Crece el malestar por la renovación de un contrato de juego en el hipódromo
La sociedad creada por el Estado municipal que administra el Hipódromo de Rosario renovó en
favor de una asociación nacional la explotación de lo que se denomina el juego foráneo, un negocio
que se presume mueve varios millones de pesos al mes y que de esta manera no se reinvertirán en la
ciudad, sino que seguirán confluyendo en Buenos Aires.
7 de septiembre 2008 · 01:00hs
La sociedad creada por el Estado municipal que administra el Hipódromo de
Rosario renovó en favor de una asociación nacional la explotación de lo que se denomina el juego
foráneo, un negocio que se presume mueve varios millones de pesos al mes y que de esta manera no se
reinvertirán en la ciudad, sino que seguirán confluyendo en Buenos Aires.
La decisión de continuar la relación con la Asociación de Hipódromos, conocida
en los últimos días, provocó la inmediata reacción del ambiente turfístico local, que viene
manifestando su descontento por las precarias condiciones en que se encuentra la plaza rosarina.
"Es pésima la atención al público, ninguna agencia está habilitada como corresponde, las
instalaciones no son las más adecuadas, carecen de mínimas condiciones de seguridad, como
matafuegos y salidas de emergencia, y los baños son un desastre", se quejan los turfistas
locales.
Para el sector, este año se abría la posibilidad de que quienes ganaron la
licitación para explotar el casino de Rosario — que se inaugurará el año próximo—
pudieran apoyar el juego en el hipódromo local para sacarlo definitivamente de su actual estado.
Pero la decisión de renovarle la explotación turfística a los mismos que desde hace 12 años
explotan el juego en Rosario y su zona de influencia, dio por tierra con estas expectativas.
Detrás de la decisión. Lo que se pierde no es poco. La sociedad del Estado
municipal que preside Marcelo Ferreyra declara mensualmente una recaudación de 1.200.000 pesos por
el juego foráneo, aunque distintas consultoras calculan que esa suma debería trepar entre los 3 y 4
millones.
De ese total declarado, a la administradora local sólo le queda el 8 por ciento
que, al decir de quienes conocen el rubro, lo financia el que juega en ventanilla, que paga un 10
por ciento más en concepto de impuesto por cada apuesta. Y si gana, de los premios se le deduce
otro 5 por ciento para impuestos provinciales que, según se sospecha con firmeza, desde que está
presente la actual sociedad del Estado no se depositó nunca.
Desde 1996. La renovación del juego foráneo en favor de la Asociación de
Hipódromos no es nueva. Por el contrario, viene ocurriendo desde 1996, cuando el Jockey Club
tercerizó el juego en favor de esa entidad, a pesar que una ley lo prohibía expresamente.
Desde ese momento, todos los años existe la posibilidad de anular la relación
notificando la no renovación 90 días antes de que venza el contrato anual. Este año ese plazo
expiró el 23 de agosto, pero la decisión de ratificar la renovación se impuso nuevamente,
sorprendiendo a todo el ambiente turfístico que considera que de esta manera el hipódromo local no
puede seguir funcionando.