Central

Central mostró otra versión, pero sigue sin ganar en la Superliga

Cambió algunas caras en el equipo y hasta intentó jugar distinto, pero sigue sin encontrar el rumbo.

Domingo 27 de Enero de 2019

En algunos flashes intenta plasmar otro juego. Es como que se anima a más. Se atreve a exigir al rival de ocasión. Central se reforzó con varias piezas sustentables y confiables. Sin embargo, aún no logra que los fragmentos amalgamen como pretende el Patón Bauza, claro está. Ayer se pegó feo contra el pasto del Palacio Ducó. Perdió 2 a 1 en la reactivación de la Superliga ante un furioso Huracán que hizo la gran diferencia en la primera etapa. Los canallas mostraron luego un poco de enjundia, aunque la resultante sigue siendo la misma. El equipo cambió de cara pero sigue sin encontrar el norte, más allá del reciente campeonato obtenido en la Copa Argentina.

Hay ciertos indicadores que grafican la realidad auriazul. El renovado convoy rosarino llegó a Parque de los Patricios con la idea madre de poder copar la parada. Pero chocó con el presente. Y le recordó el pasado irregular cercano.

Central padeció el primer tiempo sin anestesia. Le agarró taquicardia ante cada arremetida de los quemeros, quienes hasta parecían tener una marcha más a la hora de acelerar a fondo. Había mucha diferencia entre uno y otro. Fue como una remake de lo vivido el pasado sábado en Mar del Plata en el ensayo informal ante Racing.

El equipo mostró una faceta similar a la exhibida durante gran parte del semestre pasado. Vaya paradoja. Por un lado era irregular. Pero por otro terminó sumando una estrella al escudo fruto de haber ganado la Copa Argentina. Un título que además quebró 23 años de sequía en el pasional barrio de Arroyito.

Ayer arrancó a contramano. Con las líneas muy desordenadas. Era un equipo casi anárquico. Cada cual corría para su lado, nadie recuperaba ni hacía jugar. A la fase colectiva le había saltado la térmica. Y así era imposible construir un triunfo que le permita crecer y agarrar confianza puertas hacia adentro, como también nutrir las dos tablas. Porque el canalla tiene la cabeza en todo lo dulce que vendrá como la Supercopa Argentina o la nueva participación en la Copa Libertadores. Pero no debe descuidar el promedio. Ya sufrió suficientes daños materiales y morales por subestimar en su momento esa tabla.

Bauza sabe a lo que se enfrenta. Confía en el grupo que armó. Pero hay ciertos síntomas que reflejan y dicen mucho a simple vista. Ayer perdió por impotencia a uno de los jugadores más capaces y racionales que tiene el plantel como Néstor Ortigoza (ver página 3). Su expulsión fue llamativa.

A eso hay que sumarle que el autor intelectual de casi todos los goles durante el semestre pasado ahora no tiene cabida con este formato que trazó el Patón. Leo Gil pasó de ser clave a ocupar un lugar de privilegio entre los relevos. Sin dudas, el entrenador tiene sus firmes argumentos para justificar esa baja. De eso no hay dudas. Nadie mejor que el DT para saber cómo está la tropa. Pero desde afuera causa cierta sorpresa su baja, más allá de de que Fito Rinaudo le inyecta otra impronta al juego y es más ordenado desde lo táctico.

El canalla apostó a este semestre a jugar a otra cosa. Tiene materia prima de mejor calidad. También cuenta con variedad. Cosa que antes carecía. No obstante, a juzgar por la presentación que brindó ayer en el Tomás Ducó, se desprende como fruto maduro que sigue sin poder conformar un equipo. Es como que sigue en la firme búsqueda de su destino. Es otra versión, pero en la Superliga los resultados continúan siendo los mismos.

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