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Esos secretos que sólo conocen los tacheros

Cada conductor y conductora de taxis atesora intensas experiencias y miles de anécdotas. Cómo transitan el día a día de una ciudad que ellos conocen como muy pocos. Anécdotas y desafíos de una labor que goza de escaso reconocimiento popular.

Domingo 15 de Abril de 2018

Son los protagonistas de una dinámica sin pausa. Un movimiento incansable que empieza y termina muchas veces por día. Personajes infaltables en la fisonomía urbana, los taxistas pueden ser seres casi “invisibles” o los más señalados por sus conductas. En el medio, la mayoría oficia de terapeuta urbano, escuchando los problemas cotidianos de los ocasionales pasajeros, sus quejas, sus dolores.
   ¿Qué piensan sobre lo que pasa en la calle? ¿Cuál es su vínculo con la gente? ¿Cuántas experiencias diarias atesoran? ¿Qué cualidades debe tener un buen tachero o una buena tachera?
   “Ya tengo casi ocho años como taxista”, cuenta Mauricio. Es una tarde calurosa y soleada del fin del verano en Rosario. Estamos sentados en un bar de barrio Martin ubicado en Alem y 3 de Febrero que lleva el nombre de pila de un famoso actor italiano ya fallecido. Mientras sorbe un trago de licuado de banana, Mauricio Gómez, 34 años, mirada serena, apasionado de la música (toca la guitarra), el fútbol y el baile de salsa, rememora cómo fueron sus inicios en el oficio.
   Con tranquilidad cuenta que comenzó en el rubro por necesidad: su pareja de ese entonces estaba embarazada y las ecografías no daban buenas señales. Su futura hija, que nacería con síndrome de Goldenhar —una enfermedad compleja-— iba a necesitar mucho de su ayuda. Y en ese entonces él estaba sin trabajo. “Mi hermano me sugirió que me pusiera a trabajar de taxista porque sabía que tenían obra social. Algo positivo es que cualquier chofer que se sube al taxi ya entra anotado y tiene cobertura médica”, señala este joven rosarino.
   Como en cualquier nueva labor hay responsabilidades y un montón de desafíos. En este caso uno de ellos era conocer las calles de la ciudad. “En mi primer viaje un pasajero me pidió que lo llevara a San Lorenzo y Suipacha y yo no sabía dónde era”, menciona entre risas. Aun con algunas dificultades, afirma que los operadores de radio y los propios pasajeros lo iban ayudando: “Tengo la percepción de que si ofrecés buena onda, te vuelve. Es como un boomerang, como un ida y vuelta constante”, asegura.
   ¿Qué cualidades debe poseer un buen taxista? Mauricio comenta que cada conductor tiene su metodología, pero sin embargo él es tajante en un punto: “El saludo, buenos días, buenas tardes o buenas noches, no puede faltar. No es necesario ser un taxista charlatán, pero sí educado”, sostiene. “No sabés qué pensamientos internos tiene el pasajero al momento de subir al taxi. Por ahí hay personas que suben con ganas de putear. Por eso es más fácil agachar la cabeza que ponerse a discutir. Hoy en día, la gente que se sube a la mañana está a full con el celular y va apurada, por ende no se dan demasiadas situaciones de conversación. Sí hay que reconocer que se abren más con temáticas como tránsito, clima, política y Newell's y Central”.
Algo personal

“Taxista/ eres mi psiquiatra por esta hora/ deja el contador corriendo/ es hora pico”, canta el estadounidense Frank Ocean en “Bad Religion”, track perteneciente a su primer LP, Orange, publicado en 2012. Recordando esta canción, cabe preguntarse si los taxistas a veces terminan oficiando, no de “psiquiatras” pero si de ocasionales psicoterapeutas urbanos que escuchan los problemas del pasajero. Mauricio expone: “Hoy en día no se da tanto. Hay más desconfianza. Eso se daba mucho al principio. Ahora el pasajero sube y a veces te saluda y otras veces no, pero no hay que tomárselo como algo personal”.
   Manejar un taxi abre un portal a una nueva dimensión de experiencias. Los taxistas toman la temperatura de la ciudad. Son testigos involuntarios de las brechas sociales y políticas existentes, de las distintas situaciones cotidianas que viven cientos. Conocen, viven y respiran la calle. Y al recorrerla, experimentan momentos agradables o amargos.
   Mauricio Gómez, que en varias oportunidades ha llevado a pasajeros como Mario “Pájaro” Gómez —vocalista de Vilma Palma— (“es un personaje”, dice) o a Tony Kamo (psicólogo español famoso por sus seminarios para dejar de fumar, adelgazar, autoestima y otros) no tiene ningún reparo en hablar sobre la inseguridad, un flagelo que también lo ha tocado de cerca: “Sufrí un hecho muy grande apenas empecé a trabajar. Se subieron dos muchachos y me llevaron cerca de Cabín 9; me apuntaron en la cabeza, se llevaron las llaves del auto, la recaudación y me dejaron sin ropa. Después tuve un par de asaltos típicos, pero siempre prioricé la vida antes que el dinero. No me vuelvo loco”, sostiene. Y añade que el taxista además percibe el momento en el cual le van a robar.
   En la actual coyuntura quienes manejan taxis deben trabajar muchas más horas debido a la pérdida del poder adquisitivo en la población que trajo aparejada una menor cantidad de viajes. La sociedad rosarina piensa dos veces a la hora de tomar un taxi, pero sin embargo aún pone por delante su seguridad a la noche. “La gente toma menos taxis, es cierto. Cualquier viaje sale más de 50 pesos, cuando por el 20% tenés uno en colectivo. Estoy haciendo casi la misma recaudación a pesar de que la tarifa ha aumentado casi un 90 por ciento en los últimos tres años. La noche es más rentable porque los ciudadanos priorizan su seguridad y eligen tomar un taxi. Es paradójico porque la inseguridad termina beneficiando a la economía de los taxistas”, dice el conductor, oriundo de zona sur. También resalta que, por cuestiones de seguridad ha llevado a jóvenes mujeres en viajes de dos o hasta una cuadra. “Es totalmente entendible por la realidad en la cual estamos viviendo”, reflexiona.
   Son más de las cinco de la tarde, el brillo del sol asoma por la ventana. Mientras los parroquianos charlan animadamente, Mauricio disfruta de los últimos sorbos de su licuado. De repente, suelta una confesión: “A mí el rubro me gusta. Aprendí a querer esta profesión, zigzagueando malas situaciones. Además puedo organizarme los horarios y disfrutar más momentos con mi hija. Hace ocho años que hago esto y me gustaría seguir haciéndolo. La adrenalina de la calle es agradable”.
   Tiempo cumplido. Es hora de volver a ponerse frente al volante.

Conducir y reivindicar

Firmeza. Esa es la palabra que uno asocia cuando ve a Natalia Gaitán, quien además de estar al volante es la presidenta de la Cámara de Mujeres Taxistas de Rosario. Se sienta en el mismo bar de barrio Martin y de entrada se nota su tenacidad cuando habla con orgullo sobre la idea de que cada vez más mujeres manejen taxis y colectivos del transporte público.
   Gaitán comenzó a conducir taxis hace cinco años. Estando embarazada decidió separarse de su pareja y vendió su departamento. Con ese dinero se compró un automóvil y comenzó a desentrañar los secretos del oficio. Labor que, asegura, pertenece a un rubro “muy complejo”.
   “Arranqué en el 2013, época en la cual la Municipalidad entregó 360 licencias, con un 30% destinado a mujeres. Yo empecé justo cuando lo hicieron 100 mujeres más. A muchos compañeros hombres no les gustó mucho, hay que decirlo, pero la recepción del público fue positiva”, dice Natalia. Y acto seguido, añade: “La gente en general te acepta y sabe que la mujer es necesaria dentro del transporte público”.


Aplicación

En una sociedad que aún conserva grandes rasgos de machismo y para proteger a las pasajeras, la rosarina María Eva Juncos creó este año She Taxi, una app local que garantiza que al pedir un taxi el chofer sea mujer.
   “Hoy, una nena de 17 años se sube y te dice: «Mi mamá me deja venir porque sabe que me vuelvo con una chica taxista»”, cuenta Gaitán. Y aclara: “Obviamente no todos los hombres son malos; tengo muchos compañeros que son sumamente educados y respetuosos, pero sin embargo hay una pequeña cantidad de desubicados. Es un tema complejo. ¿Cómo puede ser que una mujer no se pueda poner un top o una calza porque otro le va a decir algo? Antes se decían piropos, ahora ya se agrede. Yo he llevado chicas que me han dicho: «Me siento violada verbalmente», relata la taxista.
   Minutos más tarde, entre sorbos de café con leche y medialunas, la conversación vira hacia las diferencias entre un buen y un mal servicio. Natalia revela que el Sindicato de Peones de Taxis brinda un curso en el que una de las materias justamente se llama “Calidad de servicio”. Así lo explica: “Allí se habla sobre la necesidad de que el auto esté en condiciones de higiene, que el taxista no vaya escuchando música fuerte y otras cuestiones”. Al igual que el anterior entrevistado, coincide en que el saludo es fundamental. Y agrega: “Mi viaje termina cuando el pasajero, sea hombre o mujer, entra a su casa, trabajo, clínica, etcétera. Lo mejor que podemos hacer como ciudadanos es cuidarnos entre todos”.

Rutina y alienación

¿Estar tan conectados de manera virtual nos aísla? Cualquier usuario del transporte público puede corroborar cómo gran parte de los pasajeros de un ómnibus, mientras esperan llegar a destino, están cabizbajos mirando su celular, seguramente chequeando si tienen likes en Instagram o Facebook, revisando mails o simplemente buceando por internet.
   Algo similar pasa en los taxis, al punto tal que a veces el pasajero ni siquiera emite palabra y, lo que es peor, no mira ni por dónde lo llevan o cuánto dinero le entregan de vuelto.
   Natalia confirma la alienación de algunos usuarios de taxis y suma:. “Dejame resaltar esto: el taxista debe emitir el ticket siempre y la unidad tiene que estar identificada. Cuando vos subís tenés que saber el nombre de la persona que te está llevando y el número del coche. Hay que mejorar el sistema para protegernos nosotros y cuidar al ciudadano. En ese sentido estamos trabajando para que los vidrios laterales de los taxis sean más resistentes y de esa manera garantizar un servicio más seguro. A mí me han querido robar con una pasajera atrás: el delincuente rompió el vidrio y manoteó el bolso de la chica, que terminó cortada y lastimada”, rememora.
   Estar al volante y exponerse a todo tipo de situaciones trae buenas y malas experiencias. Al hablar de momentos desagradables, obviamente el tema de la inseguridad sale a la luz: “En las cuatro veces que me robaron con arma blanca, siempre el delincuente comenzaba a hacer preguntar raras y a sudar de antemano. Se genera un olor raro y característico”, asevera esta mujer rosarina.
   Sobre el epílogo de la nota, es momento de hablar sobre la parte linda de ser una mujer que conduce su taxi por las calles de Rosario. Gaitán tiene la palabra: “En realidad, el trabajo es lindo y se genera un buen contacto con los pasajeros. Acá cosechás todo tipo de anécdotas... Me ha pasado de llevar a un psiquiatra que atendía a otros psiquiatras y me relataba historias de ellos, sin dar nombres, cosas con las que nos hemos divertido mucho. Es un orgullo estar sentada arriba de un taxi. Te reconforta el cariño de la gente”, comenta sonriente.

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