Muchos vecinos, sobre todo de la zona céntrica de la ciudad, tienen una guerra silenciosa con las palomas, que ocupan recovecos en las paredes, ornamentos arquitectónicos y huecos de los equipos de aire acondicionado, e invaden parques, plazas y zonas arboladas en general.
Si bien algunas personas son particularmente sensibles al ruido que hacen cuando están en celo (llamado arrullo), lo que genera molestia de las aves es básicamente su excremento, porque es un pájaro que no ataca. El guano de paloma puede sorprender a algún caminante callejero cayendo en la cabeza o la ropa, ensucia veredas (peatonal Córdoba, entre Laprida y Maipú, es uno de los peores casos), estatuas, paredes, techos, vehículos y todo lo que toque al caer.
Así, las heces se acumulan en edificios antiguos, balcones, terrazas y todo hueco que encuentren, y son corrosivas si no se las limpia, creando además una capa dura y de fuerte adherencia, difícil de quitar. "Algunas personas pueden tener alergias o contagiarse de piojillos, aunque requiere que se toque directamente al animal. La materia fecal, además, puede transmitir enfermedades", apunta la veterinaria Yanina Mautone (matrícula 1136).
Uno de los vecinos enfrentado con las palomas es Mauricio, quien padece una invasión en las macetas de su departamento en el corazón del microcentro, adonde siguen anidando aunque las intente expulsar. "La paloma es la primera plaga de la zona. La mugre en la peatonal es impresionante. Cuando llueve, podés practicar una especie de surfing deslizándote sobre lo que se forma entre el agua y el excremento. Tiene consecuencias estéticas y para la salud", opinó el hombre.
"Hay equipos que emiten un sonido no audible para el humano, que ahuyenta palomas y murciélagos"
Sin embargo, también son un problema para la actividad económica. Hace algunos años, referentes de los puertos de la zona sur de la ciudad acudieron al Concejo para que se estudie la implementación de algún sistema de control de natalidad para evitar la superpoblación de estas aves, que colonizan principalmente los sectores de carga de cereal.
No es el único centro urbano que lidia con el problema. En grandes ciudades como Paraná y Capital Federal, hace años se viene estudiando la implementación de programas de cetrería, que implican la utilización de aves de presa adiestradas (como halcones y gavilanes) para bajar la población de palomas. Además de cazarlas, la presencia de depredadores naturales las ahuyenta de los lugares de concentración.
Sin embargo, su implementación efectiva sólo se ha realizado por el momento en aeropuertos (por ejemplo, el de Mendoza), donde también se suelen usar perros llamados "de acoso" para despejar las pistas de aves que podrían impactar o ser absorbidas por los motores de los aviones.
¿Cómo ahuyentarlas?
Por ello, Mautone ofrece algunos consejos para ahuyentarlas de balcones y casas: "Son muy miedosas. Cualquier cosa que cuelgues que haga ruido o refleje la luz les va a generar temor", indica. Algunas opciones son colgantes con espejos, discos compactos viejos o molinillos de colores entre las plantas. Pero el problema es que "si pasan los días y la paloma ve que el objeto no le hace nada, le pierde el miedo". En ese sentido, recomienda "moverlos constantemente, cada 3 o 4 días".
También hay otras soluciones como "forrar las barandas con un plástico para se que patinen y no puedan agarrarse bien", o la utilización de puntas de metal para evitar que se posen, como en la parroquia San Miguel Arcángel, ubicada frente a la plaza Buratovich. "En el Hospital Español, por ejemplo, tienen en los techos un sistema de pinchos de plástico que no lastiman. La paloma no se puede parar y entonces no hace nido ni va a comer o reproducirse", apunta la veterinaria.
Incluso mencionó que "hay equipos que emiten un sonido no audible para el humano, que ahuyenta a palomas y hasta a murciélagos". Por último, entre los posibles métodos están los repelentes químicos: se trata de "un líquido que emana un olor desagradable y la superficie queda pegajosa, que le genera incomodidad para pararse y la ahuyenta", según explicó la especialista.
El uso de anticonceptivos no llegó a prosperar
En 2011, el entonces concejal Jorge Boasso presentó un proyecto para controlar la población de palomas que, aunque fue suscripto por el también ex edil y veterinario Carlos Cossia, nunca prosperó pero llegó a tener despacho favorable de la comisión de Ecología y Medio Ambiente.
La idea, reflotada por última vez en 2016, era utilizar anticonceptivos autorizados mezclados entre la comida de los pájaros para reducir su proliferación, que causa muchos inconvenientes en ciertos sectores del micro y macrocentro.
Boasso y Cossia explicaron que la sustancia (nicarbazina) no era apta para perros y gatos, no afecta a aves más pequeñas ni a los seres humanos. El anticonceptivo permite que las palomas tengan su copulación normal, pero sus huevos son infértiles.
Los ex concejales sostenían que el modelo podría tomarse en Rosario tras implementarse exitosamente en otras ciudades como Barcelona o Venecia. Especialistas opinaron que el método puede ser efectivo, pero sólo si se implementa deforma sostenida y en largos períodos.