Miradas

Los asados volverán

Hace ya tiempo que la virtualidad intenta adueñarse de nuestras vidas. Paso a paso, los avances tecnológicos sustituyen las cosas por su reflejo fantasmal en alguna pantalla.

Martes 25 de Agosto de 2020

Hace ya tiempo que la virtualidad intenta adueñarse de nuestras vidas. Paso a paso, los avances tecnológicos sustituyen las cosas por su reflejo fantasmal en alguna pantalla. Cuando yo era chico (“far away and long ago”, diría el querido William Henry Hudson), existía una hermosa colección llamada Libros de Oro de Estampas, que editaba el gran sello mexicano Novaro (después, pasó al español Susaeta). Llenos de color, de luz y de vida, los títulos saltaban de los clásicos de la narrativa infantil hasta la vida de los animales o los avances de la ciencia: recuerdo “El Ártico salvaje”, “Los remotos días de la Edad Media”, “Instrumentos musicales”, “Galería de pájaros” o “El traje a través del tiempo”. Cuántas horas pasé maravillado delante de sus páginas… Pero claro, ya no existen más. Por suerte logré encontrarlos en la infinita red y entonces la siento en mi falda a mi hija de cuatro años para compartirlos después de la cena, delante de la compu. Y ella pregunta, compungida: “¿Por qué no son de papel, papi?”. Le gustaría poder tocarlos.

La pandemia ha acentuado la abstracción a límites impensados. Ahora la vida está en Zoom. No queda otra alternativa, claro: hay que cuidarse, y mucho. Encerrado en mi casa desde hace meses por mis crónicos problemas bronquiales, he tenido que resignarme a dialogar con mis amigos sin poder compartir la copa y la picada. Ellos están ahí, en las pantallas. Primero las cosas, y ahora los cuerpos. Todo se va. ¿Seré real mientras escribo esto? ¿Será usted real, querido lector?

La respuesta es un categórico “sí”. De ningún modo bajaremos la bandera. Este horrible mundo sin cuerpos a que nos obliga el virus va a dar paso, más temprano que tarde, a los encuentros. Los asados volverán, volverán las largas charlas al compás de las botellas que una a una se vacían, volverán los abrazos que siempre nos unieron. Volveremos a abrir los libros que nos gustan sentados en las mesas de los cafés que amamos. Pisaremos las calles nuevamente.

Mientras tanto, nos cuidamos. Y al hacerlo —algo que muchos parecen haber olvidado—, estamos cuidando a todos.

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