La lluvia de ayer no los amedrentó Al contrario, las familias con chicos adoptados y padres en espera se reunieron en La Granja de la Infancia para compartir un día de juegos y reflexiones. Para cerrar la jornada hablaron sobre cómo les cambió la vida haber recibido en sus hogares a sus hijos, y los chicos a sus nuevos padres. Toda una lección de vida.
Mara Ibáñez y su marido Federico Graf adoptaron a Facundo en un proceso muy largo que duró 5 años y medio. Recién en mayo de este año pudieron conseguir la adoptabilidad y ya se anotaron para recibir a chicos más grandes.
“En 2013 comenzó el proceso de Facundo. Fue muy largo y pasaron muchas cosas. Para empezar, Facu nació con labio leporino y tuvo otros antecedentes que hicieron que la jueza indicara una medida excepcional. Facu pasó directamente a nosotros, la familia adoptiva, sin atravesar la instancia de la familia sustituta”, explicó Mara.
Ella recibió a Facundo con apenas cuatro días de vida, pero la seguridad de que se trataba de su hijo la tuvo recién en mayo, cuando el nene ya había cumplido los 5 años.
Ahora que Mara y Federico están seguros de que tienen a Facu, se volvieron a anotar en el Registro Unico Provincial de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (Ruaga) para recibir hasta dos niños de entre 2 y 6 años. “Siempre soñamos con tener una familia grande”, explicó Mara, quien junto a su marido esperan que los hermanos de su hijo lleguen pronto.
Ellos saben de qué se trata el proceso de adopción y también la alegría de recibir a un hijo, por eso no dudaron en volver a inscribirse.
“Fue muy duro porque hubo que pasar por muchos trámites burocráticos y no teníamos la seguridad de que Facu se quedara; y eso no ayuda a construir un vínculo sano. Por eso, en medio de esa angustia me puse a buscar en internet y así llegué hasta el grupo de Padres Adoptivos y en Espera de Rosario”, confesó Mara.
“En el grupo aprendimos muchas cosas, como por ejemplo que no es que la pareja necesite un hijo, sino que el niño necesita una familia, y si uno puede darla ¿por qué no?”, reflexionó la mujer.
A su vez, Mara contó que gracias al acompañamiento y la contención de los otros integrantes del grupo pudo, junto con su marido, atravesar momentos muy difíciles. “Cuando en mayo nos avisaron que ya teníamos a Facu en la familia, los del grupo fueron los primeros en enterarse, después de los abuelos y los tíos, claro”, comentó sonriente.
Así Mara y Federico comenzaron a participar del grupo y ella, como es fonoaudióloga, también dio una charla para explicar a las mamás cuestiones relativas a la discapacidad en los niños, ya que hay familias que adoptan a chicos con alguna patología.
Claudio Ferreyra es otro de los integrantes del grupo de Padres Adoptivos y en Espera de Rosario. El y su pareja, Fernando Pinto, hace dos años adoptaron a dos nenas de 6 y 11 años.
Se inscribieron en el Ruaga en el 2015 para ser padres y a los dos años los llamaron. La realidad es que pidieron algunas condiciones: “Aclaramos que no queríamos bebés y que podíamos recibir chicos de entre 2 y 12 años”. Esto fue lo que les amplió las posibilidades de adoptar a chicos más grandes.
Así fue, ambos recibieron a dos nenas que son hermanas biológicas, una de seis y la otra de once años.
“Hay grupos de hermanos divididos en varias familias adoptantes. De todos modos, los padres intentan mantener el vínculo entre ellos y por eso se los invita a los cumpleaños y comparten muchos momentos juntos”, contó Claudio, quien participa activamente en el grupo, al que también pertenece otra pareja igualitaria.
En tanto, explicó que “hoy el grupo es referente a nivel nacional y es el único reconocido en toda la provincia”.
La angustia de quienes aún esperan un hijo
Leonardo y Virginia comenzaron los trámites para adoptar un hijo en junio de 2010, pero nunca los llamaron. Ya pasaron 9 años, fueron invitados a distintos encuentros, pero no consiguieron todavía llegar a su gran anhelo, que es poder tener un hijo.
“Empezamos cuando todavía el Registro Unico Provincial de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (Ruaga) no existía, sino que había que ir a los juzgados de menores”, contó Leonardo con la angustia que le genera que todavía no haya tenido la oportunidad de adoptar un hijo.
Según relató Leonardo, en el transcurso de estos años se contactan con ellos sólo para actualizar la documentación, y pedirles antecedentes penales para seguir vigentes en la lista de espera de la adopción.
“Nos inscribimos en el Ruaga para adoptar niños (mujer o varón) de 0 a 5 años, y aclaramos que podían incluso ser dos hermanos, y que preferíamos que no tuvieran patologías”, detalló el hombre.
Agotados por el paso de los años, Leonardo y Virginia perdieron “credibilidad” en el sistema. “Ya pasaron muchos años y nunca tuvimos un llamado”, declararon. “Hay que pensar que ya no somos las mismas personas que hace 9 años”, acotó el hombre ante la espera infructuosa de un turno.