Ovación

Cajones que no cierran

El episodio vivido en Central no amerita sanción deportiva y sí una multa económica, pero los fuertes intereses políticos fuera del club hacen dudar del fallo definitivo

Miércoles 14 de Marzo de 2018

A días del bochorno de los féretros que fabricaron en el "Clubsito" y luego escondieron en el Gigante, los cajones no cierran y siguen surgiendo dimes y diretes en torno a Central. Las explicaciones, testimonios, especulaciones y los intereses políticos, dentro y fuera del fútbol, se mixturan de tal manera que hacen imprevisible el desenlace.
   Ese puñado de socios canallas jamás imaginó la trascendencia que obtendría esa iniciativa de construir y trasladar cuatro ataúdes. Más aún cuando la narración de la saga dejó al descubierto acciones y omisiones que contienen tantos interrogantes como contradicciones, a los que se les fueron sumando ribetes de distinta índole.
   La historia oficial que escriben las autoridades canallas es que el encargado de las llaves del Clubsito y el vocal de la comisión directiva que tenía bajo su responsabilidad esos lugares confesaron haber sido engañados por los autores. Claro que el aparente engaño asoma como sofisticado, ya que no sólo fabricaron y pintaron los cajones sin ser vistos sino que también salieron con ellos para esconderlos en el estadio, donde cuentan que el personal de seguridad de una empresa contratada para tal fin tampoco dio cuenta de la mudanza.
   "Me enteré a la siesta de ese mismo sábado previo al partido, cuando me llegó del propio Chiqui Tapia la imagen por whatsapp de lo descubierto en el Gigante", cuenta un alto dirigente, mientras descarta tajante que alguno de los integrantes de la mesa directiva haya conocido de antemano el hecho ni mucho menos ser el autor intelectual.
   En concordancia con ese testimonio se expresaba otro referente de la conducción canalla, claro que con una mayor claridad conceptual: "Boludos hay en todas partes y nosotros tenemos alguno, porque si había algo que no se debía hacer era eso, fundamentalmente por todo lo que estaba pasando con ese tema". Y abundó: "Diego Méndez, como responsable político, nos dijo que le pidieron permiso para guardar unas bolsas con papeles o algo así, pero nunca para construir cajones, y después no sabemos por qué la seguridad del estadio no reportó el ingreso de los mismos".
   Mientras la magnitud del hecho se vio amplificada de manera inusual por los medios porteños en general, y de un diario de tirada nacional en particular, los funcionarios de la seguridad provincial ponían de relieve el éxito de la revisión al estadio al tiempo que sus colegas de la Nación elevaban la calificación del episodio a un rango de gravedad desmesurado.
   Con el paso de los días los directivos que deciden en Central trabajaron para bajarle el perfil al hecho, al tiempo que instruían a los abogados para recibir a los autores materiales, de los cuales tres se presentaron en forma espontánea al quedar bien reflejados en la fotografía que extrañamente se viralizó enseguida en las redes, la que fue tomada desde un edificio lindero al Clubsito y sobre la que también se tejen mil conjeturas.
   Incluso se supo que la barra también hizo saber su enojo, porque al estar ajena a este episodio los funcionarios de la seguridad la vuelven a poner en el ojo de la tormenta, justo en vísperas de un Mundial y cuando "trabajan" para poder viajar a Rusia.
   En tanto, la comisión directiva separó de manera provisoria al encargado de las llaves de la subsede de calle Juan B. Justo como así al vocal Diego Méndez, responsable político de lo ocurrido. "Se los separó de los cargos por negligencia o complicidad, lo que se determinará una vez que concluya la investigación en curso", afirmaron desde la sede del club.
   Los dirigentes centralistas como también especialistas en el tema coincidieron en que no hay elementos reglamentarios que hagan prever una sanción deportiva y como máximo se especula la aplicación de una multa económica.
   Hernán Rubiola, especialista en temas deportivos, le confió a Ovación que "la sanción económica está dentro de los parámetros lógicos a la pena a aplicarle al club, el que a su vez debe instrumentar los sumarios para que los responsables sean sancionados con suspensión o expulsión, y en esto incluyo a los que cometieron el hecho y aquellos que lo facilitaron. Es más grave aún el caso del directivo, quien no puede soslayar su responsabilidad. Y el club debe tomar medidas severas porque debe responder ante el conjunto de los socios de Central", explicó.
   "En lo deportivo no es punible porque no se exhibieron los cajones y en caso de suspensión del estadio estaríamos en presencia de un castigo muy riguroso, incluso desmedido. Pero también tendrá que ver cómo se instrumenta la imputación y cómo la defensa. Porque el tribunal de disciplina también fallará de acuerdo a los antecedentes", concluyó Rubiola.
   Pero como si todo esto no fuese suficiente sainete, el fin de semana el tema de los cajones también empezó a mostrar un costado político, porque tras una reunión con un funcionario provincial los directivos comenzaron a consultar si había un determinado interés por parte de alguna autoridad nacional y de un referente de la oposición canalla para que haya una sanción ejemplar al club.
   Esta especulación no hizo más que causar mayor molestia en sectores del poder político y futbolístico, generando aún mayor incertidumbre con el final de la historia de los cajones, porque entienden que al hecho lo están utilizando para sacar rédito político, tanto dentro como fuera del club.

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