La década de los 90 era un momento muy particular para la movida nocturna. Fue el boom de los megaboliches, una época en la que a las discotecas no les bastaba con tener una identidad en cuanto a la propuesta musical, sino que buscaban diferenciarse con sus instalaciones. En Rosario fueron apareciendo diferentes opciones, pero fue una disco de Arroyo Seco, Pasacalle, la que llamó la atención de muchos. Es que tenía la particularidad de tener un puente peatonal privado que unía sus dos boliches sobre la avenida San Martín. Fueron miles los rosarinos y jóvenes de la región que pasaron por el local y hoy, a 35 años de su apertura, se mantiene vigente. Abren cada sábado y además hacen al año fiestas especiales con una gran convocatoria.
Fabián Matassa, uno de los dueños de Pasacalle, tenía 22 años cuando comenzó su recorrido en la empresa. Hoy, a los 57, continúa al frente del establecimiento junto a su socio Juan Carlos De La Fuente. Según cuenta, todo comenzó con un grupo de amigos que venían trabajando en otras discos. Una de ellas era Olaff, histórico lugar de encuentro de finales de la década del 80 en Arroyo Seco. Con el cambio de tendencia en el rubro llegó la necesidad de ampliar el establecimiento, por lo que decidieron comprar el terreno ubicado justo enfrente y desarrollar allí un nuevo boliche. “Pensábamos cómo hacer funcionar los dos lugares y dijimos ‘bueno, los unimos con un puente’ ¡y lo hicimos!”, exclama Matassa.
El puente une lo que era Olaff, que tenía espacio para unas 500 personas, con el inmueble anexado. En Pasacalle tienen capacidad para unas 3000 personas.
Foto: Leonardo Vincenti / La Capital
Olaff tenía espacio para unas 500 personas aproximadamente. Después de la incorporación del nuevo inmueble, el número se amplió a 3.000, muchos recuerdan que de un lado la música característica eran los lentos y en el otro lado, la movida. Su última reforma de magnitud fue en 2010 y desde entonces cuenta con cuatro niveles y tres pistas, ocho barras y un VIP a cada lado de la avenida, uno de los cuales fue construido en forma de diamante.
Pasacalle abrió sus puertas por primera vez un 20 de diciembre de 1991. Su famoso paso peatonal sigue siendo motivo de curiosidad y convocatoria de público que quiere sacarse una foto allí. Sin embargo, esa fuerte apuesta no garantizaba el éxito. La otra parte de la receta fue la visión artística detrás de la marca: “Traíamos a las bandas más importantes de Argentina en aquel momento. Estoy hablando de Rata Blanca, Fabulosos Cadillacs, Diego Torres, Vilma Palma, Zimbabwe, Auténticos Decadentes, Los Pericos, Los Ratones Paranoicos, El Símbolo, por nombrar algunas. Después, la música que pasábamos era lo divertido que se escuchaba en la época”, detalla.
Una nueva generación
Por sus largos años en el mercado, Pasacalle hoy recibe a los hijos de aquellos jóvenes que disfrutaron de la primera época del boliche. El recambio se vive, en parte, en el aspecto tecnológico: “Hemos ido modernizándonos con la iluminación y pantallas LED, el sonido, modificamos las barras, entre otras inversiones”.
Por otro lado, el empresario explica que han notado mucho los cambios de hábitos de la juventud, sin embargo, logran tener un público fiel. “Hace 35 años, los jóvenes salían los sábados sin falta porque era una de las únicas formas de socializar y conocer gente. Hoy en día, los chicos hablan mucho por redes sociales y están más conectados, así que esa función se perdió un poco”, explica Matassa, al tiempo que aclara que la clave para mantener la afluencia de público está en subir la vara de la propuesta. “Traemos muchos cantantes de los estilos que se escuchan hoy. Hay mucho RKT, nos vamos actualizando y estamos al día con lo que les gusta a los jóvenes”, dice.
En lo que respecta al tipo de público, quienes asisten son jóvenes de hasta 25 años. “Antes se veía más gente que rondaba los treinta años, quizás había más mezcla, pero ese público encontró refugio en bares, otro tipo de movida”, detalla.
Los socios que dirigen Pasacalle van por más: quieren llega a la tercera generación de clientes que disfruten del lugar.
Foto: Leonardo Vincenti / La Capital
La vigencia de un clásico
Cuando sí asisten los mayores es en la famosa Full, la fiesta retro de Pasacalle. Se celebra dos veces al año con un altísimo nivel de convocatoria: “Explota. Es toda gente que vino al boliche y que quizás hace veinte años que no lo hace, entonces se reencuentra con todas las instalaciones. No es lo mismo que una fiesta retro en cualquier salón, sino que es en el mismo lugar en el que vivieron sus anécdotas”.
En estos casos, el aforo se calcula en unas 2.400 personas para garantizar una mayor comodidad en las pistas de la disco y siempre se llega a completar con la preventa de tickets. “No queremos hacerla más veces al año porque es un evento en el que ponemos mucho trabajo para que todo salga perfecto”, explica el empresario. La próxima tendrá lugar el próximo 24 de octubre. Las fiestas especiales son un gran evento para la disco y una marca registrada: Full, Black Party y la fiesta de disfraces son las más conocidas.
Ahora, Pasacalle ya se prepara para el verano cuando, como lo viene haciendo desde 2010, trasladará su actividad a Mica, un predio con capacidad para 3.000 personas ubicado en el ingreso a Arroyo Seco sobre la autopista. Será una nueva oportunidad de celebrar su vigencia como punto de encuentro para la juventud. Matassa, no obstante, piensa más allá del próximo verano: “Esta es la segunda generación de chicos que vienen a la disco. Tenemos que llegar a la tercera. Cuando vengan los nietos de los que venían en los 90, me doy por hecho”, concluye.