No se trata solo de recuerdos individuales, sino de relatos, documentos, imágenes y prácticas compartidas que, al entrelazarse, permiten construir una memoria común. En el libro “La memoria colectiva”, Halbwachs recurre a una metáfora elocuente: así como hace falta introducir un germen en un medio saturado para que cristalice, también es necesario sembrar una semilla de rememoración para que cuaje una masa consistente de recuerdos.
Cada testimonio, cada imagen o palabra, puede funcionar como esa semilla pero para que germine no alcanza con conservarlo y hace falta un entorno que lo acoja, lo organice y lo vincule con otros relatos.
Venadenses Republicanos en Teatro Verdi
Venado Tuerto sin archivo
Durante años, Venado Tuerto fue una ciudad sin archivo. No porque le faltaran historias, sino porque no existía un espacio que las reuniera. Alejandra García, licenciada en historia, presidenta y una de las impulsoras del Archivo Histórico Digital de Venado Tuerto, lo recuerda bien.
Alejandra contó a La Capital que cuando empezó a investigar sobre la nomenclatura urbana de la ciudad para su primer libro, se encontró con un vacío ya que sólo pudo encontrar un archivo administrativo municipal que, si bien era útil para la gestión, no era capaz de resguardar la memoria. Recién tras un alarga búsqueda, y gracias al gesto de un empleado municipal que había rescatado unos libros del polvo, logró encontrar el acta en la que se informaba que, cinco días antes del 25 de mayo de 1910, todas las calles de la ciudad cambiarían sus nombres por otros de corte patriótico con motivo del centenario de la Patria.
“El cambio en la eponimia de la localidad fue una pequeña muestra de cómo, desde lo local, se hizo uso del espacio de la festividad para desplegar una gama de recursos ideológicos que tuvieron por fin la construcción de la argentinidad”, dice García en “Venado Tuerto y su nomenclatura”.
Venado Tuerto - Documento 1910 cambio de nomenclatura por calles patrioticas-01
Recolectando la historia
Esa experiencia encendió la chispa y en 2018 nació el archivo. Alejandra, junto a un pequeño grupo de vecinos y vecinas, formaron una ONG y obtuvieron una banca ciudadana para gestionar un modesto subsidio. Con eso compraron los primeros escáneres y comenzaron a digitalizar. Con el impulso inicial del entonces concejal Fabián Vernetti y el apoyo de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) que cedió un espacio físico el acervo fue creciendo.
El fondo inicial fue de un historiador popular venadense, José Favoretto, un hombre que recorría la ciudad en bicicleta y rescataba papeles del abandono. El trabajo cotidiano del archivo es delicado, técnico y profundamente humano.
Clasificar, digitalizar, identificar rostros, lugares y fechas a veces sin ningún dato más que el papel o la foto, exige la pericia y sensibilidad del archivista venadense Pablo Hilari. Pero hay algo más: una filosofía de acceso democrático. “No importa si sos de Venado o de España, si sos periodista, historiador o un vecino más: si querés ver, podés. El archivo está para eso”, afirma Alejandra.
Por eso, es que todo el archivo puede consultarse de manera gratuita en https://archivohistoricovenado.com.ar. Algunos materiales son donados, otros simplemente digitalizados y devueltos. No se exige que queden. Y si falta información, se reconstruye colectivamente, en rondas de consulta con otras memorias.
Construcción colectiva
Desde el archivo esperan “que a través del mismo los ciudadanos puedan comprender más profundamente sus realidades, especialmente inmediatas” y que “puedan emplear ese conocimiento para preservar y difundir el patrimonio histórico y cultural de sus espacios”. A su vez, “que puedan proyectarlo en las diversas actividades culturales como la dramaturgia, la música, la danza o las investigaciones científicas”.
Venado Tuerto - Comisario Miguel Tonelli y presidente Edelmiro Farrel
Esa misma lógica de acceso libre y construcción comunitaria se traslada a las redes sociales. El Facebook del archivo cuenta con 12.300 miembros y allí los vecinos no sólo comparten imágenes antiguas o anécdotas familiares: también completan la información que falta, reconocen rostros, datan eventos, discuten versiones.
Memoria e historia
Cada comentario es una pieza que ayuda a reconstruir la historia común. Es el tejido colaborativo que da forma a la memoria colectiva. Siempre se pensó que la memoria y la historia no son lo mismo. Una está ligada a la emoción, la otra a la razón; una fragmentaria, la otra totalizadora.
Para Alejandra, ambas se retroalimentan. La memoria —individual o colectiva— es fiel a lo que se recuerda, aunque esa evocación no sea precisa. La historia, en cambio, exige una búsqueda de verdad, por más subjetiva que sea, basada en contrastes, documentación y crítica. Para la historiadora, la memoria no es descartable mas debe ser leída con sumo cuidado. Alejandra lo comprobó cuando escribió un libro sobre el Instituto de Profesorado de Venado Tuerto. Entrevistó a Titi Limonti, un exalumno detenido durante la dictadura por el simple hecho de interpelar a una docente.
Su testimonio fue igual en varias entrevistas pero cuando habló con otros testigos del hecho, las versiones diferían entre sí. Ninguno mentía, probablemente. Pero lo que aparecía era lo que algunos historiadores llaman “memoria de cohorte”: reconstrucciones compartidas que se forman por pertenencia a un mismo tiempo más que por vivencia directa. Esa tensión entre la memoria individual, la colectiva y la historia es el aura del archivo.
La Biblioteca Ameghino
Atilio Perín es cineasta y llegó a Venado Tuerto hace 30 años desde Santa Fe. Discípulo del insigne Fernando Birri, arribó con su compañera Cristina Aisemberg y el oficio a cuestas. Pero también con una pausa forzada: “Por razones políticas, no podía hacer cine”, recordó a La Capital.
En Venado encontró “un movimiento cultural muy fuerte”, especialmente en torno a la Biblioteca Popular Florentino Ameghino, fundada hace 105 años por obreros socialistas y anarquistas del ferrocarril, donde él mismo comenzó a colaborar y donde Cristina hoy es presidenta.
Ese movimiento cultural se sustentaba en dos pilares, sostiene Perín: la biblioteca, con “una línea ideológico-política clara”, y un teatrismo efervescente. En sus palabras, Venado Tuerto aparece como una ciudad en contradicción: tradicional y pujante, agrícola y bancaria, pero atravesada por una potencia artística. Esa tensión, que describe con precisión, es también parte del alma de los archivos: “Una ciudad en crecimiento, con economía fuerte y espíritu conservador, pero con una vida cultural impresionante".
Venado Tuerto - Funeral Eva Perón
Hoy, por ejemplo, la biblioteca abre todos los días, desde las 7 hasta la medianoche”. Atilio agregó: “No hay localidad, por más chica que sea, en el sur de la provincia, en donde uno no encuentra alrededor de la plaza, la iglesia, la comuna y el teatro”. Esa tríada urbana, arraigada en las tradiciones de los inmigrantes, sigue viva en Venado Tuerto. La ciudad mantiene hoy una vibrante actividad escénica con al menos ocho espacios funcionando. En esa tradición también se mezclan los mitos.
Mitos urbanos
Hay quienes aseguran —y una placa lo afirma— que Carlos Gardel cantó en el Teatro Verdi. No hay documentación que lo respalde, pero ahí está la leyenda. Atilio contó cómo la biblioteca recibió, de forma casi milagrosa, una colección de los Noticieros Argentinos —aquellos cortos que se pasaban antes de las películas en los cines— rescatados por un señor en un remate en Buenos Aires. Fueron digitalizados en alta calidad gracias a un convenio con Canal 7 y hoy pueden consultarse desde la plataforma Prisma, con marca de agua.
Cuando alguien necesita un fragmento, se le ofrece una copia con autorización de uso. “La cinta existe, el carrete está guardado, está archivado. Es maravilloso, de una potencia de conservación de memoria monstruosa”.
Volviendo a Halbwachs, este dice que en el primer plano de la memoria de un grupo se descomponen los recuerdos de los acontecimientos y experiencias de la mayoría y que junto a la historia escrita hay una historia viva que se perpetúa y se renueva a través del tiempo.“Recuerdo un bar que ya no existe: Babel. Tenía biblioteca y llegaban todos los diarios. A mi me gustaba ir a leer a los bares. Babel fue el lugar donde recuperé el impulso de volver a filmar”, dijo.
Desde Venado Tuerto, Perín filmó dos películas que dialogan con el pulso social de su tiempo. El Ajuste, una adaptación libre de la obra de Roberto “Tito” Cossa donde actúan todos actores venadenses y que se realizó con la única cámara del canal local que podía usarse sólo después de la medianoche, cuando cerraba el canal.
Luego vino “Dar de nuevo”, inspirada en el colapso del Banco Integrado Departamental (BID) en los años 90, una herida profunda para la ciudad. “Fue un cimbronazo que hizo temblar la estructura de la ciudad fuertemente, porque, de un día para el otro, caía el principal banco local, con muchos capitales locales y que fue la semilla del desarrollo de la pequeña industria de Venado”.
La trama gira entorno a un grupo de jubilados que decide secuestrar al gerente de un banco, en un gesto desesperado ante el ajuste y el despojo. La película fue premiada internacionalmente y aún se proyecta.
Si como dice nuestro guía sociológico de ocasión una corriente de pensamiento sociales normalmente tan invisible como la atmósfera que respiramos la actividad del Archivo Digital y la Biblioteca Ameghino dan luz a las memorias de una ciudad que, como aquel niño, para no perderse en el bosque puede recurrir a los saberes y experiencias de otros.
Los protagonistas de esta historia desde hace años coinciden en el asombro de cómo la conciencia sobre la memoria se va transformando en práctica cotidiana. En la biblioteca comenzaron hace tiempo a organizar una feria mensual con libros donados.
Libros usados, ajados
“Los llamamos libros expósitos, como a los niños dejados en la Casa Cuna” dijo Atilio, porque cada semana, al llegar a abrir la biblioteca, encuentran en las escalinatas una caja anónima. Alguien, en silencio, dejó una parte de su historia. Recuerdos del abuelo que murió, de la casa que se vacía.“Hay una especie de conciencia de la necesidad de la preservación de la memoria”. Una tarde, una señora llamó por teléfono: tenía algo que entregar. Atilio tomó el auto y manejó por la ruta 8 hasta llegar a un barrio humilde y desconocido porque “Venado creció tanto”.
El marido de la mujer —camionero, transportista de granos—limpiaba el doble troque mientras la señora se acercaba con una caja: “¿Sabe lo que pasa? Que yo esto lo encontré en la esquina y los libros y las fotos no se tiran. ¿Usted se puede hacer cargo?”. Todos en Venado saben que existen lugares donde la memoria va a ser cuidada. “Con la gente del archivo compartimos materiales, nos avisamos mutuamente, nos pasamos cosas. Un ida y vuelta constante no sólo de objetos si no de las personas”.
Aunque surgió como un proyecto centrado en la historia de Venado Tuerto, el archivo digital recupera fragmentos de la historia universal. La democracia, las dictaduras, las migraciones, el auge y la caída del ferrocarril, las economías regionales, las luchas sindicales, las fiestas populares, la educación pública: todo lo que pasó también pasó en Venado.
El Archivo Histórico Digital de Venado Tuerto dio un salto institucional al formalizar un vínculo de cooperación con el municipio. El gobierno local de Leonel Chiarella decidió integrar el trabajo del archivo con el de la Casa Museo Cayetano Silva lo que permitió profesionalizar la tarea, sumar personal, alquilar un espacio más amplio —financiado ahora por el municipio— y rescatar documentos clave de la historia local: los primeros libros de la Comisión de Fomento, registros del siglo XIX donde se describen reclamos por el estado de los “pantanos”.
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También ingresó el archivo del Concejo Municipal y se consolidó una hemeroteca que cubre desde los años 60 hasta hoy. Este año, el archivo recibió un álbum con más de 300 fotografías inéditas de Venado Tuerto, cedido por la familia del ex intendente peronista Ulises Giacaglia. Entre las imágenes aparece, por ejemplo, el velorio de Eva Perón recreado en la ciudad, con misas y cortejos que hasta ahora no estaban registrados en ningún museo, biblioteca o institución oficial. “Esto nunca se había visto en la ciudad”, dijo Alejandra, todavía con asombro.
Trabajo silencioso
La magnitud del hallazgo es tal que ya se proyecta una muestra pública para compartir ese fragmento de historia que hoy se conoce gracias a la memoria familiar y al trabajo silencioso del archivo.
Halbwachs sostuvo que incluso un niño perdido en el bosque no recuerda en soledad: apela, sin saberlo, a los marcos sociales que organizan su memoria —los gestos, las palabras, los aprendizajes que le fueron transmitidos. Del mismo modo que una ciudad para no perderse entre imágenes en sepia, relatos taciturnos y memorias que hablan pero solas, recupera el hilo de lo común y lo hace colectivamente. No es nostalgia, es identidad. Es la conciencia de que nadie se recuerda solo.
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Por Lautaro Marengo /Especial para La Capital