Ir a la Bombonera después de un 1-3 propio (nada menos que en el clásico) y más tras un 1-3 (en el superclásico) del gran rival en esa cancha es una cuestión más difícil de lo normal para afrontar. Y lo primero que aparece es la intención de sacudir la estantería y que se caiga lo que esté menos firme. Claro que el tema se puede agravar cuando termine el sacudón. Ahí habrá que reemplazar lo que falte y con ello que luzca otra imagen. En eso está el entrenador leproso Diego Osella. Encima, ayer se enteró de que le adelantaron el día de partido al sábado, a las 18, (ver aparte) y tiene una jornada menos para ensayar algunos de los tantos cambios que se le habrán cruzado por la mente delante de la canchita en la que construirá día a día sus ideas futbolísticas. ¿Cambio de estructura táctica? Es posible, pasando del 4-2-3-1 al 4-4-2. ¿Variante de nombres? Lógico. Más allá de la obligada por la ausencia de Quignon por lesión. ¿En la defensa? Al menos una. ¿En el medio? Tal vez dos. ¿Adelante? Lo táctico, porque los nombres propios del equipo son los más fuertes, los de experiencia, y para jugar en cancha de Boca son necesarios. Además, Newell's tiene la chance de pedir (ya lo hizo) la aplicación del artículo 225 para que Scocco juegue pese a sumar cinco amarillas.






























