Punto final para la ilusión copera de Central, que no pudo alcanzar el sueño de meterse en la semifinal de la Sudamericana y que por la vorágine del calendario no tiene tiempo para lamentos, aunque el golpe le haya significado un fuerte impacto. Es que más allá del dolor y la frustración, lo que viene es demasiado importante como para detenerse a tirar paredes con las laceraciones que le produjo la despedida de una competencia internacional. El clásico está a la vuelta de la esquina y es allí, aunque le cueste, donde debe poner todas las energías para empezar a recomponerse mental y futbolísticamente, pero ante todo para enderezar el rumbo en una Liga Profesional que lo tiene pululando en la parte más baja de la tabla de posiciones. Igual, el análisis de lo que fueron los 90 minutos en cancha de Bragantino, resultado al margen, le puede servir al Kily y sus jugadores para entender cuál es el camino que futbolísticamente debe transitar el equipo. Porque, se insiste, amén de la eliminación el canalla se trajo de Brasil algunos elementos esperanzadores, que podrá aprovecharlos o no de cara a lo que viene, pero que sin dudas le pueden servir como plataforma a partir de la cual volver a tomar impulso.
El viaje a San Pablo fue en medio de una obligación extrema, pero también tuvo el envoltorio de las dudas que había sobre este equipo en relación a la capacidad de reacción que podía y debía mostrar. Con la frialdad del resultado en la mano el intento fue en vano porque no pudo clasificar, pero siempre hay lugar para que el análisis contenga una mirada un poco más profunda y en ese aspecto las valijas se armaron con la frustración lógica, pero también con algunas buenas señales, que son:
Después de la floja actuación de local, que fue donde claramente el canalla perdió la serie, el equipo debía demostrar que era capaz de reinventarse futbolísticamente y de hecho lo hizo. El domingo podrá salir cualquier cosa en el clásico, pero Central se demostró a sí mismo en Brasil que tiene todo para ser un equipo competitivo, que cuenta con las armas necesarias como para tomar las riendas de un partido, independientemente de las características y virtudes del rival, y que puede jugar de una determinada manera, mucho más convincente en relación a como lo venía haciendo. El haber mantenido casi siempre a raya a Bragantino, un equipo que por algo está entre los cuatro mejores de la Sudamericana, es una referencia ineludible de que futbolísticamente se aproximó bastante a aquel equipo del final del semestre pasado.
Vecchio conducción
Generalmente no es bueno que un equipo dependa tanto de un jugador, porque eso quiere decir que cuando alguna individualidad no funciona en la medida de lo esperado la estructura se resiente, pero como todo equipo, Central tiene su conductor: Emiliano Vecchio, quien no sólo estuvo a la altura de las circunstancias, sino que a partir de su juego Central funcionó como debía. Lo de la dependencia no es cuento y en este Central algo de eso pasa, porque no es casualidad que en la ida el 10 no haya estado en sus mejores días y que al equipo le costara tanto, independientemente de los groseros errores defensivos que se cometieron en el primer tiempo, que a la postre resultaron determinante para la serie. Pero lo dicho, Vecchio volvió a ser la manija del equipo, como lo fue tantas otras veces y también en el último clásico, el del 3-0 en Arroyito. De su aporte depende en gran medida lo que pueda generar Central.
Ruben.jpg
En Central siempre esperan por los goles de Ruben.
Ruben encendido
Desde estas páginas se hizo referencia en la previa del partido con Bragantino que uno de los puntales en los cuales Central podía apoyarse era el momento de Marco Ruben. Bueno, los 90 minutos en Brasil lo confirmaron. Porque el 9 se las ingenió para hacer lo que debía: goles. Centímetros más, centímetros menos (la imagen demostró que estaba un pasito adelantado), cuando a Marco le quedó una pelota la clavó en el ángulo y en el segundo tiempo, con falta o no, actuó de igual forma. ¿Pero dónde está lo verdaderamente importante? Que Central necesita del mejor Ruben y el delantero demostró en la serie completa que es un arma importante. Y teniendo en cuenta lo bien que le fue a Marco en los clásicos desde su regreso en 2015 nada mejor que tenerlo en óptimas condiciones para el domingo.
Otros acompañaron bien
Almada.jpg
Almada tuvo un mal partido en la ida, mejoró en la vuelta.
Además de las actuaciones de Vecchio y Ruben, varios jugadores mostraron una clara mejoría en su nivel, lo que hizo que el equipo mostrara una versión mucho más competitiva, lo que no deja de ser una buena noticia para el Kily, amén de la eliminación. Lo de Emmanuel Ojeda evidente, porque si bien no venía tan bajo, esta vez volvió a demostrar que cuando el equipo maneja el balón es una pieza clave. Es cierto, la postura cautelosa de Bragantino le facilitó mucho las cosas y pudo jugarla siempre redonda porque el rival no presionó demasiado, pero exhibió una versión mejorada en su juego. Si Central pretende manejar la pelota en el clásico, nada mejor que un volante central que participe del circuito. Atrás, Almada y Avila levantaron considerablemente la performance en relación a lo mal que lo habían hecho en el partido de ida. Para ellos también hubo un voto de confianza. Blanco lo mismo. Para la adrenalina y la exigencia que impone un Central-Newell’s es una cuenta pendiente que otros, como Martínez, Zabala y el Pupi Ferreyra, acompañen.