El rescate de una pareja junto a su pequeño hijo en pleno río Paraná al darse vuelta el kayak en el que navegaban puso de manifiesto la irresponsabilidad, por un lado, y falta de camaradería náutica de embarcaciones a motor, por el otro. El caso del kayakista Ariel Pasquini, atropellado en 2013 por una lancha a alta velocidad, es un recuerdo latente.
Prefectura admitió que los rescates de embarcaciones o personas en esta época de año son habituales, por eso llamaron a tomar recaudos y cumplir con todas las normas de seguridad náuticas pertinentes. De hecho, está prohibido navegar con menores en embarcaciones botes, más allá de la experiencia con la que se cuente.
Desde hace años, Rosario está catalogada como la "capital del kayakismo" por el crecimiento exponencial de quienes surcan las aguas con estos botes ligeros, angostos y pequeños, que forman parte de una fisonomía de río. Sin embargo, la falta de experiencia o una capacitación acordes pueden transformarse en un problema.
Cómo fue el rescate de la familia
El miércoles pasado, entre las 18.30 y las 19, un instructor de kayak de la escuela Alma de Río, tuvo que rescatar a una familia compuesta por una pareja de alrededor de 30 años y su hijo pequeño de unos 4 años. Si bien todos tenían chaleco salvavidas, se encontraban a la deriva en la zona del parador Isla Verde, cercano a un remanso.
"Esta familia estaba a la deriva. Se habían dado vuelta por el oleaje de una lancha. Les pregunté si necesitaban ayuda y me dijeron que sí. Entonces me acerqué y realicé la maniobra de rescate activo para kayaks dobles. Le pregunté si necesitaban abrigo porque el niño tenía frío y después los acompañé hasta una zona segura cercana a la costa, a la altura de la guardería donde tenían su embarcación", comentó en declaraciones al programa "Todos en La Ocho", Gustavo "Mago" Rodríguez, quien aseguró que "todos estaban bastante asustados porque la situación se había presentado complicada" a quedar a la deriva y sin alguien que pueda ayudarlos.
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El instructor de kayak recomendó "no llevar chicos cuando la embarcación y la capacidad no lo permiten, ya que se trataba de un kayak para dos personas". Además, recalcó que está prohibido navegar con un pequeño en aguas abiertas.
"En este caso se trató de personas que conocían y fomentaban la cultura del río, tenían salvavidas y el chico también, por eso tampoco hay que juzgar o escrachar porque somos seres humanos. Pero, más allá de que hay escuelas para niños, en realidad no está permitido, ya que las clases iniciales de aprendizaje son a partir de los 7 u 8 años, bordeando la costa y en postas con varios instructores", argumentó.
No obstante, admitió que no es tan complejo cruzar el río a remo, pero aconsejó que lo ideal sería "tomar clases e una escuela, probar otros botes y aprender con personas capacitadas para sentir seguridad ante ciertas adversidades que puede presentar el río".
Falta de camaradería náutica
Más allá del accidente, algo muy habitual en una actividad cada vez más numerosa en el río Paraná, el instructor hizo "un pedido especial para las lanchas, que deberían tener más responsabilidad, distancia y empatía para quienes utilizan embarcaciones a remo. Hay muchos jóvenes y personas que son aprendices y hay muchas embarcaciones a motor que no le dan importancia a los kayaks".
Tal como afirma el Consejo Consultivo del Río, organismo local creado para coordinar estrategias y lineamientos frente al creciente uso deportivo, recreativo y turístico del Paraná, "las embarcaciones a motor deben hacerse cargo de la estela que dejan a su paso".
Del mismo modo, si el oleaje llega a las costas o a embarcaciones mejores, "se debe bajar la velocidad mínima de gobierno" para o perjudicar a terceros en ese sentido.
Macarena Cabruja, instructora de la escuela de kayaks Cuatro Vientos, aseguró que "no es habitual" ver chicos pequeños arriba de un kayak, pero sí remarcó la "falta de camaradería" de otras embarcaciones a motor.
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"Tengo la escuela hace seis años y justo el fin de semana pasado se dio vuelta un doble con dos personas. Al lado pasó una lancha con gente a bordo y le restó total importancia. Ellos me vieron que yo estaba renegando para rescatar y dar vuelta el kayak, pero nadie fue capaz de dar una mano. En realidad, la verdad es que se perdió un poco la camaradería náutica", lamentó Maca.
Desde Prefectura Rosario admitieron que en estas épocas se incrementa la asistencia a embarcaciones y a personas en el río. En el caso de los kayaks, al no estar regulada la actividad como otra de mayor envergadura, pasan desapercibidos.
"Es como andar en bicicleta, pero si no llevan puesto el salvavidas se corren más riesgos", evaluaron. Es por eso que recordaron llamar a la línea 106 en caso de emergencia náutica, ya que es un número que no suelen tenerlo presente quienes requieren auxilio en las aguas del río.