Opinión

Universidad y sociedad

Podrían escribirse muchas cosas sobre los sucesos de 1918; el papel tiene paciencia.

Sábado 16 de Junio de 2018

Podrían escribirse muchas cosas sobre los sucesos de 1918; el papel tiene paciencia. Así, se dijo que la Revolución Francesa fue un hecho más de la historia y se dijo también que la Reforma Universitaria fue sólo un cambio de estatutos. Lo cierto es que significó mucho más. La Reforma Universitaria de 1918 fue una verdadera revolución académica, social y política. Una revolución de las conciencias.

Aquellos estudiantes, en un estallido de desobediencia y rebeldía, lograron nada más y nada menos que democratizar la Universidad y dar un grito de alerta a la Argentina y al mundo.

Los jóvenes estudiantes lograron sentarse junto a los viejos profesores en la dirección de las casas de estudio, practicando una forma de gobierno que hoy se plantea como camino para abordar la crisis de representación política existente en las democracias de todo el mundo: el cogobierno, la autogestión.

El centenario nos interpela a entender su espíritu, a realizar un sincero ejercicio de reflexión acerca de si la Universidad de hoy cumple con las funciones y los fines que la sociedad le demanda. El programa de la Reforma expresaría para el "adentro" de las universidades postulados que recorrerían décadas de vigencia hasta hoy.

Si resolver la naturaleza del "buen gobierno" era la cuestión primaria y decisiva, la segunda y fundamental era producir un cambio copernicano, de paradigma, en el problema de la docencia. La asistencia libre, la docencia libre y la periodicidad de las cátedras se plantearon como modo de combatir la burocracia, las cátedras vitalicias y el feudalismo en las aulas.

Hoy, hay quienes ven los problemas actuales de la Universidad argentina con el criterio de un gerente a cargo de una empresa. Desde esta perspectiva, no se podrán atender los problemas de la Universidad del siglo 21. La Universidad es un ámbito público de reflexión. No es la voz del gobierno, que es el plan, ni la voz del mercado, que es la competencia y la asignación de recursos. Su función es producir saberes específicos con responsabilidad social.

Dictaduras y neoliberalismos intentaron, sin lograrlo, borrar los viejos postulados reformistas. La autonomía y el cogobierno, la libertad de cátedra, la extensión universitaria, la investigación científica, la relación obreros-estudiantes y la unidad latinoamericana son premisas que aún siguen vigentes, y otras nuevas se incorporaron con el tiempo, como la gratuidad de la enseñanza y el ingreso irrestricto.

A 100 años, la impronta democratizadora de la Reforma Universitaria de 1918 no ha perdido vigencia.

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