El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa que afecta a 3 de cada 100 mil habitantes y suele presentarse entre los 55 y 65 años, aunque hay pacientes más jóvenes y más grandes que en dicha franja con este diagnóstico. Detectarla a tiempo y darle a cada paciente un tratamiento personalizado son las mejores herramientas con las que cuenta la medicina para detener los síntomas y prolongar la vida.
Los trastornos del movimiento son la principal característica de esta enfermedad, sin embargo, y aunque mucha gente relaciona en forma directa al Parkinson con los temblores lo cierto es que hay otras manifestaciones, incluso más frecuentes como son la lentitud de los movimientos o la rigidez de las extremidades.
Hay distintas etapas y, en general la evolución, no es rápida lo que permite que los pacientes tengan, durante mucho tiempo, una vida sin demasiadas “interferencias” causadas por la enfermedad. Si bien por el momento no hay cura, hay novedades en cuanto al abordaje. En Rosario ya se está usando la denominada bomba de apomorfina (un fármaco de indicación habitual en el Parkinson), que está teniendo buenos resultados en cuanto a mejorar la calidad de vida y disminuir los efectos adversos de las drogas que se suelen indicar cuando la enfermedad avanza.
Tomás de la Riestra, neurólogo subespecializado en Parkinson y Movimientos Anormales, director en Ineco (Grupo Oroño) del área que trata estos trastornos, explicó de qué se trata y qué pacientes son candidatos a utilizar este dispositivo que tiene un pequeño tamaño y que va “inyectando” medicación durante el día con “mejor absorción y mayor precisión” lo que redunda en distintos beneficios.
“La apomorfina (un derivado de la morfina) se usa hace muchos años en el marco de las terapias para el Parkinson, al igual que la Levodopa, que se indica normalmente para intentar controlar la falta de dopamina que se da en estos pacientes. La novedad, en relación a la apomorfina, es que contamos con una bomba de infusión (un aparatito) que nos ayuda a los médicos a suministrar cantidades más exactas del medicamento y de manera más continua, obteniendo mejores resultados”, detalló.
En Rosario ya hay cuatro personas que han accedido a este dispositivo y la evaluación de los especialistas muestra que se notan los cambios en cuanto a la calidad de vida, especialmente en personas con una progresión de la enfermedad y en la que otros tratamientos no dan tanto resultado.
“Con este recurso mejoramos las complicaciones motoras y la funcionalidad general. Logramos que utilicen menos medicación (menos Levodopa, por ejemplo) al ser aplicada la apomorfina de forma más eficaz, lo que implica menos efectos adversos”, destacó el neurólogo.
Existen estudios publicados en diversas revistas científicas de renombre que avalan el uso de este tipo de dispositivos. “Hace un año que se está probando en la Argentina, y en Rosario, nuestro grupo es el que lo está indicando como tratamiento para determinados pacientes”, dijo el médico.
¿Cómo funciona? De la Riestra señaló que “se trata de una jeringa que viene en un dispositivo (del tamaño de un celular pequeño, similar a la bomba que suelen usar las personas con diabetes) que se coloca de manera subcutánea y que permite controlar las fluctuaciones que tiene el Parkinson a partir de que la medicación se aplica varias veces a lo largo del día sin necesidad de que sea el paciente el que se tenga que ocupar, o su familia, dando mayor autonomía” y agregó: “No es necesario que el paciente duerma con este dispositivo sino que se puede retirar. En general se programa por 8, 12 o 24 horas, de acuerdo a los requerimientos de cada persona”.
Llegar al diagnóstico
Respecto a la necesidad de un diagnóstico temprano para poder abordar la patología con más chances de evitar complicaciones, el médico destacó que ante la aparición de rigidez o temblores la consulta con el neurólogo nunca está de más. “El diagnóstico sigue siendo clínico, a partir de exámenes y contamos con la posibilidad de las imágenes neurofuncionales para descartar otras dolencias”, sostuvo.
“Inicialmente se hace el tratamiento convencional y se establecen esquemas terapéuticos con diferente medicación en base a la necesidad del paciente. El tratamiento intenta ser acorde con la vida y estilo de vida de esa persona. No es lo mismo alguien que tiene 55 o 60 años y está laboralmente activo que un hombre o mujer de 80, por ejemplo”, mencionó.
El especialista se mostró esperanzado respecto al futuro, de acuerdo a las investigaciones y los avances en Parkinson. “Hoy no tenemos la cura pero cada vez sumamos más recursos para una buena calidad de vida y por más tiempo”.