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Oscar Monjelat, el cazatormentas

Por qué cree que no existe el calentamiento global. Sus consejos para saber cómo se comportará el tiempo

Domingo 13 de Mayo de 2018

De su infancia recuerda con emoción y precisión cuando su padre lo llevaba a caminar por el campo y le anticipaba lo que el tiempo iba a hacer al día siguiente. "Preparate que mañana va a llover", le decía el hombre, padre de nueve hijos, al más pequeño de la prole. Y Oscar, con apenas 4 años, lo miraba extasiado, mucho más al día siguiente cuando las primeras gotas de lluvia caían sobre el pasto. "Yo me preguntaba: «¿cómo hacía mi papá para anticipar el tiempo»?", cuenta. La revelación no tardaba: "Las respuestas están ahí (le decía su papá mientras señalaba el cielo). Sólo hay que saber mirar".

La fascinación por la meteorología se despertó en él durante aquellos primeros años de vida, que transcurrieron en una zona rural de Puerto San Martín, cerca de Timbúes. Sus abuelos también habían sido personas de campo, atentos a los vaivenes de la naturaleza, necesitados de conocer todo lo posible sobre el comportamiento del tiempo.

Fue así que la educación secundaria que inició en un colegio del sur de Santa Fe culminó en el Centro de Instrucción Profesional de Aeronáutica en Ezeiza. Siempre sostuvo, con total convicción, que quería seguir un camino en la meteorología.

En 1978 egresó con su primer título: observador meteorológico nacional. Después continuó la especialización y así se convirtió en auxiliar de pronóstico, instructor de meteorología y finalmente meteorólogo aeronáutico, dejando la Fuerza Aérea en 1991.

Oscar Monjelat es un reconocido profesional de Rosario y su zona. Durante años trabajó en televisión (en canal 5, junto a la periodista Susana Rueda), antes había creado el único Centro Meteorológico Radial, que funcionó en LT2 cuando estaba en Dorrego 1030. Suele ser consultado por periódicos, radios o programas de TV para intentar conocer algo más sobre un tema que desvela a muchas personas: qué va a pasar con el tiempo en las próximas horas, o los próximos días. Además coordina un grupo de observadores de tormentas severas (OTS) llamado Cazatormentas del Sur que tiene una activa participación en Facebook. También envían información mediante whatsapp.

En una charla con Más, Monjelat repasa sus años de preparación para ser meteorólogo, compara su formación con la de los meteorólogos actuales, no ahorra críticas a un sistema de enseñanza que considera bastante ineficiente y que, cree, es responsable de muchos de los errores que se cometen actualmente a la hora de dar un pronóstico, opina sobre el calentamiento global al que considera una "mentira" y explica por qué en muchos lugares no existen sistemas que permitan dar alertas tempranas para prevenir problemas severos cuando está por llegar una tormenta.

¿Hay más equivocaciones en los pronósticos que antes?

—Considerando la numerosa información con la que hoy disponen los pronosticadores creo que sí. Leo y escucho demasiadas barbaridades. Y eso, al menos, es curioso porque si lo relaciono con las herramientas que teníamos 40 años atrás, no debería haber tantos yerros. Se ha mejorado el pronóstico a largo plazo o tendencia, pero a corto plazo siguen siendo notorias las fallas

¿A qué lo atribuye?

—La capacitación de los meteorólogos en la actualidad es muy teórica. Quienes fuimos formados en la Fuerza Aérea teníamos mucha teoría y mucha práctica. De hecho durante largos meses era práctica absoluta y en distintos puntos del país. Antes, sin herramientas, teníamos una mayor conciencia sobre la necesidad de observar, de ser verdaderos analistas, de estudiar el tiempo local, la atmósfera, los fenómenos que se desarrollaban. Ahora se dedican más a analizar la información final que tiran los programas de simulación del tiempo que a mirar, a comparar, a transferir datos a los mapas y sacar conclusiones. Creo que dejaron de ser meteorólogos para ser simples interpretadores de un modelo y eso es lo que lleva a cometer errores. Nuestra región es especialmente difícil para los pronósticos, y confiar solo en proyecciones es perder el contacto con toda la información que provee la propia naturaleza.

—¿Cuáles eran las herramientas con las que trabajaban cuando usted se recibió?

   —Primero, en la Base Aérea El Palomar, en Buenos Aires, y luego en Paraná, Entre Ríos, donde fui destinado, contábamos con un sistema de radio en onda corta. Recibir información meteorológica era una tarea escabrosa: colocarte auriculares, encerrado en una oficina con el menor ruido posible y rogando que no hubiese interferencias. Así recibíamos todos los partes que emitía Ezeiza, para todo el país. Era un gran ejercicio de escucha. Eso sí, ¡cuando había buen tiempo! Porque cuando las condiciones atmosféricas eran malas se generaba un chirrido insoportable. Terminabas con los oídos destrozados. Además recibíamos dos veces al día un mapa pronosticado, por facsímil. De esa manera trabajábamos. Teníamos escasa información de satélite, radares no existían, casi nada...Por eso, cuando ves la cantidad de “info” que manejan hoy no podés creer que se yerre tanto. Probablemente es gente muy joven que está haciendo sus primeros pasos y hay una experiencia que transitar para minimizar los errores.

   —La Fuerza Aérea dejó hace años de preparar meteorólogos propios , hoy son egresados universitarios de Ciencias Exactas y Naturales...

   —Cuando el Servicio Meteorológico Nacional pasó a la órbita del Ministerio de Defensa, la Fuerza Aérea ya solo preparaba observadores meteorológicos y dejó de lado toda capacitación superior. Otro problema que se presenta actualmente es que hay pocos estudiantes de meteorología. Eso sumado a que cualquier estudiante del interior que quiera formarse como meteorólogo tiene que ir a Buenos Aires, termina de complicar la situación.

—¿Qué es lo más relevante en la formación de un meteorólogo?

   —Nunca hay que olvidar que somos quienes nos apasionamos por el tiempo. No es una profesión más, es única. Es indispensable una vocación de servicio muy especial, tener predisposición a una continua investigación propia y fundamentalmente saber aceptar que el tiempo suele ser impredecible. Insisto en que es demasiado teórica la formación y escasa la compenetración con la geografía tan especial de nuestro país. Resulta que vienen meteorólogos de otros países a estudiar por qué se forman en nuestra zona central tal cantidad de tormentas peligrosas y nuestros profesionales desconocen hasta la influencia que tiene la “Depresión magnética del Hemisferio Sur” en la formación de tormentas severas. Esto se debe a que recién se está viendo a la meteorología como ciencia más abarcativa y ya se complementa con lo que sucede en los alrededores del planeta. Hoy por suerte la meteorología espacial abre mentes. También es cierto que lo meteorológico se ha transformado para muchos en un negocio. Hay ingenieros agrónomos que se dedican a la meteorología y se promueven como expertos climatólogos, resultando todo en una ensalada muy insulsa...

—¿Y de los sitios on line que ofrecen datos sobre el tiempo, qué opina?

   —Suelen tener un asesor meteorológico, pero los que ponen la plata no son del palo de la meteorología. Y la realidad es que todos toman la información básica del mismo lugar: el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y la adornan con algún marco llamativo, pero eso no mejora la calidad, al contrario, muchas veces lleva a confusiones. Lo positivo de estos sitios en internet es que siguen los eventos del tiempo, que el meteorólogo que los asesora es alguien que está mirando los mapas. Y eso es clave: el seguimiento constante de la evolución meteorológica. Soy un convencido de que se le debe exigir al organismo oficial —ese que solventamos entre todos— que mejore su tarea, algo que nos beneficiaría a todos. A mí me apasiona recolectar información, procesarla y luego compararla con otras fuentes, entre ellas el mismo SMN. Teniendo una estación meteorológica propia no dejo de registrar día a día lo que hace el tiempo. No me puedo despegar, es más fuerte que yo...

—¿Qué mira cuando se levanta?

   —Lo primero es lo que está haciendo la presión. Si ves que la presión a la mañana está cayendo ya es un dato importante para saber que algún problema vamos a tener en esa jornada. Y si el día empieza con ese dato, bueno, habrá mucha información que recolectar. Para eso tenés, ante todo, que abrir la ventana, salir al patio, observar el cielo, mirar qué nubes se han formado, dónde se han formado, cómo circulan por el cielo y observar qué hace la naturaleza alrededor.

—¿Hay más fenómenos totalmente inesperados? Por ejemplo, hace dos semanas esa tormenta de viento que llegó a Rosario de una manera bastante violenta...fue algo raro.

   —Ese evento de vientos con fuerza de temporal que tuvimos fue infrecuente pero no improbable. Se formó muy rápidamente un centro de baja presión muy pequeño pero profundo. En su corto desplazamiento generó vientos con ráfagas de más de 90 km/h. Pero algunos medios de comunicación hablaron de un “reventón térmico” , algo que no fue, y lo aclaramos en nuestra página. Cosas equivocadas, sin fundamento y sin fuentes identificadas circulan con frecuencia. Lo mismo pasó con un audio de whatsapp que se masificó hace 20 días o más con un anuncio de una tormenta catastrófica. Lo viralizaron y hasta hubo periodistas que lo difundieron en sus medios. A quien me lo envió le pedí prudencia, le aclaré que eso no era real. A lo mejor a algunos no les gusta pero creo que hay que marcar los errores, las equivocaciones, porque no es un tema para andar jugando.

—Usted formó un grupo de observadores de tormentas severas que se llama Cazatormentas del Sur, con una página en internet, un grupo en Facebook, y también genera información que comparte por whatsapp...

   — Sí, y funciona muy bien desde el 2006. Es muy grato, lo armamos con gente muy valiosa formada en nuestros cursos a lo ancho y largo del sur santafesino. A la fecha tenemos más de 150 observadores activos que nos reportan sus observaciones al momento de las tormentas que se desarrollan. Todos colaboran mucho, son responsables y apasionados ¡eso es impagable!. Lo que se sube en Facebook es más público, en la página se trata de informar bien documentando y lo de whatsapp es para un grupo más conocedor del tema, más reducido, pero de amplia y rápida difusión. La idea es colaborar en la prevención, y lo hacemos desde un voluntariado total...

—¿Están de moda los meteorólogos?

   —Somos humanos y por lo tanto no estamos fuera de las generalidades, hay algunos que se erigen en estrellas y desarrollan más show que información fehaciente. Y esto es fomentado mucho por los propios medios, que necesitan siempre espectacularidad. Además hay gente que ve a un especialista en televisión y considera que sea lo que sea que dice es palabra santa. De hecho, cuando estuve tantos años en Canal 5, en Rosario, me pasaba algo extraño: la gente se me acercaba en los bares, me preguntaba cosas, me paraba en la calle. La masividad produce ese tipo de cosas, es cierto, pero es bueno saber que existe un límite. Por mi parte siempre me interesó crear conciencia de prevención, y lo que sigo buscando (aunque no vivo de esto) es que la gente tenga información confiable; si hay desaciertos que se reconozcan y en lo posible rápidamente. Pero por ahí se genera confusión en los roles y un meteorólogo pasa a ser como un actor de moda.

—Hablando de confusiones: suele hablarse de clima en lugar de tiempo y usar como sinónimos meteorología y climatología...

   —Los meteorólogos siempre hablamos de fenómenos meteorológicos. Para hablar de clima debemos haber pasado por una sucesión de estadíos meteorológicos. Cuando hablamos del tiempo nos referimos a lo que sucede hoy o lo que puede acontecer en unas pocas horas. Lo que sucedió en el tiempo pasado y las variaciones a través del tiempo cronológico siguen siendo potestad de los climatólogos. Otra cuestión que lleva a este error, y en esto los medios tienen mucho que ver, es que casi en todos lados dicen que van a dar datos del clima, no del tiempo.

—El calentamiento global es otro tema que permanentemente está en los medios...

   — Hay mucha desinformación, en ocasiones generada políticamente y multiplicada por los medios masivos. El calentamiento global es una teoría. Al momento de pretender imponerla como verdad consensuada la convierten en una mentira. No soy partidario de escuchar una sola voz y por eso acepto que el planeta en su totalidad está cambiando, pero como lo hizo siempre. Es insostenible mantener un calentamiento cuando la Tierra se está enfriando. El Hemisferio Norte tiene inviernos cada vez más crudos, año tras año se rompen récords de bajas temperaturas... ¡los rusos se quejaron este último invierno por la intensidad de las nevadas! Pero bueno, es más fácil repetir que pensar. Hoy te dicen que se desprendió un témpano gigante de la Antártida y que fue por el calentamiento, cuando lo que sucedió es que está nevando mucho más en la alta meseta antártica, se formó hielo, se desplazó hacia el mar y se rompió. Si eso es calentamiento, no quiero pensar lo qué será un enfriamiento...

—Pero acá tuvimos el abril más caluroso en décadas...

   —Eso dependiendo de qué estadísticas se leen. Uno de los problemas del Servicio Meteorológico Nacional es que se refieren a mediciones/registros de cortos períodos. Las últimas toman desde 1960 a 1990. En el mundo se intenta que las estadísticas sean lo más largas posibles pero las nuestras apenas hacen un muestreo de 30 años. Si tomás estadísticas más largas hubo abriles más cálidos en nuestra zona, por ejemplo, en Casilda, el 21 de abril de 1928 la temperatura máxima fue de 35º C. No es nada nuevo que abril pueda ser cálido. Sucede además que las grandes ciudades son islas de calor; el ambiente se comporta muy distinto a las zonas rurales. Las islas de calor no dejan descender las temperaturas. Cuando se pretende comparar datos a escala mundial, sucede lo mismo que por aquí, en nuestra zona. El Aeropuerto de Rosario, donde está la estación meteorológica oficial, estaba hace 40 años en una zona rural. Hoy hay de todo alrededor, no está aislado y eso hace que las temperaturas se eleven, pero no lo corrigieron nunca. Es cuestión de ver y no repetir por repetir lo que todos dicen. Este último invierno nevó hasta en el Sahara, pero supuestamente hace más calor. Yo no lo creo.

—¿Vamos a tener este año un invierno bravo como en Europa?

   —No lo sabemos aún. Se estaba perfilando para eso pero hay un recupero de humedad muy alto. Veremos cómo termina mayo porque si siguen las lluvias copiosas vamos a entrar con otra reserva de humedad y obviamente los inviernos húmedos son más cálidos. Si hubiera un remanente de La Niña, que nos daría un ambiente más seco, entonces cambiarían las cosas y sería un invierno duro.

—El año pasado el invierno no fue tan intenso...

   —Nos dijeron que fue el más cálido de los últimos años en la zona central y norte del país pero no nos dijeron que fue el más húmedo en décadas, gracias a la acción del fenómeno El Niño. No fue por el calentamiento global sino por la extrema humedad que teníamos en capas bajas y medias de la atmósfera. Al existir una especie de capa de humedad impide que durante las largas noches invernales la Tierra se enfríe, por lo que las temperaturas mínimas lógicamente no serán tan bajas.

—Uno observa fenómenos curiosos: tormentas muy fuertes, vientos extremos. ¿Eso no es por el cambio climático?

   —Es la misma historia de lo que venía diciendo del calentamiento. Estamos viendo cosas en el tiempo meteorológico que llaman la atención, pero eso no significa que hay un cambio climático. Para determinar que hay un cambio climático deberíamos poder leer hacia el futuro. Podemos estudiar el clima hacia atrás pero no hacia adelante. ¿Hablamos de cambio climático? Entonces hablamos de algo que ocurrió hacia atrás. No podemos decir que cambió de acá en adelante y menos para siempre. Personalmente me alegra que nuestro planeta cambie, eso es señal de vida, buena vida...

—Insisto: los inviernos no son tan duros como hace 30 o 40 años...

   —A ver, tomemos nuestra zona. Esos mayo de cuando uno era chico... Las personas que recuerdan el locro del Día del Trabajador, o que iban caminando a la escuela y veían la escarcha al costado del camino, hoy dicen que ya no existe más. Pero ahora la gente ya no vive tanto en las zonas rurales. Antes, para ir a la escuela pasabas por descampados, o para ir al trabajo caminabas por donde no había edificios. Si te vas a zonas rurales, acá nomás en la región, vas a ver que los inviernos no son tan cálidos. Como hay mucha más gente que vive en zonas urbanas, que mantienen más el calor, la mayoría de las personas cree que eso que les sucede a ellos es lo que le pasa al clima. En todo caso, puede ser que haya inviernos un poco más atenuados pero los motivos pueden ser varios. El sistema de labranza que se adoptó puede tener mucho que ver. Nosotros arrasamos todas las tierras de los alrededores para sembrar soja; no hay árboles, no hay verde, no hay naturaleza, esto tiende a elevar las temperaturas. Eso tiene influencia. Sé que puede sonar duro, pero el cambio climático es una excusa perfecta para los políticos y funcionarios mediocres. Cuando ocurrió lo de La Plata, las inundaciones que causaron un desastre, dijeron que era por culpa del cambio climático y que entonces nadie lo podía prever. ¡Que era un evento histórico, algo nunca visto! Lo que no vieron fue la torpeza de los desarrolladores inmobiliarios que taparon todos los canales de desagüe, sin ningún control. Si el agua no se escurre se acumula y entonces te inunda. No es difícil de entender...pero es más fácil culpar al supuesto cambio en el clima antes que asumir responsabilidades.

—¿Hay una grieta entre los meteorólogos que opinan como usted y los que sostienen todo lo contrario?

   —Existen estas discusiones. Hay muchos que por ser “meteorológicamente correctos” adhieren a la teoría del calentamiento, para no entrar en controversias o simplemente no investigar, porque el discurso dominante dice eso. Se sigue mucho el discurso oficial. Yo insisto en que el planeta se está enfriando y está demostrando, una vez más, que siempre está cambiando. Antes de un período de glaciación se ha comprobado que surge un período cálido, ese período cálido ya se terminó. Hace como 12 años que se terminó. Hay meteorólogos, climatólogos, biólogos que se tomaron el trabajo de investigar, comparar, de evaluar y mostrar sus conclusiones pero fueron lastimosamente ignorados porque no responden al discurso oficial que surgió del Panel Intergubernamental del Cambio Climático.

   —Otro tema controversial son los alertas. Se dan tantos alertas que la gente ya ni les presta atención...

   —Eso es exclusiva responsabilidad del Servicio Meteorológico Nacional, emitir los alertas meteorológicas (o alertas meteorológicos). Se han hecho pedidos para que no se difundan del modo en que se emiten, pero sin resultado. Los alertas tienen una duración de seis horas pero hemos visto alertas dos días antes, una locura. Esa información debería darse en otro formato que no incluya la palabra “alerta”, preservando así el verdadero objetivo de esos avisos que buscan informar condiciones peligrosas en determinado espacio geográfico y en acotados tiempos. Un buen ejemplo de lo que se puede hacer es lo que llevamos a cabo en su momento en Chabás. En esta localidad desarrollamos lo que se conoce como “Sistema de alerta meteorológica temprana”. Algo que no se puede entender que no se haya replicado en Rosario u otras localidades. En Chabás se instaló la primer Estación Meteorológica Automática por iniciativa del Grupo Cazatormentas del sur, allá por 2006. Y la estación fue colocada en el cuartel de bomberos. Formamos el primer equipo de Observadores de Tormentas Severas del país con personal de bomberos, defensa civil y administrativos. A esas personas se las instruyó para tomar los datos del tiempo, qué significan... y que todo eso se podía comparar con una foto de satélite para saber qué estaba pasando con el tiempo. El sistema es muy sencillo, se maneja por colores, imponiendo una coloración a los alertas oficiales: amarillo implica que existe un alerta pero no va a afectar las tareas de la comunidad en el horario de su vigencia; si pasa a naranja la probabilidad de ocurrencia es alta y se pide mayor prevención. Si es rojo, no sólo se va a cumplir sino que seguramente será más fuerte de lo previsto. En las radios de Chabás esa información está en forma permanente. Y lo mismo se puede hacer, donde sea. Otro error es el mal uso del término “inestable” en los pronósticos. Lo descalificaron tanto que todos creen que inestable es que el tiempo puede ir para cualquier lado. Y no: inestable quiere decir probabilidad de tormentas

—Volvamos a su infancia, a los momentos en los que aprendió a “leer” el cielo y a escuchar al bicherío. Sé que también se ocupó de ver el comportamiento de los animales e insectos y que aún hoy eso le sirve mucho para anticipar situaciones de mal tiempo con cierta precisión...

   —Sí, mi padre me enseñó a ver cómo se manejaban las hormigas. Y también hay mucha información en el vuelo de los pájaros, de las abejas, en la conducta de los caballos, los perros, los gatos. La naturaleza toda se comporta de acuerdo a lo que puede hacer el tiempo. Con las hormigas, si uno tiene la paciencia y la oportunidad de observarlas, se puede aprender muchísimo. Y también observándonos a nosotros mismos, cómo estamos de ánimo, cómo está nuestro cuerpo. Es como decía mi padre: la información está a la vista, pero hay que saber mirar.

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