No es una novedad que, de la mano del proselitismo evangélico, el catolicismo ha
perdido su hegemonía en Latinoamérica. En Rosario ya se cuentan seis templos protestantes por cada
uno católico. ¿Cómo se explica esto? En parte por cómo expanden sus vocaciones pastorales (a los
pastores no se les exige celibato ni tan férrea formación seminarista como a los curas), por la
horizontalidad de su organización eclesiástica, por su oferta de eficacia inmediata hacia los
fieles ("Dios opera prodigios, aquí y ahora"), por su capacidad de escisión en nuevos credos y una
convicción sin fisuras de su rol en la Tierra, que disputa hasta la conversión en las cárceles.
El universo evangélico no es homogéneo. En él se incluyen las llamadas iglesias
históricas (anglicana, luterana, calvinista, presbiteriana, metodista); las surgidas durante el
siglo XX, de acelerada expansión (como las bautistas y pentecostales, mayormente llegadas de
Estados Unidos), y los llamados nuevos movimientos de origen cristiano, aunque hace rato perdieron
su condición novedosa.
Todos esos credos tuvieron y tienen expresión local. En el Registro Nacional de
Cultos (donde en todo el país hay inscriptos 2.954 credos no católicos, 149 de ellos en Santa Fe)
se contabilizan unas 50 instituciones evangélicas radicadas en Rosario. Ese número, sin embargo, no
refleja la cantidad de templos porque cada denominación suele poseer varios y en algunos casos las
iglesias tienen congregación local, aun sin estar inscriptas en la ciudad (como las
metodistas).
Una de las pocas instituciones que maneja números sobre el tema es el Centro de
Investigación, Estudio y Capacitación Eclesiástica y Teológica, que dirige el pastor pentecostal
Carlos Ahubán, también miembro de la Confraternidad de Líderes Cristianos.
Según afirma el religioso, hoy existen en Rosario más de 600 templos
evangélicos, lo que incluye oratorios y lugares de reunión pequeños (algunos hasta en humildes
garajes), así como grandes salas de culto donde caben 3 mil personas. Ese es el caso, por ejemplo,
del Santuario de Fe (Provincias Unidas 2050), sorprendente auditorio elegido por el ex presidente
Néstor Kirchner para un acto en Rosario en 2006.
Según Ahubán, si a esos templos se sumaran los ámbitos no evangélicos pero
tampoco católicos (incluso los llamados "paracristianos", como mormones, adventistas o Testigos de
Jehová), rondarían entre 800 y 900. Las cifras que maneja Ahubán no se quedan en lo edilicio. En lo
que hace a los miembros de esas comunidades o "congregantes" (aclara que el término "fieles" está
asociado más a los católicos), calcula que en Rosario viven unos 150 mil creyentes evangélicos. Y
la ordenanza 7.780, aprobada por el Concejo en 2004, corrobora el número al afirmar que esa
población representa el 15 por ciento del total en la ciudad.
En cuanto a la cantidad de pastores Ahubán calcula que ya hay, entre todos los
credos evangélicos, "arriba de mil". Es cierto, el mismo pastor hace la salvedad, de que además de
lo cuantitativo en materia religiosa importan la "calidad" y la "antigüedad" de los credos.
Comisarías y escuelas. Los evangélicos tienen una pronunciada inserción en
sectores humildes y una especial penetración (por un trabajo ultratenaz) en cárceles y penales de
comisarías. Sólo en Rosario ya hay más de diez seccionales "declaradas" evangélicas. Y también
cuentan con 23 instituciones educativas, en todos los niveles, confesionales y no confesionales.
Su promesa de conversión (el nacimiento de un "hombre nuevo") y de la manifestación divina en
"milagros y prodigios" bien concretos tiene bastante que ver con esos logros. "Nuestra cruz está
vacía, Dios no está en la cruz: está vivo, actúa y se manifiesta en esas acciones", asegura Ahubán,
nada preocupado por las críticas que tildan a esos mensajes de oportunistas o de reducir la imagen
de un Cristo trascendental a una suerte de operador que consigue trabajo, da prosperidad, cura y
hasta permite recuperar al marido infiel.
¿Pero qué ocurre mientras tanto en la matemática católica? Según datos de la arquidiócesis,
en Rosario existen 59 parroquias y a ellas se agrega una gran cantidad de capillas y oratorios, por
ejemplo pertenecientes a las instituciones educativas católicas y a hospitales. Si se suman todos
esos templos, llegan a 105.
En los barrios más humildes también se levantan capillas. Según explica el delegado episcopal
para las comunicaciones sociales de la arquidiócesis, el padre Walter Moschetti, esos espacios de
oración y contención "van surgiendo de acuerdo a las necesidades" que los sacerdotes registran en
los barrios.
Sea como sea, la proporción entre templos evangélicos y católicos ya es de seis a uno. Eso no
significa en absoluto que haya más creyentes protestantes que seguidores de Roma (de hecho los
católicos siguen siendo amplia mayoría), sino que habla de cómo se expandieron los credos
evangélicos y cómo participan sus miembros del culto. Así como las iglesias católicas se llenan en
algunos horarios de misa y para las celebraciones principales (Semana Santa y Navidad, por
ejemplo), la disciplina evangélica colma los salones en cada predicación. Aun así, hay
convocatorias multitudinarias tanto entre católicos como entre evangélicos. El padre Ignacio Peries
o los multimediáticos pastores extranjeros dan prueba de ello.