Opinión

Calma social: el único milagro argentino (por ahora)

Claves. Los indicadores económicos y sociales que se registran hubieran provocado estallidos en cualquier otro momento. Tal vez se trate de la mejor acción del Ejecutivo. Pero nada es para siempre.

Domingo 22 de Agosto de 2021

El único milagro argentino es que, con todos los índices económicos hacia abajo, la paz social no se haya visto alterada. No hay más contraste positivo que ese, todo los demás es un muestrario de pobreza. Se mire por donde se mire.

  En los últimos días ocurrieron movilizaciones que deberían llamar la atención. Las organizaciones sociales les mostraron los dientes a un gobierno peronista como nunca antes. Se entienden las razones: el pesadísimo clima que se registra en los barrios más populosos del conurbano bonaerense y la filtración de un dato que se maneja en determinadas mesas del poder que tienen que ver con la depuración de los planes sociales.

  Hay algo que debe decirse desde el principio: lo que permite mantener la paz social es el flujo constante y sonante de dinero a los sectores más bajos. Se lo puede llamar asistencia, clientelismo o como se pretenda definir la cuestión, pero sin esa contención mensual hoy el país estaría en llamas.

  Y ahí viene otro milagro nacional que involucra a la clase política. En plena campaña, donde todos quieren “la felicidad del pueblo”, nadie tiene una sola idea fuerza para posicionarse ante los demás con los temas que interesan: pobreza e inseguridad. En el país del 50% de pobres, nadie se plantea (en medio de la direccionada sortija que es el escandalete por la festichola de Fabiola & Alberto) cómo ganar espacio prometiendo hechos concretos.

Queremos promesas, no realidad

Se decía en los 90 que una campaña era el festival de mentiras de los candidatos, que prometían hasta “ponerle el ojo que le falta a Venado Tuerto”. Hoy bien vendría una banderola como la que recibía a los políticos en algunas favelas de Río de Janeiro, en los 80: “Basta de realidad, queremos promesas”.

  Esta vez, habrá que dejar en pausa la canción de Charly García que quiere “ver muchos más delirantes por ahí”. Por estas horas hay demasiados delirantes dando vueltas en campaña. Uno quiere quemar el Banco Central. Si esa es la alternativa que nos deparan los outsiders más vale quedarse con los políticos tradicionales.

  El que no es ningún outsider, porque ¿fue? el bien pagado del macrismo es Jaime Durán Barba. “Hay razones para que la gente estalle. Y será enorme el estallido”, declaró ayer en una entrevista con el diario Perfil. Alguien podría decir que la boca se la haga a un lado al gurú ecuatoriano. Esperemos que siga el milagro argentino y que nada vuele por los aires.

  Todo el mundillo de la sociología e incluso de la política intenta hacer una comparación con el 2001. Son escenarios diferentes. Curiosamente, la situación económica es peor que en aquella época, pero como cantaba Luis Alberto Spinetta “la gente se cansó de golpear y golpear” (A su Amor, Allí, Para los Arboles). Hoy, el sentimiento es más cercano a la depresión que a la bronca. El tema es cuándo aparecerá la bronca y cómo serán sus modalidades.

  El gobierno nacional tiene el problema más severo que le puede ocurrir al que intenta mandar: su presidente perdió todo el liderazgo, la influencia, el poder de la palabra. La caída en Rosario de la imagen presidencial es alarmante en todas las encuestas. Perdió más de 40 puntos desde el inicio de la pandemia. Hoy, mide bastante más el gobernador Omar Perotti que él. Esta situación modifica lo que el Frente de Todos esperaba respecto de la nacionalización de la campaña. Ahora deben dar vuelta sobre sus pasos.

  También es poco presentable lo que sucede en la oposición. Además de la falta de propuestas, Elisa Carrió aparece como el único salvavidas de Fernández tras el escandalete del cumpleaños en Olivos. Lilita se mandó una festichola para 70 personas en diciembre de 2020. Esto es verdaderamente impresentable. El sólo hecho de haber hecho semejante festín en plena cuarentena la invalida para salir ilesa. Aunque en este país, esta instituido como himno paralelo el “siga, siga”, inmortalizado por Pancho Lamolina en los 90.

  Este cuadro sinóptico de la política argentina en campaña ni siquiera presenta alternativas a los dos forjadores de grieta (macristas y kirchneristas). Solo Santa Fe ofrece una tercera opción, y será un buen tester el de las elecciones de septiembre y noviembre para saber si la gente verdaderamente quiere salir de la grieta o no le va a dar chance más que a los frentes nacionalmente mas populares.

  Santa Fe presenta otra excepción: el principal problema de sus ciudadanos es la inseguridad, cada vez peor, cada vez más insólita. Una editorial publicada el jueves en un matutino porteño, alertaba sobre el riesgo de que sea baleado el centro de Justicia Penal. Y así ocurrió, casi en tiempo real. Pasan los gobiernos y queda la inseguridad en Rosario.

  Ha quedado en evidencia que la provincia no es capaz de ponerles freno a las bandas armadas, ¿no es hora de que todos los sectores con poder propio en la provincia le reclamen al gobierno nacional que haga de Santa Fe un caso testigo en materia de seguridad y proponga la intervención federal (pero en serio) en los focos del crimen?

  De hacerse, sería un milagro santafesino para enorgullecerse. Por ahora, todos están ocupados pidiendo el voto. Hasta noviembre sonará la misma canción.

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