Fue una tarde canalla. Central cerró el 2017 con una alegría gigante, revitalizante para el presente y estimulante de cara a lo que viene. De la mano de un Leo Fernández ahora intocable en el puesto de entrenador, los auriazules armaron un triunfo escueto en el resultado y en el juego, pero de un valor inconmensurable en cuanto a poder cerrar un semestre muy flojo con una sonrisa plena dibujada en el rostro. Y fue justamente el Chaqueño Herrera, el atacante que entró por la ventana al derby ante la suspensión insólita de Fernando Zampedri, el guerrero que uso la cabeza para capitalizar un centro magnífico de Leonardo Gil y hundir la pelota en el arco de Lucho Pocrnjic. Con ese grito desaforado que con conmovió a las tribunas, con esa acción determinante del amanecer del juego, le alcanzó a los de Arroyito para tener por anticipado el regalo navideño más deseado. Otra vez festejó Central ante un Newell's que careció de ideas y atrevimiento para rebelarse en la adversidad. Así los canallas terminaron desatando un carnaval embanderados en la victoria más linda que les puede deparar el fixture, con los futbolistas saltando abrazados en la mitad de la cancha y luego ofrendando la camiseta a los hinchas. El clásico rosarino ayer se tiñó de auriazul.



































