La ciudad

El Estado busca recuperar barrios copados por las bandas delictivas

En las últimas semanas logró sacar usurpadores de unas 20 viviendas en un Fonavi de Lola Mora y Lorenzini, y se derribaron búnkers de venta de drogas.

Domingo 22 de Julio de 2018

Sobre la esquina de Lola Mora y Lorenzini, a una cuadra del largo corredor que forma la avenida Grandoli, dos operarios trabajan para demoler una de las tantas construcciones irregulares que tapan el ingreso peatonal a uno de los complejos de viviendas. La pared de una de las nueve cocheras edificadas sin autorización deja encerrada una columna del alumbrado público. Es todo un símbolo de las relaciones de poder que generaron en el barrio un sistema de dominación basado en las acciones de hecho y en la violencia. En las últimas tres semanas, en esa fracción de monoblocks se recuperaron 20 viviendas usurpadas por un grupo minoritario que se valió de jóvenes armados, a veces adolescentes, para correr a sus moradores por la fuerza. También se abatieron edificaciones usadas como búnkeres, o para esconder a objetos robados o a personas con pedido de captura. Reductos que junto con esos usos tenían otra función simbólica elocuente: demostrar el poder de los dueños del barrio.

Uno de los lugares usurpados en esta fracción de nueve manzanas es el local donde funcionaba el destacamento policial. Todo un signo de lo que allí representa la idea de autoridad. En esta área acotada por Grandoli, Gutiérrez, Hipócrates y Lola Mora hay 1.070 viviendas en las que viven 5 mil personas. Es la tercera parte de un barrio sometido a una violencia descompuesta, donde durante 15 años se regeneraron sin pausas ataques a balazos con costos dramáticos en vidas humanas, comercialización de drogas y situaciones de intimidación permanente.

En esta zona se inició hace un mes una intervención que concentra centenares de recursos humanos del municipio, provincia, fiscales del Ministerio Público de la Acusación (MPA) y fuerzas de seguridad. El objetivo es reordenar el espacio público entre los 20 monoblocks —o núcleos como se los llama— y atemperar una conflictividad que hizo sentir a los vecinos, dicho con sus palabras, ser rehenes en su propio barrio.

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Fisonomía alterada

El vacío de autoridad no se expresó solamente en la violencia armada. También en el tipo de construcciones ilegales que alteraron toda la fisonomía del barrio, bloqueando los caminos internos hacia las calles donde circulan autos. Sobre un pasaje peatonal, al final de un centro comercial que explotaba una cooperativa, alguien levantó tres grandes ambientes usando como pared externa el frente mismo de un edificio. Allí había un bunker, un aguantadero y una cochera.

Tras la desconfianza inicial que está lejos de haber cesado fueron los mismos vecinos los que, furtivamente o llamando al 911, les decían a las cuadrillas qué edificaciones derrumbar. Algunas de estos bloques de ladrillos aún en pie se notan rociados de disparos.

Esta última semana los escombros abatidos llenaron doce camiones volcadores. Los dueños de buena parte de esos bloques ni aparecieron. Pero un cariz llamativo era que los mismos vecinos que tenían edificaciones ilegales, que a veces eran pequeños comercios para autosustento, no oponían reparos al saneamiento del barrio. Apenas pedían un margen de tiempo para mudar los muebles.

¿Por qué razón ir contra lo propio? En general porque recuperar habitabilidad es para la gran mayoría la prioridad.

Hasta hace días desde el centro del complejo, diseñado a fines de los 70 con plazoletas centrales, no era divisable la calle.

Esa encerrona acrecentaba el terror hacia un grupo consistente y conocido que avanzó sobre el espacio público sin que la mayoría de los afectados pudiera levantar la voz.

Adolescentes usados como matones, vacíos de presencia institucional, construcciones ilegales y bandas con miembros conocidos sembraron durante años, junto con la violencia, una desazón perceptible al caminar las calles por donde hoy las motoniveladoras alisan terrenos tras derribar muros. Pero ese escepticismo no aletargó al barrio que quiere vivir distinto.

"La intervención en el territorio es realizada por agentes municipales, provinciales, fiscales y policías"

Operadores municipales y fiscales coinciden en que mientras caminaban las calles recibían llamados al 911 indicando las casas usurpadas y los lugares donde se guardaban objetos robados. Esperaba una hostilidad mayor a la encontrada.

Este proceso no puede juzgarse porque recién empieza. Pero implica sacar a un distrito castigado, alimentado por la inestabilidad estructural de la violencia, de un abandono que lo estigmatizó como a un gueto, empujando a una mayoría de habitantes a la soledad y a la tristeza. De eso los vecinos se quieren recuperar. Por ahora miran el batallón que viene a cambiar el barrio con un recelo donde también se adivina esperanza.

en acción. Una topadora derriba una construcción ilegal que se había levantado en el complejo habitacional de Lola Mora y Lorenzini.

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