Enfoque

La representación de los barrios: ¿dónde viven los concejales de Rosario?

La imagen de la actual composición del Concejo muestra un fuerte desequilibrio geográfico: de los 28 ediles que tiene el cuerpo legislativo, 18 tienen su domicilio particular en el Distrito Centro. Una instantánea que se repite elección tras elección.

Lunes 01 de Febrero de 2021

La imagen de la actual composición del Concejo muestra que los distintos partidos políticos están debidamente representados (respetando la proporcionalidad de los resultados electorales), pero si el foco apunta a la cuestión geográfica aparece una imagen totalmente desequilibrada, desproporcionada: de los 28 concejales que tiene el cuerpo legislativo, 18 tienen su domicilio particular en el Distrito Centro, cuatro en el Noroeste (más específicamente, dos viven en Fisherton y otros dos en el barrio cerrado Palos Verdes), tres en el Norte, dos en el Sur, uno en el Oeste y ninguno en el Sudoeste. Este mapa de representación territorial del Palacio Vasallo no es excepcional, se viene reproduciendo elección tras elección. Es que hay amplios sectores de la ciudad que nunca logran tener a un vecino como concejal. Y estos son los que están integrados por los barrios menos favorecidos.

¿No mejoraría la representación en el Concejo la posibilidad de que algunos ediles sean elegidos por cada uno de los distritos en los que se divide la ciudad?

Ahora que volvió a instalarse el debate sobre la tantas veces prometida pero siempre postergada autonomía municipal (demanda histórica de Rosario), parece una buena oportunidad para poner sobre la mesa de discusión la forma en que se elige a los concejales.

Si se analiza la procedencia geográfica de cada uno de los 28 concejales se encuentra que el 64% reside en el Distrito Centro, donde en contraposición vive el 26% de la población de Rosario, unas 243 mil personas. En cambio, el 36% de los ediles restantes vive en los otros cinco distritos, que cuentan con el 74% de los habitantes. Incluso, el Distrito Sudoeste directamente no tiene ni un concejal que viva en su territorio.

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Hoy, sin autonomía municipal, son insólitamente los diputados y senadores provinciales de Santa Fe (la gran mayoría no vive en Rosario) quienes deciden cuántos concejales debe tener la segunda ciudad del país y cómo se eligen. Así, y sin entablar ningún acuerdo con la representación política de Rosario y en medio del clamor por el “que se vayan todos”, la Legislatura provincial aprobó en 2002 la llamada ley Borgonovo, que redujo los miembros del Concejo: pasó de 42 ediles a 22. Y luego en 2011 nuevamente en forma inconsulta decidió votar un proyecto de los legisladores radicales que aumentó el número de ediles a 28.

Un verdadero avance para Rosario sería lograr la autonomía para que sus habitantes puedan determinar su futuro como ciudad. La Corte viene “exhortando” desde hace años a la provincia de Santa Fe “a dictar las normas necesarias para el debido cumplimiento del artículo 123” de la Constitución nacional, introducido en la reforma de 1994, que otorga autonomía a todos los municipios del país. La cuestión, sin embargo, es una asignatura pendiente, y aparece y desaparece según los tiempos de los gobernantes de turno (Santa Fe es una de las cinco provincias que aún no reconoce la autonomía municipal). Ahora el tema vuelve con fuerza a la agenda pública de la mano del gobernador Omar Perotti y cuenta con el respaldo de los intendentes de la provincia. Este amplio consenso político le da fuerte impulso para que sea aprobada en la Legislatura. De lograrse la autonomía municipal, Rosario podría confeccionar una nueva carta orgánica y decidir la cantidad de representantes que integran el Concejo y cómo se eligen.

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Muchos dirigentes de Rosario han planteado desde hace años la necesidad de debatir una reforma política integral de estas características. Algunos impulsan la propuesta de un sistema mixto: la mitad de los concejales elegidos tal como se lo hace actualmente y la otra mitad mediante el voto popular por cada uno de los seis distritos de la ciudad para mejorar la representación de los barrios.

El ex intendente Héctor Cavallero tenía una iniciativa en este sentido que incluía requisitos que los concejales distritales tenían que cumplir a fin de acceder al cargo y mantenerlo: cuatro años de residencia efectiva en el distrito y su mandato sería revocado automáticamente si se mudaba a otro barrio de la ciudad luego de ser elegido.

Y de paso, ¿no mejoraría la representación política de la ciudad que los directores de los seis centros de distrito también sean elegidos por el voto popular? Hoy son meros delegados administrativos del intendente. El municipio ejecutó en las últimas décadas un proceso de descentralización municipal, que consistió en la división de la ciudad en seis distritos, con el objetivo de generar un gobierno más cercano a los vecinos. Que estos puedan elegir al director de esos minimunicipios sería otro gran avance.

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