Opinión

Salud mental: no hay segunda ola

El aumento de la circulación del coronavirus provoca estragos en la población

Sábado 15 de Mayo de 2021

En estas últimas semanas somos testigos del comienzo de la “segunda ola” de la pandemia en la Argentina. Este agravamiento de la circulación del virus ya viene sucediendo en varios países del mundo, sufriendo los estragos que causa en la población: el incremento del número de contagios y de fallecimientos. Pero también el renovado impacto negativo sobre el aparato productivo que resiente los ingresos de los ciudadanos, que en innumerables casos se empobrecen irremediablemente.

En este “mar” de golpeteos, dramas y dilemas que provoca la pandemia, navegan incesantemente los problemas de salud mental que se esparcen por nuestra humanidad sin estadísticas ni conteos diarios.

En efecto, día tras día, recibimos la crónica de los contagios y de las víctimas, pero no es posible contabilizar cada uno de los damnificados que padecen y soportan algún tipo de malestar, de síntoma o de trastorno específico que el temible virus deja como saldo indirecto.

Se han hecho y se realizan investigaciones para determinar cuáles son los síntomas y trastornos prevalentes en la población desde que comenzó la pandemia.

Como ejemplo, cabe citar una encuesta realizada por el Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la UADE en mayo del 2020, en plena cuarentena. Los resultados fueron los siguientes:

* Siete de cada 10 argentinos (70%) afirmaron que la pandemia de COVID representa una fuente importante de estrés en sus vidas.

* Entre 30% y 40% de la población ha tenido sentimientos de soledad, depresión y/o miedo durante la última semana (anterior a la encuesta).

* La pandemia y el período de aislamiento social han generado trastornos del sueño y del apetito. El consumo de tabaco, tranquilizantes y alcohol se había incrementado respecto del consumo habitual.

* Todos los estados negativos presentaban una mayor prevalencia que los resultados de la anterior encuesta del CIS sobre salud mental realizada en 2015.

Por supuesto que hay que actualizar estas investigaciones y repetirlas a largo plazo para tener una visión a futuro de las secuelas prolongadas en la salud mental, que no deben ser subestimadas.

Pensemos, por ejemplo, cómo se resiente la salud física de millones de personas por el debilitamiento del sistema inmunológico afectado por altos niveles de estrés crónico, o por una depresión que ensombrece sus vidas. O la silenciosa pandemia de la obesidad, agravada por el sedentarismo, los trastornos anímicos y hábitos de vida no saludables que se acentuaron con la ruidosa pandemia actual.

Además de las encuestas tenemos los datos observables del “trabajo de campo” cotidiano que realizamos los profesionales de la salud mental en nuestros consultorios.

Hubo un incremento en las consultas y la demanda sigue constante. Tengamos en cuenta que en Argentina, a los problemas ocasionados por la pandemia se les suman los generados por una ardua situación socioeconómica.

Al mencionado incremento de la ansiedad, la depresión, los trastornos del sueño y el consumo de sustancias, agregamos los siguientes problemas que se observan en las consultas: conflictos de pareja; de convivencia familiar; dificultades adaptativas; duelos (por pérdidas de familiares, laborales, económicas o de proyectos abortados); adolescentes retraídos y encerrados en sus celulares; adicciones diversas (tecnología, comida); agobio por encierro y aislamiento; ansiedad en los niños; temor a la muerte, soledad y desesperanza en los adultos mayores.

Por otra parte, es posible considerar el aporte constructivo que se deriva del aumento de la demanda en salud mental: que las personas nos detengamos a observarnos y a ocuparnos de nuestra salud psíquica.

Que los problemas se hagan visibles tanto a nivel individual como social. Que lo que antes estaba tapado o escondido, ahora lo asumamos como un desafío para mejorar nuestra existencia.

Tenemos que prestar más atención a la salud mental tanto desde el Estado como desde las instituciones especializadas. Que el tema sea parte de la agenda de la sociedad y de las personales.

Y los profesionales, en nuestra labor diaria, tenemos que ser atentos con el otro: prestar atención al sufrimiento del paciente con amabilidad, seriedad y compromiso. Condición indispensable de un enfoque humanista para que el otro nos perciba cercanos a pesar de tanta distancia.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario