La llegada de los calores intensos del verano han atacado seriamente a la flora urbana. En los últimos días, vecinos de Rosario notaron que las calles se han visto tapadas por hojas secas y marchitas que cayeron sobre las veredas, anticipando un otoño todavía lejano.
Desde la secretaría municipal de Ambiente y Espacio Urbano explicaron a La Capital que la caída de hojas de los árboles se debe a la ola de calor. La falta de agua por las lluvias y de riego hizo que las hojas se amarillen y caigan. “Es un mecanismo de protección de los árboles. A través de las hojas, el árbol pierde agua en la transpiración. Por ende, si elimina agua, transpira menos”, explicaron fuentes oficiales.
Las autoridades ambientales del municipio señalaron que se lleva adelante desde el año pasado un plan de expansión de las cazuelas que contienen a los árboles de las veredas con el objetivo de ampliar el espacio disponible para los ejemplares, liberar raíces y troncos y permitir que puedan absorber mayor cantidad de agua en días de lluvia.
El problema es que acaba de terminar un periodo de casi tres años en donde el fenómeno climatológico de “El Niño” trajo consigo una sequía donde hubo escasas precipitaciones e índices muy altos de la temperatura. Así lo explicó el ambientalista César Massi.
"Lo raro sería que estos árboles, que están plantados en nuestras calles, hoy estén con hojas. Son árboles de otros climas, de zonas templadas, que se plantaron por influencias europeas, norteamericana, de zonas que son bastante más frescas", analizó Massi en diálogo con La Capital y añadió "Hoy veranos calurosos tiene todo el mundo pero cuando ves las noticias un verano caluroso en España no es el verano caluroso que tenemos acá, que esto es Chaco puro".
El ambientalista sostuvo que el fenómeno de la caída es una cuestión física de las plantas que son de climas templados de hoja ancha: "Es como ir caminando hoy a las doce del mediodía por el medio de la calle con dos sobretodo encima sin tomar agua. O transpiras hasta la muerte o directamente te sacaste el sobre todo y caminas desnudo. Bueno, los árboles no pueden tomar agua porque no hay. Estamos atravesando un año bastante seco que no llega a compensar los tres últimos años de sequía que tuvimos. Las napas están a 10 metros, pocos árboles llegan a esa profundidad con las raíces”.
“Tienen que largar las hojas porque si no transpiran muchísimo y entonces eligen desprenderse de ellas como un mecanismo de defensa para hacer un poco más eficiente el consumo de la escasa agua que hay", explicó el especialista.
La sequía puso en peligro diferentes ejemplares de la vía pública que terminaron secándose y falleciendo. La municipalidad debió efectuar 1.500 extracciones de árboles muertos, en riesgo, desequilibrados, secos o enfermos durante el año pasado.
Massi advirtió que el problema de los calores poco atemperados por lluvias "lo vamos a tener cada vez más acentuado, porque la temperatura de cada verano son muy calurosas y son árboles viejos, muy altos que para llegar el aguas hasta arriba ya se le empieza a complicar" y expresó: "Nos estamos acostumbrando a consolidar dos otoños por año. Uno en invierno, con una cuestión natural de que estos árboles de climas templados y caducos pierden la hoja en invierno y entran en latencia para no morir quemados por el frío y otro en verano donde tienen que tener hojas y las piden igual porque sufre mucho el calor".
“La caja de herramientas para solucionar este problema es amplia”
El comunicador especializado en cuestiones ambientales deslizó que una posible solución sería planificar la instalación de ejemplares de especies autóctonas de cara al futuro, entendiendo que los lapachos y plátanos que hoy abundan en las veredas son especies exóticas.
Las autoridades municipales confirmaron que se encuentran estudiando especies nativas, en el marco de un plan de forestación que durante 2023 informó la plantación de 20.000 árboles, priorizando la instalación de espacios verdes originarias de la zona, la alineación de veredas, la ampliación de las cazuelas y la apertura y mantenimiento de corredores biológicos.
El ambientalista afirmó que es preciso "empezar a pensar de que si estamos teniendo veranos chaqueños, necesitamos árboles que no tengan hojas anchas y acostumbrarse más a lograr sombra con especies que estén preparadas para estos calores”. En ese sentido, sostuvo que Argentina tiene 600 especies nativas en toda su extensión territorial, pero si se tiene en cuenta los árboles originarios de las yungas, del bosque chaqueño o del litoral correntino, se puede llegar a hablar de hasta 300 árboles nativos: “En el arbolado público usamos solamente 10 especies. La caja de herramientas que tenemos para poder solucionar este problema es amplia”.
"Tenemos una parte del bosque chaqueño en Santa Fe muy grande, donde hay árboles que se pueden usar, donde hay muchos árboles para estudiar. En Santa Fe tenemos más de 100 especies de árboles para probar de diferentes regiones y usamos solo dos, que son lapacho y el verapitá. El resto son toda especies de afuera o de otras partes de Argentina", apuntó Massi y sugirió "aprovechar el tiempo que impone la caída de este arbolado exótico de clima templado para empezar a hacer ensayos con otras especies, así dentro de 10 años, cuando sea la temperatura bastante más elevada, podamos saber qué plantar".