siiiii. Así con muchas íes, como se suele escribir hoy en los teléfonos celulares. ¿Hace falta nombrarlo? Claro. El hincha canalla proyecta todo esto malo a después de la Copa América con el riesgo de volver a perderlo todo. En el futuro que está acá a la vuelta aparecen los promedios y el riesgo de descender. Nada peor que eso.

Lo bueno es que todavía hay tiempo para mirar bien y ver cuál es el camino. Seguro que no es el actual. Con muchos jugadores que ya tienen un final anunciado y que de nada sirve seguir intentando con ellos. Y si el compromiso es caminar de la mano de Diego Cocca como director técnico es no ponerse "chapitas". La mano puede cambiar. Tal vez sea necesario entregar esta copa en la que debutó anoche para jugársela por los torneos internacionales, o la que estará en juego contra Boca que en un solo partido puede entregar una estrella.

Ojo, esa estrella que sirva para guiar hacia un camino y no solamente para ponerla al lado del escudo y vanagloriarse con ella durante un ratito. Central necesita volver a ser. No puede dejarse mojar la oreja en el Gigante como le volvió a pasar anoche. Su gente es incondicional y apoya siempre. Más allá de los enojos, de esos gritos de "pongan... que no juegan con nadie", del estallido del "que se vayan todos, que no quede ni uno solo". Lo que pasa es que el hincha se hinchó.

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