Opinión

Claves para entender el nuevo escenario político

Lo que viene. El principal desafío para Alberto Fernández es lograr que, en caso de ganar, la tensión no resida dentro del propio peronismo.

Sábado 07 de Septiembre de 2019

1. Hace unos años el sociólogo argentino Juan Carlos Torre señaló que la crisis del 2001 significó el colapso del polo no peronista, pero no así del polo peronista, que se mantuvo en el gobierno durante los 14 años posteriores. Eso no sólo marcó el fin del bipartidismo imperfecto que regía desde 1983, sino también abrió un ciclo de fuertes desequilibrios políticos que quedó reflejado en el predominio del PJ en las provincias, en las Cámaras del Congreso y en los tres mandatos presidenciales comprendidos entre 2003 y 2015.

2. Sin embargo, el triunfo de Cambiemos en 2015 restableció el equilibrio del sistema político, mostrando a una fuerza competitiva proveniente del polo no peronista. Las derrotas del kirchnerismo en las elecciones intermedias del 2013, en las presidenciales del 2015 y en las intermedias del 2017 llevaron a Torre a suponer, 15 años después, que era el polo peronista el que comenzaba a enfrentar, con efecto retardado, dificultades parecidas a las que habían afectado al polo no peronista en el 2001.

3. El resultado de las PASO mostró que si bien Cambiemos sigue siendo una coalición competitiva (del 30 por ciento obtenido en 2015 trepó al 32,94 por ciento en 2019), eso no basta cuando el PJ se reunifica, como acaba de suceder gracias al paciente y heterogéneo armado que fue tejiendo Alberto Fernández tras el paso al costado de CFK y el acercamiento a los gobernadores del PJ y a Sergio Massa. La competitividad de Cambiemos necesita de un peronismo fragmentado para mantenerse en el gobierno y eso esta vez no se verificó. Este resultado se explica más por la disminución de la tercera fuerza (que se redujo del 20,6 por ciento en 2015 al 8,23 por ciento en 2019), que por un derrumbe electoral de lo que fue Cambiemos, mostrando que la polarización resultó un pésimo negocio para el gobierno.

Si bien el peronismo sigue diseminado en diferentes expresiones de la oferta electoral (Lavagna & Urtubey; Pichetto con Macri, y Alberto Fernández junto a CFK, Massa y los gobernadores peronistas en el Frente de Todos), tiende a converger en el espacio encabezado por Fernández & Fernández y esa operación será más efectiva cuanto más logren convencer de que esta coalición es "mucho más que el kirchnerismo".

4. ¿Qué versión del peronismo llegará con Alberto Fernández? El gesto de CFK de resignar el primer lugar en la fórmula nos muestra a una "Cristina herbívora" dispuesta a ceder protagonismo en favor de un ex colaborador suyo que fue a su vez muy crítico de su segundo mandato. De todas maneras, aún resulta incierto si esta "deskirchnerización" sólo representa un giro pragmático forzado por la necesidad de incluir sectores moderados del peronismo que se habían mostrado críticos de CFK, o si ello anticipa un nuevo estilo de gestión dispuesto a atenuar los aspectos más irritativos y cuestionados de sus dos gobiernos.

5. El peronismo ha mostrado una gran plasticidad para ofrecer una versión acorde a cada momento: neoliberal con Menem, progresista bajo los Kirchner, pero aún no es posible arriesgar qué nuevo rostro ofrecerá en un próximo gobierno. En alguna ocasión Torre señaló que existe un peronismo permanente que se identifica con sus banderas históricas y mantiene un piso estable de electores, pero hay también un peronismo contingente que sintoniza con el clima de época y le añade nuevos votantes atraídos por una versión más acorde al momento. En esta ocasión, Alberto Fernández desplegó una ingeniería política que le permitió sumar a los votos que ya atesoraba CFK, un plus proveniente de ese peronismo moderado que no habría aceptado asociarse si la candidata presidencial hubiera sido ella: el caso de Massa y, sobre todo, el grueso de los gobernadores peronistas que le aportaron su apoyo en 14 de las 24 provincias. Este vuelco —no desprovisto de pragmatismo y cálculo- fue determinante para adelgazar esa franja intermedia que resultó decisiva en las elecciones del 2015, reducida en esta oportunidad, a la fórmula de Lavagna & Urtubey.

6. ¿Hacia un nuevo desequilibrio? Un eventual triunfo del Frente de Todos a nivel nacional y en provincia de Buenos Aires volvería las cosas al mismo estado en que se hallaban en 2015, y a eso habría que sumar la posibilidad de que reúna mayorías propias en ambas Cámaras y cierta capacidad para incidir en el Consejo de la Magistratura, que administra y regula el funcionamiento de la Justicia.

7. Esta nueva posición de predominio habrá sido posible gracias al armado de una amplia y heterogénea coalición compuesta por diversas expresiones del kirchnerismo y sectores moderados del peronismo que hasta ayer mantuvieron fuertes diferencias. ¿Será posible la convivencia entre ambos? ¿Logrará Alberto Fernández procesar esa diversidad que fue necesario aceptar para construir una mayoría electoral? Todo indica que este obtendrá un amplio respaldo electoral en octubre y ello le otorgará un valioso margen de maniobra para afirmar su autoridad y autonomía decisoria. Esta legitimidad de origen no es un dato menor en un sistema presidencialista. Sin embargo, aún no es posible estimar si ello le bastará para arbitrar y gestionar la heterogeneidad que está en la base de su coalición.

8. Hay una última clave que ofrece Torre relacionada con el interrogante anterior. Para él, la experiencia del peronismo en el gobierno muestra que puede convertirse en un sistema político en sí mismo y que en una situación de predominio tiende a abarcar todos los espacios y a contener simultáneamente al gobierno y a su oposición. Cuando el sistema político está desequilibrado y carece de una oposición estructurada, esta suele provenir del mismo peronismo. Este predominio con heterogeneidad y con un sistema político desbalanceado crea las condiciones para que la principal fuente de tensión resida en el propio partido gobernante. ¿Será distinto ahora? Ese es el gran desafío que enfrentará Alberto Fernández en poco tiempo más.

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