"Hay zonas del barrio que están terriblemente a oscuras, donde la gente se mete adentro apenas atardece. Para quienes van o vuelven tarde, de trabajar o de estudiar, caminar por esas calles es un peligro y para los dueños de los comercios es una condena porque no venden nada", así describen los vecinos de Cristalería lo que sucede en las últimas semanas en esa zona del norte de la ciudad, donde el robo de cables del alumbrado público no perdonó ni a la cuadra del centro de salud o la iglesia.
Un reclamo más o menos parecido hicieron el mes pasado vecinos de barrio Rucci, quienes llevaron adelante una ruidosa protesta por el apagón que afectaba a varias cuadras del barrio y dejaba a las 10 mil personas que viven allí a merced de la inseguridad. En varias cuadras del barrio no sólo se habían robado las luminarias, sino también el cableado interno de 48 columnas de alumbrado y parte del tendido subterráneo.
Desde la Secretaría de Ambiente del municipio reconocieron que existe un aumento de este tipo de delitos que afectan al servicio de alumbrado público, sobre todo en la zona noroeste de la ciudad, en donde muchas veces las reparaciones no duran ni 24 horas. "Hay sectores donde vuelven a robar antes de terminar el trabajo", reconoció el titular del área, Nicolás Mijich.
En lo que va del año, apuntó, el municipio ya llevó a la Justicia casi 400 denuncias por robo de cables en distintas zonas de la ciudad. Algunas de esas presentaciones involucran a los mismos barrios de la zona noroeste. Incluso, dijo el funcionario, en algunas oportunidades aportaron datos sobre el destino de los materiales sustraídos.
Sin embargo, los actos de vandalismo se repiten en forma constante desde que la inflación castigó los ingresos de los sectores más vulnerables de la ciudad y catapultó el precio de los brillantes hilos de cobre del cableado eléctrico, engordando un negocio tan ilegal como rentable.
A oscuras
María Ángela Cerezo es la presidenta de la vecinal Francisco Lai que extiende su jurisdicción sobre el barrio de casas bajas con jardines, delimitado por las vías del ferrocarril Belgrano y el trazado de la autopista a Santa Fe, que en algunos sectores lleva varias semanas sin alumbrado público.
"Hay zonas terriblemente oscuras debido al robo de cables que afecta al barrio", señala la vecinalista y asegura que ya hicieron decenas de reclamos a la línea 147 que, en muchos casos, se cierran a las 24 horas.
La carencia de alumbrado, señala, incrementa otros problemas con los que se convive en Cristalería. Los vecinos se encierran temprano en sus casas ya que se sienten más expuestos a sufrir un robo por el anonimato que garantiza la falta de iluminación.
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El robo de cables de telefonía e internet es uno de los delitos en aumento en los últimos meses.
La ausencia de luces no respeta siquiera a los espacios más transitados del barrio: la iglesia del padre Wilfredo, en Levi y Calderón; el centro de salud, en el pasaje 1331; o varias cuadras de la avenida Salvat, que cruza el barrio de este a oeste. Algunos de esos lugares, aseguran, están en penumbras desde hace más de dos meses.
El circuito que siguen los materiales robados es bien conocido. Los vecinos describen los baldíos donde los cables se queman para separar el cobre del plástico y también sospechan de los lugares que compran los materiales. Todo sucede a la vista de cualquier persona.
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Problema conocido
"En los últimos meses el vandalismo sobre el alumbrado público se ha incrementado mucho y, sobre todo, en la zona norte y noroeste de la ciudad", reconoce el secretario de Ambiente del municipio.
El funcionario explica que los reclamos por estos hechos crecieron y, en la mayoría de los casos, son más complejos de resolver ya que no se trata de reponer una lámpara, sino que muchas veces se afecta también las instalaciones subterráneas o aéreas.
El mantenimiento del servicio eléctrico de la ciudad está dividido en tres zonas, cada una concesionada a una empresa privada: Coemyc, Mantelectric y Tysa, que tiene a su cargo la zona noroeste de la ciudad. Además existe una cuadrilla municipal que se encarga de reparaciones.
Los operarios han tenido que intervenir después de todo tipo de robos: lámparas, cables de las columnas de alumbrado, instalaciones subterráneas, aéreas, tableros, térmicas o disyuntores y, en más de una ocasión, se sorprendieron por "el arrojo" de los ladrones.
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También se intentaron distintos mecanismos para prevenir el desguace de los tendidos: se atornillaron las luminarias a las columnas, se soldaron las tapas de inspección y se hormigonó por encima de los cables subterráneos.
Aun así los robos se repiten. "El colmo fue una situación que tuvimos en barrio Rucci. Hicimos un operativo y reparamos más de 40 columnas de alumbrado. En el medio del trabajo un día nos encontramos que ya se habían robado las lámparas que habíamos cambiado", señaló Mijich.
En lo que va del año, recordó, realizaron casi 400 denuncias por el robo de cables del alumbrado público y en muchos casos se aportaron datos sobre el posible destino de los materiales. El costo de reponer las instalaciones es varias veces millonario. "No lo tenemos cuantificado, pero el esfuerzo que nos demanda este tipo de reparaciones es tan grande que no nos permite avanzar más rápido con otras cuestiones", advirtió.