Rosario tuvo una semana marcada por el calor y sufrió el retorno de un evento que tuvo a la ciudad entera durante varios años consecutivos con un marcado problema de salud pública: el humo de los incendios en las islas.

Incendios y temperaturas extremas más frecuentes producto del cambio climático obligan a repensar nuevas soluciones. Cuáles son los grupos vulnerables y las recomendaciones vigentes
Rosario tuvo una semana marcada por el calor y sufrió el retorno de un evento que tuvo a la ciudad entera durante varios años consecutivos con un marcado problema de salud pública: el humo de los incendios en las islas.
En relación al primer problema, desde el Sistema Integrado de Emergencias Sanitarias (Sies) no tuvieron situaciones de gravedad pero sí indicaron que en ciertos momentos del día, en un período particular de cada mes del verano, los adultos mayores son los más afectados por las altas temperaturas. El fenómeno se encuadra en una problemática mundial: el calentamiento global producto del cambio climático.
Las últimas dos semanas estuvieron marcadas por temperaturas muy superiores a los 30º en Rosario. Y si bien hubo días en los que el ambiente se tornó insoportable, las consultas en la vía pública por atenciones de síntomas relacionados con los períodos de calor excesivo no fueron de gravedad, explicó a La Capital la coordinadora del Sies Rosario, Emilse Ferrari.
Las atenciones sobre adultos mayores por síntomas relacionados a afectaciones por el calor extremo se dan principalmente entre las 11 y las 18. Durante el inicio de cada mes, los profesionales tienen más actividad por cuadros de este tipo ya que atienden a personas de este grupo etario que van a cobrar sus jubilaciones.
“No es necesario estar al sol para sufrir un evento de este tipo. El calor extremo y la humedad, incluso si se dan en un ambiente cerrado, también pueden contribuir a tener este tipo de cuadros”, explicó Ferrari.
La sensación de que cada verano es peor que el anterior es más que una percepción. Registros de la Organización Meteorológica Mundial (WMO), la Nasa y el Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea coinciden en que 2024 fue el año más cálido desde que hay registros y posicionan a 2023 como el segundo año más cálido. Estos números indican que los últimos tres años fueron los más calurosos desde que se lleva registro (2025 quedó tercero), además de que los últimos diez años están entre los diez más cálidos registrados en la historia moderna.
Actualmente, el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) tiene en marcha un estudio para contribuir, con diversos gobiernos locales, al abordaje sobre la vinculación entre dos problemáticas: el envejecimiento de la población y las afectaciones por los sucesivos períodos de calor en los principales centros urbanos del país, entre los que está Rosario.
“Hay que pensar cómo las ciudades van a enfrentar el calor en 15 o 20 años”, expresó a La Capital Francisco Chesini, magíster en Salud Pública y becario del Conicet por la Universidad Nacional de Avellaneda, que forma parte del grupo de estudio del Cippec.
Diversos estudios globales y nacionales dan cuenta de que estos períodos calurosos se están dando cada vez con más frecuencia. Y si bien hay ciertos parámetros que deben cumplirse para que se establezca una ola de calor (superar valores umbrales determinados para cada localidad, durante tres días consecutivos o más), Chesini marcó que esto antes era un fenómeno extraordinario que, desde hace unos años, se da, al menos, una vez por verano.
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“A este fenómeno la ciencia lo viene asociando con el cambio climático global, que se traduce en un aumento de estos eventos extremos de temperaturas a nivel local, que también fue corroborado por distintos estudios hechos en Argentina”, explicó.
El principal problema de estos períodos calurosos es cuando la temperatura no baja lo suficiente durante las noches y los cuerpos no pueden descansar del calor que sufrieron durante el día. En ese plano, los más afectados son niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas.
Chesini, junto a la investigadora Matilde Rusticucci, comprobaron que la mortalidad general en Rosario se incrementa hasta un 14% durante una ola de calor. No son pacientes que mueren a causa de los efectos de una ola de calor sino que empeoran sus condiciones durante el desarrollo del evento. También reportaron, bajo las mismas condiciones, un incremento del 41% en la mortalidad por enfermedades respiratorias y un 25% por enfermedades cardiovasculares.
A modo de ejemplo y para resaltar, el investigador dijo: “Las personas no desarrollan una enfermedad respiratoria durante una ola de calor, sino que los cuadros de esas enfermedades crónicas respiratorias se agravan durante las olas de calor en comparación con días normales”.
Esta semana, el calor se combinó, por un momento, con el humo de los incendios en las islas.
Existen evidencias sobre la afectación de las altas temperaturas sobre la salud humana, también del humo de incendios, pero Chesini indicó que aún “no tenemos certeza de (las afectaciones por la) combinación de estos dos factores”.
Ferrari señaló que a pesar de que el humo alcanzó a buena parte de Rosario a principios de semana, no tuvieron que atender ningún cuadro por problemas relacionados a ello.
El humo de los incendios puede no generar problemas en el corto plazo, pero está compuesto por material particulado 2,5, conocido como PM2,5, que tiene un diámetro igual o menor a 2,5 micrones, unidad que equivale a una milésima de milímetro.
Al respecto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) detalló en su sitio oficial que “la materia particulada es un indicador común de la contaminación del aire y afecta a más personas que cualquier otro contaminante. Consiste en una mezcla de partículas sólidas y líquidas de sustancias orgánicas e inorgánicas suspendidas en el aire. Las partículas con un diámetro de 10 micrones o menos (conocidas como PM10) pueden penetrar y alojarse profundamente en los pulmones, aunque las partículas que tienen un diámetro de 2,5 micrones o menos (denominadas PM2,5) resultan aún más dañinas para la salud. Las PM2,5 pueden atravesar la barrera pulmonar y entrar en el sistema sanguíneo”.
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Especialistas marcan que a pesar del desarrollo de incendios de manera constante durante casi tres años consecutivos (entre principios de 2020 y finales de 2022), no se desarrollaron políticas de salud pública que tengan en cuenta la situación que atravesaron los humedales del Delta del Paraná, donde estaba todo el combustible que se quemó y originó múltiples problemas a la población.
“No hay una política pública seria respecto a los impactos en la salud de los incendios en los humedales”, aseguró a este medio Damián Verzeñassi, referente del Instituto de Salud Socioambiental de la UNR y que forma parte, junto a Chesini y otros diez investigadores, del documento "Incendios, cambio climático y salud: un documento de política", de la Red de Clima y Salud de América Latina y el Caribe, convocada por la Alianza Global de Clima y Salud.
Chesini, por su parte, sumó que un estudio de 2024 encontró un incremento en las internaciones por infartos en el período 2021-2022, durante la segunda ola de incendios en el Delta del Paraná.
“Del 2020 hasta ahora, no se ha construido una política de abordaje de los impactos de la calidad del aire en la salud de los rosarinos”, dijo Verzeñassi.
El documento elaborado por la Red de Clima y Salud menciona que los impactos de los incendios afectan a las personas tanto física como mentalmente y que no terminan cuando las llamas se apagan. A su vez, remarcan que los fenómenos son más intensos y que están potenciados por los efectos del cambio climático, por lo que se crea un “peligroso circuito de retroalimentación”.
Los especialistas participantes del documento marcan la importancia de atender de manera preventiva estas cuestiones en vez de pensar soluciones reactivas.
Por ello, es necesario que se realice un abordaje conjunto de varios sectores, no sólo los relacionados a la salud y al ambiente aunque con especial refuerzo en la coordinación entre salud pública y políticas ambientales, que tenga como eje la prevención y que se sustente en pruebas científicas sólidas y una “participación pública sostenida”.
Respecto al calor, es importante seguir de cerca los avisos del Sistema de Alerta Temprana (SAT) del Servicio Meteorológico Nacional (SMN).
Este punto, marcó Chesini, “es una medida de adaptación (a las temperaturas extremas) porque nos permite prepararnos y tomar decisiones de manera individual” en relación a ciertas actividades, como hacer ejercicios físicos o trámites en el centro. Y resaltó que es necesario que la información que aporte el SAT esté enlazada con los servicios de salud.
Por su parte, Ferrari indicó que los efectos de los golpes de calor alteran la regulación de la temperatura y que, a veces, alcanza con una exposición prolongada a altas temperaturas que no necesariamente sea bajo el sol: “A veces, el calor y la humedad en un ambiente cerrado, o por un esfuerzo físico, produce un golpe de calor”.
En ese sentido, la coordinadora del Sies resaltó que lo más importante de todo es la hidratación continua con agua: “No se debe tomar sólo cuando hay sed y hay que evitar gaseosas, infusiones muy calientes, bebidas astringentes y alcohol”.
Las exigencias son distintas según las edades. Debe haber especial atención con los menores lactantes, explicó Ferrari, por su pequeña superficie corporal y su mayor absorción de temperatura en relación a los adultos: “Se les debe ofrecer continuamente lactancia materna o agua”.
En el caso de los adultos mayores, la hidratación también debe ser continua y se debe tener en cuenta, según explicó la especialista, que la sensación de sed disminuye en las personas longevas.
Además, recomendó que cualquier persona de cualquier edad use ropa clara y no se exponga a las horas más complicadas (entre las 10 y las 18). En caso de sufrir un cuadro de hipotensión, mareos o visión borrosa, es importante quedarse a la sombra, hidratarse bien y, en lo posible, bañarse (puede ser con agua tibia) para luego refrigerarse.
Respecto a la posible inhalación de humo (“por quemas o por lo que sea”, aclaró Ferrari), las partículas afectan principalmente a los ojos, nariz y boca: “Provoca irritación ocular, nasal y sequedad de boca, incluso mareos. Puede haber tos en niños que tienen antecedentes de broncoespasmos o adultos con Epoc, que están más predispuestos a tener tos irritativa”.
“En el caso que estemos en un lugar cercano (al humo), se debe evitar la inhalación directa. Puede usarse un pañuelo o barbijo, además de mantener las ventanas cerradas y lavarse la cara, principalmente los ojos y la nariz, para que la irritación no se siga produciendo”, agregó.



Por Mariano D'Arrigo
Por Gonzalo Santamaría
