Triunfazo, liderazgo y a pelear por todo lo que queda. Central le ganó un duelo directo a Argentinos Juniors por 1 a 0, se subió a la punta de la zona, da batalla en la tabla anual y llega con el ánimo por las nubes a la Supercopa Internacional ante Estudiantes. El gol: Ignacio Ovando, la gran figura.
Una final antes de la otra final. Así se presentaba el choque ante Argentinos Juniors. De esos partidos que en el balance final te inclinan la balanza hacia el lucro o el lamento. En juego: la punta de la Zona B y seguir en la lucha por la tabla anual.
La configuración de los primeros minutos lo tuvo a Argentinos haciéndose cargo de la pelota, mientras que Central era más directo y buscaba llegar rápido al área rival con tres o cuatro toques. Avisó primero a los 7’ con un remate de Ángel Di María terminando la jugada, después de un centro atrás de Enzo Copetti que salió con demasiada potencia.
Argentinos Juniors lo empezó dominando
El Bicho siguió en modo dominación pero no era profundo. Sí estuvo cerca a los 13’ con un cabezazo del zaguero Franco Vázquez que se fue muy cerca del arco de Axel Werner. Central repetía pelotazos a Copetti para que se las arreglara solo y buscaba la escapada de Campaz a la espalda del lateral derecho Franco Paredes. El Bicho a veces ganó, otras resolvió mal.
El equipo de Jorge Almirón ganó metros en la cancha y apretaba en la zona de gestación de Argentinos, que se veía obligado a resolver rápido. Después de un gol anulado a Tomás Molina por offside a los 32’ y unos minutos de aguas calmas, llegó el estruendo en Arroyito.
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El grito que destrabó todo
A los 41’, después de un tiro de esquina canalla, Vicente Pizarro pescó el rebote, se asoció con Campaz, el Bicho se la devolvió y el chileno sacó un centro venenoso al corazón del área que encontró la humanidad de Ignacio Ovando que se elevó sobre todos y clavó un cabezazo fulminante para el 1-0 auriazul. No hubo tiempo para mucho más.
Una lluvia torrencial inauguró el segundo tiempo. Argentinos fue por el empate y dejó muchos espacios atrás. Central buscó el negocio de la contra y tuvo varias veces contra las cuerdas a la visita.
A los 64’ llegó una clarísima: Pizarro habilitó bien a Di María, el 11 vio picar a Campaz, se la jugó cruzada, el Bicho se sacó de encima al arquero Cortés, definió y le negó el festejo Francisco Álvarez que cerró justo cuando la pelota tenía destino de red. Unos minutos después volvió a alertar con un cabezazo del Gato Ávila que tapó el arquero bicho.
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El único pecado fue darle vida
Si hay que marcarle un pecado a este equipo, es el de darle vida a sus rivales. Y más cuando enfrente hay un contrincante de jerarquía que no le tiembla el pulso para ajusticiar. Central acumuló varias situaciones, un puñado con Campaz, que no pudo extender la ventaja.
Argentinos perdió el GPS y el rumbo. Se desmejoró y estuvo lejos de la versión líder de zona con la que había llegado a Arroyito. Inquietaba más Central por no sentenciar el resultado, que por peligro ajeno. Los finales venían siendo un karma.
Esta vez no hubo golpes dramáticos en el cierre y Pablo Dóvalo dijo basta. Los hinchas asimilaron la gran victoria, desataron el delirio en el Gigante y a puro cántico agitaron el clima para la final ante Estudiantes. Central se inyectó un dosis energética y va por otro título.