“Dos gardenias para ti, con ellas quiero decir ‘te quiero”. Así comienza la letra de un famoso bolero, que representó a las flores en su esencia principal: como símbolo de amor o deseo. Sin embargo, a lo largo de los años, los negocios que se dedican a venderlas supieron hacer de ellas mucho más que un regalo para expresar cariño, extendiendo su uso con el objetivo de llegar a nuevos perfiles de clientes con opciones y variedades.
Las florerías modernas ofrecen una amplia gama de productos nacionales e importados, además de arreglos florales, como plantas de interior y artículos de decoración para diversificar su oferta. Muchos vendedores ya son verdaderos profesionales de este rubro, capaces de crear propuestas artísticas o decorativas, a la vez que brindan un asesoramiento personalizado. La pandemia marcó un quiebre, obligando a muchas a modernizar sus espacios, teniendo que apalancar la venta en redes sociales y aplicaciones digitales.
Experiencias múltiples
En diálogo con Negocios, la titular de Florería San Antonio, Verónica Bisiach, contó que el rubro experimentó un cambio fuerte desde que su abuela inició el emprendimiento en el año 53 hasta la actualidad. El local donde funcionan hace más de 30 años está ubicado en calle Entre Ríos al 3500. Además de tener en stock alrededor de veinte tipos de flores, posee objetos de decoración para plantas y otros artículos como macetas, colgantes, chapas y accesorios en cerámica. La estrategia fue diversificarse para garantizar múltiples vías de ingresos.
“Hay pocas florerías en Rosario, la gente no lo considera como opción de regalo habitual como era antes. Había seis locales como el nuestro en el barrio, pero ahora somos menos”, indicó Bisiach y agregó que hubo un cambio que se produjo cuando comenzaron a ingresar variedades importadas. Por ejemplo, las rosas son traídas de Colombia o Ecuador, una docena para regalar cuesta $18 mil. También los tulipanes que provienen del exterior tienen el mismo costo. Lo que suele salir con frecuencia son los ramos “diversos” que combinan género y colores, por un valor de $8 mil.
Si de tradición hablamos, González Hermanos es un nombre de trayectoria en la ciudad y cuyos dueños supieron aggiornarse al paso del tiempo y a las nuevas tendencias que aparecieron en el mercado de flores. Su dueño, Federico Falcone, explicó que en los últimos años el movimiento comercial se enfocó en atender clientes finales, más corporativos como instituciones, empresas y clínicas, mientras cayó con fuerza la venta mayorista que era un segmento que atendían, abasteciendo a negocios de la región y provincias cercanas. Esto, debido a que, al ser intermediarios, algunos eligen comprar directo al proveedor.
“Después de la pandemia cambiamos el formato de la tienda, empezamos a vender plantas o flores secas porque las naturales al principio no se podían comercializar. Ahora que volvimos a la normalidad decidimos enfocarnos en clientes particulares y en generar un abono mensual que usan empresas, shoppings, marcas para sus oficinas”, señaló Falcone. El precio varía según tamaño y servicio, hay packs que rondan los $36 mil por mes e incluyen el florero ya listo, con entrega semanal u otro por $24 mil donde solo se envían las flores para que el lugar se encargue de montarlas.
Conectar con lo natural
La cuarentena fue el momento en el que muchas personas apostaron a emprendimientos propios, por interés o motivos económicos. Así fue en el caso de Sergio Chaparro, quien se lanzó a las redes con su proyecto “La Florería Andante”, repartiendo ramos por la ciudad subido a su bicicleta. Desde el 2021 cuenta con un local propio dentro del Shopping del Siglo, en el que vende a un público principalmente joven, que conoció su marca en Instagram, y a negocios, sobre todo cafeterías, para las cuales ofrece también la posibilidad de un abono mensual accesible de $12 mil con un ramo semanal.
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Foto gentileza La Florería Andante
“Inicié el emprendimiento durante la época del Covid, tomando pedidos por internet, armando yo los ramos que luego entregaba casa por casa. Me gusta pensar que somos una florería joven, logré generar una comunidad en redes a la que llamo “florenials”, combinando la palabra flores con el término ‘millennials’. Aproveché mucho las redes para crecer, en cuarentena hacía un vivo semanal y sorteaba un ramo entre los espectadores que miraban mis videos, de ahí logré llegar a muchas personas”, señaló Chaparro.
El emprendedor consideró que es clave aprovechar fechas especiales o tendencias del momento para generar una propuesta de valor única. Un ejemplo fue un arreglo de flores amarillas en honor a la canción de la serie “Floricienta” y pensado para celebrar el día de los novios. Otro ejemplo fue durante la semana del estreno de la película “Barbie” en Argentina, con un ramo en distintas tonalidades de rosa. “En el día del padre, con la gente del bar Belgrano, hicimos un ramo con kinotos acompañado de un vermut para regalar como combo”, sumó Chaparro.
La pandemia fue la oportunidad de dos amigas para llevar adelante una iniciativa que les permitió “conectar con la naturaleza”, así nació la florería Un Vestido y un Amor. El hecho de trabajar en plena cuarentena les permitió operar 100% en redes sociales. En este sentido, indicaron que atienden pedidos con reserva previa para organizar los horarios de reparto. El packaging es otro punto fundamental, ya que al ser delicado convierte a la marca en una opción muy valorada para regalos.
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Foto gentileza Un vestido y un amor
“Los vendedores callejeros suelen ofrecer ramos pequeños, de dos o tres varas, nosotras producimos ramos de tamaño mediano, de aproximadamente 8 o 10 varas por $4.000 mil y de ahí en adelante asesoramos al cliente, depende para qué ocasión lo necesita. La mayoría elige combinar distintas flores, pero a veces llegan pedidos, por ejemplo, de todos girasoles o rosas. Diría que esta temporada las más populares son las astromelias, que viene de muchos colores, la gente las ama al igual que las margaritas y fresias”, señaló Milena Chaparro, su actual dueña.
Costumbres que ya no van
Los floristas coincidieron en que algunas tradiciones fueron perdiendo terreno a lo largo de los años, como los arreglos florales y coronas para funerales que cada vez se solicitan menos. Mientras antes era costumbre llenar las salas velatorias, hoy a lo sumo con sólo uno alcanza para simbolizar la pérdida. En el caso de las coronas, las más económicas arrancan en $30 mil y su precio se encarece por tamaño y decoración, ya que son trabajos que se hacen de forma artesanal y llevan muchas horas de armado.