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Por qué absolvieron al inspector que controló el Café de la Flor

El tiempo que pasó entre el chequeo que hizo en el bar y el día en que murió electrocutado un músico, fue clave para la decisión que tomó el juez

Sábado 08 de Diciembre de 2018

El tiempo que pasó entre su inspección al Café de la Flor y la muerte de un músico seis meses después es una de las claves, quizás la decisiva, del fallo que absolvió al empleado municipal Pablo Akerman. Para el juez Juan Andrés Donnola, las condiciones constatadas por el arquitecto en abril de 2015 no fueron las mismas que causaron la electrocución del bajista Adrián Rodríguez en octubre de ese año. En el medio, el local cambió de dueños, una tormenta afectó el tablero y un electricista hizo arreglos. Por esto, entre otros motivos, concluyó que el inspector no cometió delitos.

Hace dos semanas Pablo Andrés Akerman se sentaba en el rol de acusado en una sala del Centro de Justicia Penal. El inspector de 39 años fue absuelto por el juez Donnola el 26 de noviembre y esta semana se conocieron los fundamentos del fallo, que fue apelado por la Fiscalía.

El juicio fue resultado de una investigación judicial desdoblada tras la muerte de bajista de Raras Bestias. La madrugada del 12 de octubre de 2015, el músico de 30 años vio que algo le pasaba al vocalista, se acercó a ayudarlo y al tomar el micrófono recibió una descarga eléctrica letal en el local de Mendoza 863.

Por un lado fueron acusados por homicidio culposo Ariel Scharf, dueño del local, y el electricista Fernando Campodónico. Los dos están a la espera de juicio mientras se revisa un planteo defensivo en reclamo de una probation ante la Corte Suprema de la Nación. Por otro lado llegó a juicio Akerman, quien no fue imputado por la muerte del músico sino por delitos de su función.

El empleado de la Dirección de Inspecciones fue el último en realizar una revisión diurna en el Café de la Flor el 1º de abril de 2015. Entonces dejó constancia en un acta de algunas observaciones y notificó al dueño para que realizara arreglos. El 8 de abril realizó otro informe indicando que había constatado las reparaciones.

Para los fiscales Valeria Piazza Iglesias y Ademar Bianchini el empleado incurrió en dos delitos: el incumplimiento de sus deberes de funcionario público y la falsificación de las actas. La primera en forma parcial porque "debió ordenar la clausura preventiva". La segunda en forma total, porque "no se constituyó" en el Café de la Flor ni se repararon las anomalías que, para la acusación, derivaron en el accidente de octubre.

El defensor Héctor Superti reclamó la absolución del arquitecto, que el último día del juicio dijo que se limitó a constatar ítems en un formulario. Cuatro días después se iba absuelto.

El camino del fallo

Para llegar a esa decisión el juez partió de una pregunta: ¿el escenario de los hechos fue el mismo entre abril y octubre? En ese punto aclaró que todos los peritos técnicos que declararon en el juicio realizaron su trabajo tras la muerte del músico y por lo tanto "desconocen o no pueden emitir opinión respecto de cómo era el escenario a la fecha de la inspección".

Según Donnola, el planteo fiscal se basa en lo apreciado seis meses después. Uno y otro momento "parecen no poder despegarse" a pesar de que en medio año "han sucedido importantes acciones e intervenciones de terceros".

Uno de esos movimientos fue la venta del local a nuevos dueños. Se hizo en julio de ese año, pero nunca se realizó la transferencia, lo que hubiera reactivado el trámite de habilitación con controles más profundos. "Pasaron nuevos dueños, actividad de electricistas, cambio de luminarias, manipulación de equipos, la anulación del disyuntor, todo sumado a fenómenos como una gran tormenta en agosto que obligó a subsanar inconvenientes eléctricos. Los escenarios difieren", dijo.

Recordó que tras el paso del arquitecto hubo 16 inspecciones nocturnas al local que "podrían haber generado un alerta. A pesar de esto, la investigación se ciñe únicamente sobre Akerman". Quien era el cuarto funcionario en la cadena de mandos.

Donnola resaltó que la actividad del inspector no tenía un protocolo, sino que sólo debía controlar ciertos ítems como seguridad laboral, inconvenientes acústicos, tablero central, extintores y luces de emergencia, "todo ello en un lapso que oscila entre 30 a 40 minutos".

"¿Debió clausurar el local ese día?", se preguntó. Según el juez, ni el inspector ni sus jefes encontraron motivos para hacerlo. Por eso advirtió que la acusación "parece basada esencialmente" en la muerte de Rodríguez, lo que le dio al caso "un margen sentimental más que jurídico".

Tras repasar los dichos del ex dueño, peritos e integrantes del grupo de teatro The Jumping Frijoles —que actuaron una década en el bar— advirtió que ninguno de esos testimonios pudo indicar con qué se encontró Akerman en abril. En este marco Donnola concluyó, con un juicio de certeza, que Akerman no incumplió con sus deberes.

También lo desligó de la falsedad de documentos, en este caso por la duda, ya que el por entonces dueño del Café de la Flor no pudo recordar si el inspector fue a constatar arreglos o si lo recibió alguna otra persona.

Otro eje del fallo es de cariz jurídico. El juez consideró que las figuras penales no estuvieron bien fundadas. Los dos delitos requieren dolo: es decir, debe demostrarse que el acusado tuvo la intención de ocasionar un perjuicio. Sin embargo, según Donnola, "nada de eso se ha probado en el juicio".


La función de control del Estado

Los párrafos finales de la sentencia que absolvió al inspector municipal aluden a los mecanismos de control del Estado: "Se ha afirmado, con criterio, que Akerman no es el Estado mismo. Si la pretensión es que este último pudiera tener un grado de responsabilidad, se ha direccionado en el más débil de sus componentes. Estos temas deberían debatirse en otro ámbito, a los efectos de resguardar con protocolos precisos y seguros el accionar de cualquier inspector de este estilo, en resguardo de bienes y esencialmente la vida de las personas".

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