La ciudad

"La pandemia contribuyó a visibilizar brutalmente el abandono de los edificios escolares"

Daniela Cattáneo, investigadora del Centro Universitario Rosario de Investigaciones Urbanas y Regionales, considera necesaria "una inversión urgente" para garantizar seguridad sanitaria y derechos educativos

Martes 09 de Febrero de 2021

La escuela no siempre fue como la conocemos actualmente. Esos edificios divididos en aulas, con bancos en fila y en el frente el pizarrón, sea de madera o digital, son una construcción relativamente reciente en términos históricos que la pandemia de Covid-19 puso en crisis. ¿Qué espacios educativos necesitamos para este presente?, es la pregunta que sobrevuela el último número de la revista A&P Continuidad, de la facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Rosario. Para la directora de esta publicación, la arquitecta Daniela Cattáneo, la pandemia contribuyó a visibilizar "brutalmente" el abandono de los edificios escolares y será necesaria "una inversión urgente" no sólo para garantizar la seguridad sanitaria sino también el derecho a la educación de niñas, niños y adolescentes.

Cattáneo es investigadora del CURDIUR, Centro Universitario Rosario de Investigaciones Urbanas y Regionales, del Conicet/UNR, y se especializa en historia, teoría y crítica de la arquitectura escolar y el diseño de espacios educativos. Según advierte, Rosario tiene un "valioso" parque escolar en términos identitarios, de referencia barrial y comunitaria. Muchos de estos edificios incluso durante la pandemia siguieron operando como lugares de convergencia de acciones, por ejemplo en la asistencia alimentaria. Sobre esos espacios, dice, "es necesaria una planificación en sentido estratégico para pensar arquitectónica y pedagógicamente qué hacer y sobre todo qué no hacer" ante el prometido regreso a la presencialidad.

La crisis sanitaria interpeló nuestra cotidianeidad, los espacios de trabajo, de encuentro. ¿Los edificios escolares pueden seguir siendo iguales después de la pandemia?

Los edificios escolares existen y van a seguir existiendo después de la pandemia ya que hay un enorme y valioso parque escolar en Rosario y en el país. Lo que no va a ser igual, entiendo, es la forma de apropiación de sus espacios para garantizar las condiciones de seguridad sanitaria. Hay que desnaturalizar esta idea tan arraigada sobre que sólo se aprende en el aula y aprovechar galerías, espacios intermedios, corredores, bibliotecas, comedores, patios, halles, gimnasios. Y si vamos aún más allá, también los espacios públicos próximos en tanto extensión de la escuela: plazas, parques y espacios educativos no formales como bibliotecas, museos, centros culturales. La pandemia y su inmediatez exige trabajar con lo que tenemos, con lo que existe, pero necesariamente en red y colectivamente.

Los docentes denuncian graves falencias en los edificios donde funcionan las escuelas, como problemas de infraestructura sanitaria. ¿Se puede volver a clases en las mismas aulas?

La infraestructura escolar necesita una inversión urgente. Es la manifestación más elocuente de un abandono muy anterior que la pandemia ha contribuido a visibilizar brutalmente. Las desigualdades se condensan en estos edificios y su atención se vuelve un elemento clave para garantizar la seguridad sanitaria y el derecho a la educación. Por ello es necesaria una planificación en sentido estratégico, en clave de sustentabilidad, de integración de metros cuadrados a partir de disolución de límites, de integración de espacios y áreas abiertas, de apertura de puertas y ventanas que garanticen ventilación, asoleamiento y con ello los tan necesarios encuentros. Más que enormes inversiones se necesitan inversiones estratégicas con lo que se tiene.

¿Al momento de pensar las aulas después de la pandemia, es necesario viajar a Finlandia?

Siempre resulta valioso aprender de lo que hacen otros si se interpreta en el marco de realidades sociales e infancias específicas. No obstante debemos estar alertas respecto a la apropiación de modelos globales donde la educación como derecho en ocasiones se ve supeditada a las lógicas del mercado. En el caso de los espacios escolares las adjetivaciones como “innovación” o “flexibilidad” parecieran eximir del necesario debate crítico, de la vinculación con modelos pedagógicos concretos que atienden a tiempos, lugares e infancias concretas.

Como muchas veces se dice, volver la mirada sobre experiencias más cercanas

En nuestra provincia contamos con muy valiosas experiencias que serían perfectamente aplicables y replicables como la no gradualidad, la jornada extendida, el plurigrado, la pedagogía de alternancia que son estrategias sostenidas en las escuelas rurales o en las escuelas de islas, solo por señalar algunos ejemplos. Atendiendo a lo edilicio y en términos históricos, Santa Fe fue la primera provincia en el país en contar con un Departamento de Construcciones Escolares, en el marco de la profunda modernización a nivel educativo signada por la Ley de Educación Provincial de 1934 donde primaron la laicidad y las escuelas mixtas y la autonomía respecto al gobierno nacional. Desde lo arquitectónico específicamente se promovió la integración urbana de los edificios escolares a sus contextos, la acción comunitaria y la sociabilidad barrial. Paralelamente, si pensamos por ejemplo en la experiencia pedagógica de Olga y Leticia Cossettini en la escuela Carrasco, entre los años 1935 y 1950, podemos observar como la escuela toda y el barrio eran los escenarios de aprendizaje, el maestro salía del centro de la escena y el aula como elemento central se diluía dejando el protagonismo al patio, la huerta, la biblioteca, el laboratorio. Todo esto tiene una sorprendente actualidad. También en las últimas tres décadas la ciudad de Rosario ha sido un laboratorio temprano de proyectos de acción sobre las infancias donde lo espacial y arquitectónico se resignifican a partir de iniciativas públicas de educación no formal materializadas en el Tríptico de la Infancia.

¿Cómo imaginás los espacios escolares que se construyan postpandemia?

Creo que primero es imperiosa la intervención sobre el parque escolar existente, su recualificación y eventual ampliación y recién allí, el pensar en nuevos edificios. Después, podemos pensar soluciones muy diversas que ponen en evidencia la necesidad de un abordaje interdisciplinar a la hora de la intervención sobre las escuelas. Algunas de las variables tienen que ver con el protagonismo infantil, priorizando más que los edificios, en tanto objetos, las resoluciones formales y espaciales en función de las infancias específicas, sus costumbres, orígenes y vivencias. La referencia urbana de la escuela, como instrumento de transformación y cualificación territorial, es otra variable para sostener, en tanto presencia del Estado. El pensar las escuelas en tanto espacios cívicos, que comparten y abren sus espacios a la comunidad, transformándose en polos urbanos de concentración de educación, cultura, salud y familia.

Una idea de espacios de la comunidad...

Así es. No obstante, en Argentina y en toda Latinoamérica, es imperioso continuar reivindicando a la experiencia escolar como un espacio de inclusión irreemplazable al colectivo social. Es una reivindicación de la institución escolar, a la vez que una interpelación en sus lenguajes y procedimientos para no seguir replicando programas, tipologías, resoluciones y quehaceres obsoletos. La dimensión espacial y material de la educación escolar no es ingenua. La reflexión e inversión en torno a los espacios y edificios escolares como un entramado de la urdimbre social conllevaría la adecuación y reivindicación de la escuela pública y de su edilicia como un camino concreto de progreso y de equidad social. Trascendería la igualdad en clave material e incluso sanitaria para apostar a lo colectivo frente a los embates de la individualización y mercantilización de la educación.

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