Ciencia

Héroes o ñoquis: en busca de una fórmula para celebrar sin grietas

El Día del Investigador y la Investigadora es un buen momento para pensar en las condiciones en las que realizan su trabajo miles de personas que se dedican a la ciencia, y encontrar un saludo que no caiga en metáforas épicas ni críticas absurdas.

Sábado 10 de Abril de 2021

En Argentina hay más de 37000 personas que se dedican a investigar, a producir conocimiento nuevo, o a aplicar lo que ya se sabe de manera innovadora. Hoy es su día. Busco una fórmula para saludar y mostrar afecto a quienes trabajan en ciencia y tecnología que no sean frases de Einstein (verdaderas o falsas), ni metáforas épicas o críticas absurdas. Pero como sucede en otros ámbitos, el camino del medio está difícil y parece que hay lugar sólo para dos categorías: héroes de bronce o ñoquis planeros.

Y justo no es así. Se trata de personas de las más diversas, quizá lo único que tienen en común es la característica de haber estudiado mucho a lo largo de sus vidas, y que todavía lo hacen cada día. Después, hay quien es más brillante, quien trabaja más duro, quien reflexiona en solitario, quien experimenta en equipo. Suelen ser gente de largas jornadas, exigentes para afuera y para adentro, pero la idea de que es un sacerdocio o una forma de vida es un estereotipo. A veces tienen buenos resultados, muchas veces fallan: así progresa la ciencia. Unas veces su trabajo tiene valor económico inmediato, otras, lo adquiere cientos de años después. En todo caso, la ciencia no pasa por ahí ¿quién puede calcular las regalías que le debemos a Pitágoras? Los salarios no son altos en ninguna parte del mundo, y la precarización en las primeras etapas de la carrera también es una moneda corriente global. En Argentina, son trabajos austeros siempre, y lograr la estabilidad también es lento y difícil.

Como sea, no es una comunidad que soporte bien las simplificaciones. En Argentina, la comunidad científica y universitaria siempre toma partido, tiene ideas políticas y las expresa. Eso no es novedoso, es tan viejo como las diferencias entre Houssay y García, los artículos de Varsavsky, Sábato y Herrera, la novelesca historia de Huemul y las pujas que la envolvieron y continuaron.

Pero esa toma de posición no quita que la principal ocupación de investigadores, técnicos y estudiantes de posgrado sea su tema de investigación, y que la mayoría aspira a lugares de trabajo plurales y armónicos, y a que las políticas científicas garanticen y apoyen su labor y no les demanden una continua identificación, aplauso, confrontación o disputa. Porque ya no se trata de una grieta con dos lados, es un istmo de tierra entre dos abismos que se van tragando todo: otras fuerzas políticas, el diálogo social, la solidaridad, el pensamiento crítico, la verdadera posibilidad de una sociedad de iguales.

Por eso celebrar este día es elegir corrernos de ahí, dejar de definirlos como héroes o ñoquis y pensar en las condiciones en que realizan su trabajo, comprometerse para que la ciencia argentina sea cada vez más fuerte y más apreciada y sus aportes puedan resolver los graves problemas que tiene nuestro país.

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