La ciudad

Las empresas privadas impiden el acceso a la costa en el Cordón Industrial

Un total de 41 firmas, sobre todo puertos agroexportadores, monopolizan las barrancas desde Baigorria hasta Timbúes.

Domingo 09 de Diciembre de 2018

La enorme mayoría de los accesos al río en el Cordón Industrial está en manos de 41 empresas privadas que impiden el acceso público a costas y barrancas: sobre 40 kilómetros de costas relevadas entre Granadero Baigorria y Timbúes apenas el 25% es de dominio público y sólo un kilómetro son miradores o costaneras que operan como "balcones al río" para los habitantes de esas localidades.

   Esos datos, que se desprenden del trabajo "Nuestras barrancas y costas" difundido esta semana por el Taller Ecologista, son un aporte novedoso al estudio de los ambientes ribereños del Paraná inferior cuya importancia ecológica y cultural pasa desapercibida demasiadas veces.

   "La instalación del complejo portuario agroexportador a partir de la década de los '90 del siglo pasado tuvo serías consecuencias ambientales para las barrancas" explicaron Laura Prol, Cecilia Reeves y Carolina Mori, autoras de la investigación, quienes además recordaron que en Santa Fe existe legislación que considera a esas zonas "áreas verdes a proteger".

   El trabajo de exploración y análisis realizado por las tres especialistas a lo largo de todo este año se apoya en dos líneas: la privatización de las costas y la consecuente degradación ambiental de una franja que recoge biodiversidad de tres ecorregiones: el Espinal, la Pampa y el Delta.

   Las intervenciones privadas sobre las barrancas del Paraná "muestran la poca importancia que la gestión pública le otorga a estos ambientes en términos de conservación del paisaje y de las funciones ecológicas-culturales que otorgan a la comunidad", explicaron las investigadoras, que además recordaron que va en sentido contrario a lo que sugiere la propia legislación provincial que considera a estos ambientes como zonas verdes según el decreto ley 7.317/67.

   A su vez, estas intervenciones dejan en evidencia la enorme transformación histórica que sufrió la zona, que en su recorrido primero industrial y luego agroexportador fue agregando elementos externos al paisaje "deteriorando así sus funciones ecosistémicas".

Usos múltiples

A pesar de su importancia, el 73% de las barrancas, costas y playas de la franja que va desde Granadero Baigorria hasta Timbúes pertenece a empresas privadas que impiden el acceso público a esos espacios.

   Son 41 firmas (más de una por kilómetro), 30 muelles de gran porte y 23 playas, la gran mayoría fuera de uso por falta de accesos disponibles o por estar en predios privados.

   Las tres investigadoras también relevaron dos barrios de pescadores (el Remanso Valerio y el Espinillo, ambos en granadero Baigorria) y cinco asentamientos informales repartidos entre Baigorria y Puerto General San Martín.

   En total, según la publicación casi el 70% de las barrancas han sido modificadas en algún grado: instalación de muelles de gran magnitud, paredes impermeabilizadas o con mallas de contención, relleno para ganar espacio al río, destrucción parcial o total de la barranca para instalar infraestructura, relleno con basura o desaguas.

   "Las barrancas son un ecosistema activo cuya forma cambia permanentemente y que aportan una multitud de beneficios ecosistémicos" explicó Reeves.

   Entre esos aportes figuran su función como reguladoras hidrológicas encausando al río, reservorio de agua para usos múltiples, regulación biogeoquímica eliminando contaminantes y depurando el agua y otras funciones ecológicas de soporte a la fauna y flora del lugar.

   "Son espacios que requieren ser preservados por la variedad y riqueza de las funciones ecosistémicas que ofrecen al entorno" puntualizaron las investigadoras.

Las funciones culturales de los ecosistemas fluviales
El trabajo del Taller Ecologista también rescata las funciones culturales de los ecosistemas fluviales, como la provisión de alimentos e ingresos basados en la pesca y el sostenimiento de modos de vida tradicionales de los pescadores, muy probablemente el oficio más antiguo de la región.
   También otras funciones como "la apreciación estética y la inspiración para la ciencia, las oportunidades para la recreación y el turismo" y su aporte como reservorio histórico y paleontológico. En la zona de barrancas estudiada aparecen distintas formaciones con restos fósiles de vertebrados que datan del período del Pleistoceno que tuvo lugar hace aproximadamente dos millones de años atrás.
   Estos restos pertenecen en su mayoría a mamíferos y en menor medida a aves, peces y reptiles.
   "Esto otorga al sector un importante valor por el patrimonio paleontológico que alberga" señalaron Reeves, Prol y Mori.

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