Apretujados, a los saltos, cantando, ante la desazón de un estadio que ni siquiera tenía ganas de protestar contra los suyos. La imagen del final es repetida. Central celebrando otro triunfo, uno más, del clásico sobre Newell's que hace largo rato domina a voluntad, incluso si se juega en el Coloso, donde no pierde desde 2008.
Desde el oficio y una mayor categoría, el Canalla alcanzó un triunfo esforzado y trabajado, pero justo por 2 a 1. Para darle una enorme alegría a su público, que de paso se entusiasma con un equipo que es cosa seria y transitorio líder de la zona B. Pero por estas horas, nadie tiene ganas de pensar más allá, sino en seguir gozando con una victoria que se convirtió en costumbre, la cuarta seguida frente al rival de siempre.
La felicidad de uno contrastó con la decepción de otro. Newell’s quedó hundido en una crisis grave. Mariano Soso tenía la última oportunidad de que su equipo asome mínimamente la cabeza en un partido que habitualmente define destinos. Por eso la derrota, la quinta en seis fechas, es un quiebre en su ciclo, más allá de que con el correr de las horas tras el partido nadie confirmó que dejará de ser el técnico de la Lepra. Igual, no parece que haya otro camino.
Soso es responsable, aunque no el único culpable. Los encargados del fútbol del club son causales de este presente preocupante.
Las consecuencias de lo sucedido, en el clásico pero antes también, son impredecibles y nada quedará como si fuese todo lo mismo con el paso de los días.
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El final mostró desencanto en Newell's
El silencio de la hinchada rojinegra una vez concluido el partido, con los jugadores de Newell’s mirando la nada misma, fue lapidario. La angustia con la que se retiró su gente fue una señal de resignación. Apenas unos pocos cantaron en contra de la dirigencia.
A la salida, durante media hora hubo disparos de la policía en los alrededores del Coloso. Represión e intolerancia. Pena y dolor. Todas sensaciones y reacciones de una tarde amarga.
Central lo vivió distinto. Supo cómo jugarlo y celebró. Hizo lo justo y necesario, se puso 2 a 0 con suficiencia y terminó sufriendo por no sostener la pelota. Una picardía si se le escapaba la victoria. Esa que fue construyendo, entendiendo lo que debía hacer, sostenido por Carlos Quintana, una fiera para rechazar todo lo que llegaba por arriba. Y por Nacho Malcorra, un jugador hecho para estos duelos picantes y de alta tensión.
Al ritmo que quiso Central
El clásico se jugó al ritmo que impuso Central. Lentificó el desarrollo ante cada balón detenido favorable, metiendo a Newell’s en un estado de nerviosismo. Malcorra, cuándo no, se tomó todo el tiempo en cada ejecución, provocando el enojo de los hinchas rojinegros y el reclamo de los mismos futbolistas de la Lepra.
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Mañero para esta clase de partidos, y siempre decisivo, Nacho aguardó que dejaran de tirarle cuanto proyectil tuviese el público a mano, para ejecutar finalmente el tiro de esquina, a la cabeza de Quintana. El Pelado le ganó a la doble marca, la pelota fue hacia el segundo palo, Cardozo perdió la suya y Duarte se la cruzó a Navas sobre el palo derecho.
La desesperación fue invadiendo a la Lepra. Otro clásico abajo en el resultado y cargando con sus limitaciones. No le alcanzó con las ejecuciones desde el tiro de esquina y de tiro libre de Ever Banega, que caían como dagas en el área canalla.
Jugadores atados en el clásico
Hubo futbolistas de Newell’s a los que los superó el compromiso y lucieron atados, imprecisos, hasta acelerados, cometiendo infracciones sin sentido ante tanto ímpetu desenfrenado. Nada impropio de un equipo que se fue desesperando poco a poco, con el marcador adverso y la carencia de recursos.
Embed - EL CANALLA VOLVIÓ A ADUEÑARSE DEL CLÁSICO ANTE LA LEPRA | Newell's 1-2 Rosario Central | RESUMEN
El hincha alentó desde el principio. Dejó de lado los enojos y respaldó, sabiendo lo que estaba en juego. Eso sí, les costó asimilar el gol de Duarte. Volvieron a alentar con energía en el inicio de la segunda etapa. Hasta que llegó un nuevo golpazo. Otro gol del Canalla.
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La pelota parada fue el recurso por excelencia de Central. Y como en el primer gol, repitió la fórmula Malcorra y Quintana, esta vez de tiro libre. Campaz, por el sector opuesto, puso la cabeza y la introdujo en el arco de Keylor Navas.
La fiereza y convicción de parte de Central
Central marcó con fiereza y convicción. Firme en defensa y combativo en el medio, trató de conectarse en ataque, aunque le costó asociarse. No anduvo fino y mucho más cuando Newell’s, con más amor propio que otra cosa, fue en busca del descuento.
Malcorra no la sostuvo y la perdió cerca de su área. Fatu Broun se agigantó y le tapó un mano a mano a Cocoliso González y un tiro de media distancia a Juanchón García.
Banega metió a Newell’s en partido, cuando muy pocos guardaban un mínimo de esperanza, con un derechazo fantástico desde lejos que culminó en la red canalla.
La hinchada leprosa se levantó y alentó con furia. Newell’s se dedicó a meter la pelota adentro del área canalla en busca de una jugada salvadora, pero Central, penando más de lo que debía, resistió y apretujó el 2 a 1, hasta que expiró el tiempo adicional.
Entonces llegó el festejo clásico de un conjunto canalla que sigue ensanchando la supremacía sobre Newell’s y ratificó su rol protagónico en el torneo. Lo de la Lepra fue más de lo mismo, otra vez derrotado por Central y necesitado con urgencia de una salida.