Clásico rosarino

Central plantó la bandera del clásico

Los canallas vencieron 1 a 0 a Newell's con un gol tempranero de Germán Herrera. Leo Fernández se consolidó como DT auriazul para el 2018.

Lunes 11 de Diciembre de 2017

Fue una tarde canalla. Central cerró el 2017 con una alegría gigante, revitalizante para el presente y estimulante de cara a lo que viene. De la mano de un Leo Fernández ahora intocable en el puesto de entrenador, los auriazules armaron un triunfo escueto en el resultado y en el juego, pero de un valor inconmensurable en cuanto a poder cerrar un semestre muy flojo con una sonrisa plena dibujada en el rostro. Y fue justamente el Chaqueño Herrera, el atacante que entró por la ventana al derby ante la suspensión insólita de Fernando Zampedri, el guerrero que uso la cabeza para capitalizar un centro magnífico de Leonardo Gil y hundir la pelota en el arco de Lucho Pocrnjic. Con ese grito desaforado que con conmovió a las tribunas, con esa acción determinante del amanecer del juego, le alcanzó a los de Arroyito para tener por anticipado el regalo navideño más deseado. Otra vez festejó Central ante un Newell's que careció de ideas y atrevimiento para rebelarse en la adversidad. Así los canallas terminaron desatando un carnaval embanderados en la victoria más linda que les puede deparar el fixture, con los futbolistas saltando abrazados en la mitad de la cancha y luego ofrendando la camiseta a los hinchas. El clásico rosarino ayer se tiñó de auriazul.

Sin exageraciones hay que decir que a Central le alcanzaron los primeros dos minutos de juego para llevarse todo. Porque en un clásico muy mezquino en el juego de ambas partes, con jugadores que de los dos lados tuvieron más enjundia que claridad en los pies y con defensores que por lo general revolearon la pelota por el aire, el destello de oportunismo de Chaqueño Herrera para escaparse de la marca de Leonel Ferroni, a la salida de un córner, fue la sentencia previa del triunfo auriazul. Porque luego casi nadie se atrevió a romper el molde, ni los leprosos para tratar de dar vuelta la historia, ni los canallas para ampliar la ventaja. Por eso fue un 1-0 chato en lo futbolístico, más allá de que la adrenalina fluyó hasta el minuto final por tratarse de semejante partido.

Es cierto que Bruno Bianchi lo pudo igual de cabeza en una pelota quieta o el pibe Torres a través de un latigazo cruzado que se fue apenas afuera del arco de Ledesma. Como que también Marco Ruben tuvo un par de apariciones en el área que encendieron la alarma leprosa. Pero la sensación fue siempre que Central tenía todo controlado en base a la laboriosidad de los volantes y que a que a Newell's le costaba horrores dar tres pases seguidos de tres cuartos en adelante. Por eso luego del gol de Herrera no hubo nada más importante en el resto de la calurosa tarde de fútbol en el Gigante.

No hay dudas de que el gran vencedor de la tarde fue el DT Leonardo Fernández, un técnico que agarró el fierro caliente y a la deriva que dejó Paolo Montero, no puso excusas, logró armar un equipo competitivo y cerró el año con tres victorias al hilo: Talleres, Boca y Newell's. El peso específico de esta foja de servicios intachable lo catapulta a arrancar el 2018 como el entrenador de Central con todas las letras, ya sin el mote de técnico interino que la dirigencia le otorgó en un primer momento.

Por el lado de Newell's cierra un semestre sin pena ni gloria. Con la última foto dolorosa de la derrota en el derby, con los tres puntos de sanción de tribunal de disciplina de la AFA y con la frase inesperada que ayer entregó el Chocho Llop a la salida del Gigante, deslizando que en caso de haber ganado el derby podría haber dado un paso al costado. ¿Seguirá en el cargo? Encima ayer el jugador que pensaba jugar el partido de su vida como Brian Sarmiento, lució atado y apenas si tocó un par de veces la pelota. Así el club del Parque tiene mucho para emprolijar en lo deportivo y lo institucional de cara al 2018. Siempre un traspié en el clásico deja secuelas y esta no será la excepción, ni dentro ni fuera de la cancha.

Lo concreto es que ayer fue todo auriazul. La victoria, el festejo y la inyección de confianza. La imagen que resume la intensa jornada fue la que se consumó tras el pitazo final de Néstor Pitana. La impactante bandera desplegada que cubrió casi toda la fisonomía del Gigante, los hinchas desatando un verdadero carnaval, los jugadores locales bailando en la mitad de la cancha y los futbolistas leprosos cabizbajos buscando el túnel de salida.

El Canalla celebró y la Lepra salió masticando bronca. Así son los clásicos. No hay término medio por la pasión que destilan. Siempre en términos futbolísticos, te elevan al paraíso o te hunden en el infierno. Central ayer levantó la bandera del triunfo y despidió el 2017 con una gran fiesta.


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