Atentado en Nueva York

Un sistema penal implacable muy diferente al argentino

Sayfullo Saipov, el terrorista de Nueva York, seguramente será condenado a muerte. Este parece el destino del uzbeko simpatizante del Estado Islámico

Sábado 04 de Noviembre de 2017

Sayfullo Saipov, el terrorista de Nueva York, seguramente será condenado a muerte. Este parece el destino del uzbeko simpatizante del Estado Islámico, más allá de las amenazas y exabruptos de Donald Trump ("animal", "lo quiero en Guantánamo", etc) y de los nobles deseos de los familiares de sus víctimas ("que el amor venza al odio y que la vida se imponga sobre la muerte"). Durante los ocho años de Obama no hubo ejecuciones federales, pero esto seguramente cambiará con Trump. La última se cumplió en 2001, cuando fue ejecutado Timothy McVeigh, terrorista de ultraderecha que con una bomba mató a 167 personas con un camión bomba en Oklahoma. El fuero federal penal se ocupa de delitos graves que implican una amenaza para la nación, como narcotráfico y terrorismo. Las leyes posteriores al 11 de septiembre, como el Patriot Act, endurecieron las penas y los procedimientos, algo que ha derivado en abusos, documentados por organizaciones de derechos humanos rigurosas, como Human Rigths Watch. La actitud desafiante y mordaz de Saipov ciertamente no lo ayudará ante el tribunal y el "gran jurado", formado por ciudadanos comunes. El documento de acusación, aprobado y firmado por tres fiscales adjuntos pero redactado por una agente del FBI especialista en el Isis, es contundente y el primer cargo que enumera contra Saipov es "provisión de apoyo material a una organización terrorista extranjera". Saipov detalló sin problemas cómo planificó el atentado durante semanas y ostentó su fidelidad al Isis.

Un antecedente reciente avala estas previsiones de una futura condena a muerte para Saipov: el joven checheno Dzhokhar Tsarnaev, autor junto con su hermano mayor del ataque explosivo contra el maratón de Boston en 2013, fue condenado a muerte en 2015. Su hermano murió abatido por la policía. Ambos pusieron dos bombas en el camino del maratón y mataron a cuatro personas e hirieron a cientos.Durante el proceso, Tsarnaev no mostró arrepentimiento y su defensa se centró en culpar al hermano mayor fallecido. El jurado y la fiscalía desecharon esos argumentos. La entonces secretaria de Justicia de Obama, Loretta Lynch, en las antípodas ideológicas de la derecha estadounidense, aplaudió la sentencia. Estados Unidos es el único país occidental que mantiene la pena de muerte, aunque muy atenuada en la cantidad efectiva de veces que se aplica. Existe un consenso transversal en la sociedad estadounidense de que debe mantenerse para casos extremos de crueldad y terrorismo, como los de McVeigh y Tsarnaev. Saipov parece cumplir con holgura estos requisitos. El checheno Tsarnaev no ha sido aún ejecutado y seguramente pasarán muchos años antes de que el Estado le quite la vida. Así es el ritual siniestro del "corredor de la muerte". Entre apelaciones, dilaciones y nuevos recursos, la ejecución se posterga por años. Pero siempre llega el día, y Tsarnaev lo sabe. Esta es su segunda condena. Debe despertarse cada mañana con la imagen de la procesión final hacia la sala de ejecuciones. A Saipov, en este momento de euforia y "celebridad" mundial, aún no le ha caído la ficha de este martirio institucionalizado que le espera. El régimen de aislamiento riguroso en las cárceles federales de alta seguridad es otra especialidad americana que seguramente tendrá Saipov. Si cree que irá a prisión a charlar en los patios y jugar partidos de fútbol, se equivoca.

Por todo esto, los familiares de las víctimas de Saipov, aunque se manifestaron claramente contra la pena de muerte, en el futuro se evitarán el agravio moral que lamentablemente hubieran padecido casi con seguridad en Argentina: ver un día no muy lejano libre y sonriente al asesino. El sistema penal estadounidense, con su carácter tan abiertamente punitivo, da al menos esta garantía a las familias de las víctimas. Se le pueden criticar muchas cosas, derivadas de unos rasgos arcaicos y de Antiguo Testamento, pero una falla seguro que no tiene: no es "garantista" del victimario.

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