Opinión

La ubicuidad del poder

Política. La consigna de nuestros dirigentes es perpetuarse sí o sí en sus cargos y el empeño que esto les demanda es muy desmesurado.

Martes 09 de Abril de 2019

La adicción a las drogas -que, naturalmente, suele estar muy conectada con su tráfico ilegal-, es perniciosa para la salud, socialmente degradante y, en algunas ocasiones, judicialmente punible.

Cualquier comunidad organizada se abroquela contra el cada vez más extendido flagelo, y echa mano de todos los recursos a su alcance para erradicarlo, aunque cada dos por tres se compruebe que, entre las filas de los que "luchan por el bien", siempre se ocultan infiltrados que operan a favor del enemigo…

Pero hay adicciones y adicciones… ¿Qué información útil podría aportar la prestigiosa Organización Mundial de la Salud, por ejemplo, sobre la adicción al poder?

Sobre esa desesperada compulsión de los políticos a atornillarse en sus sitiales de privilegio, en lugar de servir a la Patria, combatir la desigualdad y trabajar por el bien común, para luego volverse a su casa y, como cualquier hijo de vecino, ganarse el pan con el sudor de su frente. (Las frases hechas, por más estúpidas que suenen y gastadas que estén, en la puja por el poder siempre son unas aliadas irreemplazables).

Porque la consigna de nuestros dirigentes políticos es perpetuarse sí o sí en sus cargos oficiales, y el empeño que esto les demanda es tan desmesurado, que hasta genera en ellos superpoderes como la "ubicuidad", que es la facultad de poder estar en varios sitios simultáneamente.

Y conste que no hablo de saltar a lo Nuréiev para coquetear, hoy con este partido y mañana con aquel, aunque sus respectivas plataformas sean tan conciliables como el agua y el aceite, sino de la fabulosa destreza para no estar ausente en ningún "evento", y menos aún en la foto que lo registrará y luego lo difundirá en forma masiva.

La ubicuidad es un atributo divino que el mismo Buda ejercitó, ya que, según la leyenda, cierta vez varios dioses le regalaron sombrillas, y como el Bendito no quería desairar a ninguno de sus benefactores, tuvo la deferencia de desdoblarse en muchos Budas, cada uno con su sombrilla correspondiente… Pero para poner en práctica la ubicuidad política, cualquier oportunidad es válida.

Lo mismo da apersonarse en la habilitación de una alcantarilla que en una espantosa inundación, en la inauguración de un criadero de cerdos que en un hospital, en la coronación de la Reina de la Mandioca que en un entierro… Lo que cuenta es la apetecida foto testimoniando la omnipresencia del estado, de un estado que, vaya uno a saber por qué misterio impenetrable, en la vecindad de las elecciones se torna -hasta empalagosamente- cercano, solidario, eficiente y sensible…

Qué lejos está la voracidad de la clase política del ¿ingenuo? desapego de un pensador como Chuang-Tzu, de quien no puedo dejar de transcribir una de sus más célebres parábolas, conocida como "La tortuga sagrada". (La versión, algo modificada, es la del Nobel de literatura mexicano Octavio Paz):

Se cuenta que Chuang-Tzu paseaba por la orilla del río Pu, cuando el rey de Chou envió a dos altos dignatarios para que le ofrecieran el cargo de primer ministro. Con la caña entre las manos y los ojos fijos en el sedal, Chuang-Tzu les respondió: "Me han dicho que en Chou veneran una tortuga sagrada, que murió hace tres mil años. Los reyes conservan sus restos sobre el altar familiar, en un precioso relicario cubierto con un paño. Si el día que pescaron a la tortuga le hubiesen dado la oportunidad de elegir entre morir y ver sus despojos adorados por siglos, o seguir viviendo y arrastrando la cola por el barro, ¿qué hubiese preferido?". Los dignatarios le replicaron: "Vivir y seguir arrastrando la cola por el barro". "Pues esa es mi respuesta: yo prefiero que me dejen aquí, viviendo y arrastrando mi cola por el barro".

La enorme diferencia entre la tortuga de Chuang-Tzu y nuestra casta política es que los miembros de esta última son mucho más prácticos, y en lugar de des-vivirse por alcanzar "la inmortalidad", optaron por disfrutar en vida de todas las ventajas que anteceden a esa utópica instancia, demasiado difusa… demasiado inasible… demasiado lejana…


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