La crisis económica se visualiza en muchas imágenes cotidianas y además tiene un impacto directo en los Tribunales provinciales. Los conflictos familiares que se transcriben en los expedientes hilvanan historias que recalan en el Centro de Mediación de la Corte Suprema Justicia de Santa Fe, donde se intervino en un promedio de 2.500 casos en 2022, últimos datos procesados. Allí advierten la incesante degradación social asociada al alarmante empobrecimiento de una amplia franja de la población, a lo que se suma el erosionante efecto del narcotráfico. “Administramos pobreza en medio de la violencia por el narcotráfico, es muy triste lo que vemos”, enfatizaron los responsables de la oficina.
Madres separadas que acuden su ex maridos porque ya no pueden tener a sus hijos, regulación de alimentos que no superan los 20 mil pesos para dos hijos, abuelos que solicitan amplios contactos o la tenencia de los nietos porque los padres trabajan todo el día y no los pueden atender correctamente, o en el peor de los casos, porque murieron producto de conflictos violentos.
Así, en un contexto inflacionario galopante, la resolución de los conflictos vinculares tiende a complejizarse. El Centro de Mediación de la Corte de Santa Fe es una instancia para acercar a las partes, dialogar y hallar soluciones. La mayoría de las causas mayormente llegan desde las Defensorías Civiles por incumplimientos en el régimen de alimentos derivados de divorcios que se dirimen en los Juzgados de Familia.
Ese trabajo bucea en equilibrar las demandas de las partes para satisfacer una mínima expectativa, pero últimamente se perciben marcadas limitaciones materiales para lograrlo, lo que acarrea silenciosas huellas emocionales. “Notamos una fragmentación social muy marcada. Antes las mujeres vulnerables separadas, aunque con pocos medios o trabajos informales, se las arreglaban solas”, describe Inés Zayas, titular del centro de mediación.
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Sin embargo, ahora identifica rasgos de un deterioro más marcado en familias que, de por sí, ya vienen resquebrajadas. “Esas mujeres se ven obligadas a vivir en la casa de sus padres, se amontonan. Cuando piden ayuda al ex marido es porque ya no les alcanza con el plan o la changa. Pero del otro lado hay hombres destruidos que no tienen medios. Algunos faltan a las audiencias porque dicen: «¿para qué voy a ir si no tengo nada para ofrecer?», es terrible. Se ve mucho”.
Divorciados, sin más remedio que convivir
Según Zayas, esa pérdida de recursos de una amplia franja de la población se observa en las atestadas Defensoras Civiles. “Están tomando casos de personas de clase media baja que se empobrece día a día y no pueden pagar un abogado. Hay personas jóvenes, de entre 25 y 40 años, que se separan y penosamente, para que ninguno pierda un cierto estándar de vida, terminan conviviendo en la misma casa”.
Tener esa única alternativa para subsistir acarrea otra problemática. “Dejan de ser matrimonio y se mantiene la paternidad, pero traen un plano de la casa y proponen divisiones con paredes o muros para asignar una habitación para uno, y otra para hijos y la mujer, lo cual desvirtúa la posibilidad de que cada uno pueda rehacer su vida. ¿Cómo lo van a lograr si no tienen independencia, autonomía? La vida personal se les estanca”, analizó la profesional.
Al mismo tiempo, se presentan padres que por la imposibilidad de alquilar viven de prestado, en habitaciones de casas o departamentos de amigos o familiares. “No son ámbitos propicios para que puedan llevar a los hijos en las visitas, porque no es una casa, un hogar, es una habitación de prestado, con todo lo que eso implica; es muy duro”, graficó sobre silenciosos efectos emocionales.
Otro parámetro son los insuficientes, pero posibles, acuerdos por alimentos que se toman de salarios carcomidos por la inflación. “Estamos haciendo acuerdos por 20 mil pesos de cuota alimentaria para un hijo o dos (es el 25 por ciento del salario por hijo), no alcanza para nada, es terrible. Y las dos partes se van con un sabor amargo, porque por un lado el hombre sabe de su realidad, pero no puede producir más; y la mujer porque no puede exigir más, no hay”.
Para Zayas, una triste foto de lo que ocurre son los niños. “Antes venían a las audiencias bien vestidos, de punta en blanco, hoy los vemos empobrecidos y eso es terrible. Todo esto genera más enojo. Advertimos distintos niveles de deterioro social. Decimos que hay gente que está rota, sin recursos emocionales, a quienes les tenemos que explicar qué significa ser padres, madres o tener una familia, cuidar a los hijos. Muchos de ellos entraron al consumo de estupefacientes”.
Narcotráfico
Esa problemática que hoy sacude a Rosario y se expresa en hechos de violencia, tiene correlato en las mediaciones. “Vemos con más frecuencia como la narcocriminalidad se va metiendo en las familias carenciadas, a cuyos hijos los tientan para ser soldaditos, y a madres desesperadas. Nos dicen: «No quiero que mi hijo entre en esto».
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La funcionaria judicial puso además de relieve que cada vez tratan con más abuelos que piden un régimen de comunicación amplio con sus nietos porque el papá murió por algún conflicto por drogas y la nuera quedó también ligada a esa problemática, y los niños lógicamente quedan en riesgo. también están los padres o madres que se niegan a llevar a sus hijos a la visitas con el no conviviente porque en el barrio hay balaceras o tiroteos. O aquellos que se oponen a que vayan a un club donde también hubo episodios de violencia. Todo se trastoca.
El diagnóstico que aporta la mediadora a partir de los casos que llegan cotidianamente a la oficina no es para nada alentador. “El narcotráfico está minando muchos sectores de la sociedad por el consumo y por la degradación familiar. Además, las carencias económicas y la sociedad de consumo hacen tambalear muchos valores”, señaló.
Alto porcentaje de acuerdos
La gama de densas situaciones que resuenan puertas adentro del Centro de Mediación de la Corte se diversificó y deja a la luz los dramas de cientos de ciudadanos que renunciaron a servicios esenciales, bienes y cuestiones materiales básicas.
La intervención de los mediadores es fundamental para destrabar conflictos, atemperar malestares, pacificar y encontrar un principio de acuerdo a problemas cotidianos, pero el trabajo es cada vez más denso. Según datos de la oficina, en promedio se interviene en unas 2.500 mediaciones al año, con una tasa alta de resolución que ronda el 75 por ciento.