El calentamiento global aumenta la probabilidad de ocurrencia de eventos de calor extremo, además de la intensidad del fenómeno.
El cambio climático está sucediendo. Tras un 2025 que se constituyó como uno de los tres años más cálidos jamás registrados, las medidas de adaptación al calor son uno de los puntos clave para hacerle frente a un fenómeno que crece en magnitud año tras año.
Con un desarrollo de La Niña que suele mitigar las temperaturas pero que en esta ocasión no pudo hacerlo, 2025 fue uno de los tres años más cálidos jamás registrados. El registro promedio de ese año en conjunto con los del 2024 y el 2023 (primero y segundo en el ranking, respectivamente), supera por primera vez el umbral de 1,5° por encima de los niveles pre-industriales, que se estableció en el Acuerdo de París de 2015 como cifra límite disminuir los impactos del calentamiento global.
América latina no está exenta de las consecuencias derivadas del cambio climático. La organización World Weather Attribution (WWA), que estudia los impactos de los fenómenos climáticos a nivel mundial, registró en su balance de 2025 que 7 de los 22 eventos extremos que se analizaron ocurrieron en el continente, varios de ellos en Argentina. De hecho, marcan al norte argentino, en el que incluyen a Rosario, como una de las zonas en la que tanto la intensificación y mayor frecuencia de eventos de calor extremo, como el desarrollo de lluvias torrenciales, "aumentan el riesgo de agravar los riesgos hidrometeorológicos". El estudio marca que, en el país, el calentamiento global aumentó tanto la probabilidad de que ocurran episodios de calor extremo como su intensidad.
Las estimaciones indican que el calor extremo se irá replicando en otros puntos de la Tierra con el correr de los años. Un reciente estudio de la Universidad de Oxford marca que el 41% de la población mundial sufrirá las consecuencias de las altas temperaturas extremas hacia 2050 (en 2010, era el 23%) si el mundo llega a los 2º promedio de calentamiento global por sobre las cifras registradas en la era pre-industrial. Brasil, vecino inmediato de Argentina, figura como uno de los países que tendrán los aumentos más significativos de temperaturas.
Dónde están los refugios climáticos en Rosario
En ese contexto, Rosario viene desarrollando y robusteciendo su red de refugios climáticos. Son espacios públicos y privados que se configuraron hace dos años y en los que se puede tomar un descanso, refrigerarse o protegerse durante eventos extremos derivados del cambio climático que, en el caso de Rosario, pueden ser olas de calor o tormentas intensas. Actualmente hay centros municipales de distrito, bibliotecas, museos, centros culturales, polideportivos, plazas y parques, aunque la Municipalidad mantiene activa la inscripción para que se sumen nuevos espacios que puedan ofrecer una serie de requisitos básicos.
Quienes deseen adherir su institución para ofrecerse como refugio climático, pueden hacerlo a través de este enlace completando información básica como los horarios de apertura y de cierre, el detalle sobre si se cuenta con agua, sillas y un espacio fresco.
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Durante el fin de semana, habrá voluntarios en distintos días, horarios y lugares de la ciudad para brindar información sobre problemáticas ambientales e invitar a las personas a reflexionar sobre posibles nuevas formas para habitar la ciudad. Además, se brindan datos sobre cada uno de los refugios, su ubicación, horarios y que ofrecen.
Las convocatorias serán el viernes 30 de enero, de 9 a 12, en los Centros Municipales de Distrito Sur y Noroeste; además, el domingo 1º de febrero los voluntarios estarán, de 9 a 12, en la explanada del Museo de la Ciudad (Oroño 2361), en el marco de la Calle Recreativa.
Experiencias en Europa y Estados Unidos
Con distintas denominaciones, el refugio climático es un concepto que se extiende en otras ciudades como Barcelona, Bilbao o Madrid, además de algunas urbes en Estados Unidos o en Asia. Rosario las incorporó luego de la revisación del Plan Local de Acción Climática (Plac) que se desarrolló en 2022.
Los refugios climáticos en Rosario buscan hacer frente a las olas de calor durante el verano. La red empezó con instituciones y siguió con espacios verdes que reúnen una serie de características especiales, como bebederos, buena sombra y césped, entre otras cuestiones.
Dentro de las instituciones hay señalización, información sobre la crisis climática, sillas y agua para que las personas puedan acceder libremente. El año pasado se incorporaron instituciones que también recepcionan mascotas.
No hay grandes requisitos para formar parte de la red, sino que se busca sumar la mayor cantidad de lugares posibles que sí deben estipular, como base, días y horarios fijos para establecerse como refugios climáticos. Quienes anoten sus instituciones, recibirán capacitaciones para gestionar correctamente el espacio.
Medidas de adaptación al cambio climático
El aumento de la temperatura producto del cambio climático, demostrado por cientos de estudios científicos alrededor del mundo, conlleva la necesidad de impulsar medidas de mitigación y de adaptación al fenómeno que potencia eventos climáticos como el calor, las lluvias y los vientos.
A escala municipal, es casi imposible pensar en soluciones que contribuyan a mitigar el fenómeno, que tiene su origen, mayormente, en la producción y uso de combustibles fósiles. Sin embargo, pueden desarrollarse medidas de adaptación que, sin desatender la crisis global, puedan ayudar a sobrellevar los efectos del cambio climático.
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El calor se intensifica en Rosario cada verano.
Virginia Benedetto / La Capital
El proyecto de refugios climáticos es una respuesta preventiva a posibles daños a la salud derivados de los efectos del cambio climático. Adaptarse a esos efectos implica ajustes que deben generarse por las consecuencias que ya se vienen experimentando y que son consecuencia del cambio climático demostrado por la ciencia.
Las olas de calor se vienen normalizando, pero esos cambios no son naturales sino antrópicos (originados por acciones humanas). Y si bien las personas podrán adaptarse a algunas de esas modificaciones, otras van a costar vidas y pérdidas económicas cada vez más importantes.
Las medidas de adaptación buscan prevenir, sobre todo, pérdidas humanas. Pero también bienes, industrias, servicios y economías de las ciudades. Los refugios climáticos, en ese engranaje, atienden la salud pública.
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