Escenario

Luis Gorelik: "Las orquestas públicas necesitan generar un mayor impacto social"

El director y responsable de la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos, junto a la pianista Martha Argerich, inaugurarán el festival Bemus, el más antiguo de Serbia

Domingo 25 de Octubre de 2020

Dos reconocidos artistas argentinos, el director Luis Gorelik y la pianista Marta Argerich, inaugurarán el 1º de noviembre la 52ª edición del Festival Bemus, en Belgrado, uno de los encuentros de música clásica más antiguos y distintivos del sudeste de Europa que se realiza desde 1969 y actualmente es el festival de música más antiguo e importante de Serbia. Fue en ese país que Gorelik, de amplia trayectoria en Argentina y distintos países, dirigió una de las primeras producciones líricas montadas en la Europa pospandemia.

El músico nacido en La Plata y actual director artístico de la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos, sostuvo que la crisis generada por el Covid-19 “aceleró un proceso de cuestionamiento de los paradigmas” asociados su actividad. Partidario de la innovación, cree que la tecnología será una herramienta central en esa transformación, abogó por “explorar nuevos repertorios y generar un mayor impacto social” por parte de las orquestas públicas financiadas por el Estado y afirmó que “no hay límites” en la intervención de partituras clásicas. “Es impensable, al menos para mí, continuar tocando las mismas 70 u 80 obras durante siglos, por buenas que sean”, apuntó.

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"Martha Argerich es una artista enormemente generosa y humilde y a pesar de haber compartido escenarios con las más grandes orquestas y directores durante toda su vida, tiene la maravillosa capacidad de dialogar en el escenario y de estar abierta a las propuestas que vienen de su contraparte, con flexibilidad y espontaneidad", elogió Gorelik.

¿Cómo vivió la experiencia de protagonizar uno de los primeros conciertos presenciales en Europa?

Fue, sin duda, una experiencia fuertísima por todo lo que conlleva el retorno a la actividad después de varios meses. Tanto el concierto realizado en el mes de agosto como especialmente la puesta de la ópera “Rigoletto”, de Verdi, que dirigí en el Teatro Nacional Serbio, fueron eventos de gran trascendencia por tratarse de los primeros en realizarse en el continente europeo. La puesta de “Rigoletto” fue diseñada para la televisión -se transmitió en vivo por la Televisión Nacional de Serbia- y se realizó en un escenario al aire libre y con aforo de público muy limitado.

Jovana

¿Cuál será la singularidad del concierto que darán en Belgrado junto a Martha Argerich?

Un concierto junto a Martha Argerich siempre es singular. En este caso, además, se realizará en una de las salas más bellas del país, aunque también con aforo limitado de público. Martha es una artista inmensa. Tuve oportunidad de trabajar con ella hace dos años, cuando realizamos el Concierto No. 1 de Liszt junto a la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos, de la que soy director hace diez años, en las ciudades de Paraná y Concepción del Uruguay. Esto fue en agosto de 2018. Destaco que Martha es una artista enormemente generosa y humilde y a pesar de haber compartido escenarios con las más grandes orquestas y directores durante toda su vida, tiene la maravillosa capacidad de dialogar en el escenario y de estar abierta a las propuestas que vienen de su contraparte, con flexibilidad y espontaneidad. Por lo demás, su gran virtud a mi entender, radica en su capacidad de imprimir a la frase musical una agógica propia del lenguaje hablado, algo que muy pocos pueden hacer a cabalidad, y que en Martha Argerich parece ser una condición inmanente.

Creo que en gran medida la supervivencia y eventual crecimiento de nuestra actividad pasará por una combinación virtuosa de vocación pedagógica y social, apertura hacia el público a través de medios tecnológicos Creo que en gran medida la supervivencia y eventual crecimiento de nuestra actividad pasará por una combinación virtuosa de vocación pedagógica y social, apertura hacia el público a través de medios tecnológicos

Si bien la música clásica, como cualquier otro género, tiene su público fiel, ¿cómo se hace para renovar el público y sumar nuevos seguidores?

Creo que la pandemia ha acelerado un proceso de cuestionamiento de los paradigmas asociados a nuestra actividad en el sentido de poner a nuestro servicio una serie de recursos tecnológicos poco utilizados hasta ahora. Los músicos clásicos, en general, vivimos más cerca de Bach que del Mp3. Creo que en gran medida la supervivencia y eventual crecimiento de nuestra actividad pasará por una combinación virtuosa de vocación pedagógica y social, apertura hacia el público a través de medios tecnológicos, y por sobre todo, la necesaria apertura mental para permitir el desarrollo de nuevos repertorios y cruzamientos estilísticos, ya que es impensable, al menos para mí, continuar tocando las mismas 70 u 80 obras durante siglos, por buenas que sean. Sigo amando la música de Brahms, de Mahler, de Beethoven y de muchos otros, pero también soy consciente de que las orquestas públicas financiadas por el Estado necesitan explorar nuevos repertorios y generar un mayor impacto social. En Entre Ríos, por ejemplo, hemos logrado una renovación muy grande de público a través de programaciones que combinan diferentes estilos y que despertaron la curiosidad de diferentes públicos correspondientes a rangos etarios diversos.

Alguien que nos obligue a través de la convención implícita en un concierto de enfrentar tan solo cuatro minutos y treinta y tres segundos de silencio nos pone en un lugar de franca incomodidad y a algunos nos llevará a formular más de una pregunta. ¡Bravo por John Cage! Alguien que nos obligue a través de la convención implícita en un concierto de enfrentar tan solo cuatro minutos y treinta y tres segundos de silencio nos pone en un lugar de franca incomodidad y a algunos nos llevará a formular más de una pregunta. ¡Bravo por John Cage!

¿Cuál es el límite para “intervenir” una partitura clásica?

No hay límite, y es el intérprete el responsable del resultado estético de su propuesta. Esta pregunta es similar a la que habitualmente se realiza con las puestas en escena de ópera: ¿hasta donde es válido resignificar una puesta teatral o lírica? Soy de los que piensan que todo es posible, pero al mismo tiempo, que a mayor libertad, mayor necesidad de conocer lo que ya fue realizado y actuar en consecuencia. Jorge Luis Borges señalaba con muchísimo humor que “El concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio” y por lo tanto, ocurre lo mismo en la interpretación de música. Cuando Emerson Lake & Palmer salió a reversionar obras de Ginastera, Janacek o Mussorgsky a nadie se le ocurrió acusar una supuesta falta de fidelidad al compositor. Al mismo tiempo pueden hacerse cosas de horrible mal gusto, pero creo que, en definitiva, el mejor juez es el tiempo, ya que lo que permanece es lo bueno.

Jorge Luis Borges señalaba con muchísimo humor que “El concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio” y por lo tanto, ocurre lo mismo en la interpretación de música Jorge Luis Borges señalaba con muchísimo humor que “El concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio” y por lo tanto, ocurre lo mismo en la interpretación de música

Si tuviese que elegir cinco obras -clásicas o contemporáneas- para enviar en una sonda al espacio como embajadoras de la cultura en la Tierra, ¿cuáles elegiría y por qué?

Me encanta la pregunta, pero su respuesta es imposible, dado que mi elección cambiaría según el momento de mi vida en el que la tome. Si tuviera que hacerlo hoy sin duda que incluiría la Tercera Sinfonía de Gustav Mahler, el Finale del Acto II de Las Bodas de Figaro, de Mozart, Los Intermezzi Op. 116 de Brahms, el tango “Bahía Blanca”, de Di Sarli y el Concierto para Violín y Orquesta Op. 61 de Beethoven.

¿Qué simetrías podría encontrar como espectador en la experiencia de asistir a un concierto de “4’33” de John Cage y otro con una obra sinfónica tradicional?

Hay obras de arte que son puramente conceptuales y que no tienen como objeto el disfrute del espectador, sino interpelar el sistema de creencias comunes sobre los que se monta la experiencia artística. Creo que toda buena obra de arte en cualquier manifestación debe ser interpelativa aunque algunas, como la que mencionaste, lo hacen de forma explícita y frontal y otras no tanto. Sin duda que como espectador si pago una entrada y me siento en la butaca para ver a un pianista sentado al piano durante cuatro minutos y medio sin tocar una nota, me generará irritación. Precisamente, ese espacio temporal -no es inocente que el título de la obra de Cage sea, precisamente: 4’ 33’’- que se abre en un contexto de obra musical, me resulte eterno y difícil de llenar, y por lo tanto me llene de ansiedades. La convivencia armoniosa con el silencio es una de las tareas más difíciles para el ser humano de nuestra época, en la cual el umbral del enmascaramiento acústico es cada vez más extenso. Eso significa que estamos permanentemente absorbiendo información auditiva en cantidades insospechadas. El silencio, entendido como una contrafase del sonido es parte de un ciclo vital, pero nuestra capacidad de convivir con esta fase es mínima y por ello llenamos nuestra vida de sonidos o de ruidos. Por ello, alguien que nos obligue a través de la convención implícita en un concierto de enfrentar tan solo cuatro minutos y treinta y tres segundos de silencio nos pone en un lugar de franca incomodidad y a algunos nos llevará a formular más de una pregunta. ¡Bravo por John Cage!.

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