Cotorras en Rosario: una especie cada vez más familiar que llegó junto a otras aves silvestres
La falta de montes naturales por la incesante expansión agrícola obedecen a la migración en constante crecimiento de esta especie en la ciudad. Qué dicen los vecinos
Cotorras. Los cambios hicieron que se expandieran desde su hábitat a la región pampeana, por los cultivos.
Si hay una especie que crece al ritmo del avance de la frontera agropecuaria, son las cotorras (Myiopsitta monachus). Conocida también como perico monje, cata, catita o cotorra ventigrís, desde hace unos años a esta parte comenzó a colonizar árboles altos para escapar de predadores naturales de territorios propicios tales como el monte natural, tanto en la zona de islas como del Litoral en general. Lo cierto es que desde la Dirección de Control de Vectores aseguraron que "no son una plaga" como ocurre con las palomas. De esa misma manera se expresaron algunos rosarinos al asegurar que el mayor problema no es de las especies silvestres sino del ser humano.
Zonas de Rosario tales como el parque Alem, de notoria presencia, al igual que el parque Urquiza, entre otros espacios verdes de árboles altos y frondosos, son una muestra cabal de la presencia de estas aves silvestres como de otras tantas que migraron de zona de humedales o grandes extensiones de montes arrasadas por la mano del hombre.
"Son aves que se ubican en árboles altos como eucaliptus y otros árboles centenarios porque ahí se sientan más seguras y protegidas, pero no representan una plaga como sucede en el campo. Hay gente que vive cerca de parques y espacios verdes que se queja por el bullicio, pero no podemos afirmar que son una plaga", planteó en declaraciones a La Capital el titular del área municipal, Carlos Tasinato, respecto a la presencia de esta especie que habita en todo el continente sudamericano.
Qué dicen los vecinos
Federico Binolfi vive en carne propia esa migración marcada de las cotorras desde zonas rurales a la ciudad. Su higuera suele ser blanco de estas aves, aunque al ser consultado por La Capital, aclaró: "Yo creo que ellas no son el problema sino el ser humano que las expulsó de su hábitat natural. Han aniquilado montes nativos para plantar soja y otros cultivos, esa es la pura realidad".
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Eucaliptus. El árbol favorito de las cotorras.
"Las cotorras, como otros pájaros, lo único que hacen en definitiva es bajar para buscar alimento propio de su instinto, nada más. Porque su hábitat natural fue vulnerado y por una cuestión institiva no tienen otra salida", agregó.
Por su parte, Sebastián Boja, que vive en una zona cercana al parque Urquiza, asegura que vive un canturreo a toda hora como nunca antes había visto en su vida desde que vive allí. Si bien es cierto y saludable que las aves proliferen en un hábitat de árboles variados y frondosos como esa zona de la ciudad, asegura que desde hace unos años a esta parte la "orquesta" variopinta de pájaros es elocuente y a toda hora.
"Desde hace tiempo que escucho ese chirrido característico de las cotorras a las que se sumaron los zorzales, que cantan a toda hora, incluso de madrugada. Yo pensaba que los pájaros eran de cantar al amanecer, pero esto me sorprendió porque no paran en toda la noche. No sé si influye el factor de la luz blanca y eso tal vez los confunde y altera su ritmo circadiano constantemente", señaló Sebastián al detallar el comportamiento extraño que notó en este tipo de aves silvestres, que no solían habitar en un medio urbano como Rosario.
Del campo a la ciudad
Tasinato, por su parte, evaluó que los gorriones y las palomas, típicos de las poblaciones urbanas fueron desplazados por otras especies que antes no se conocían, tales como horneros, cardenales, zorzales y jilgueros.
"Eso suele darse por la pérdida de bosques naturales y la pérdida de árboles frondosos en campos aledaños, asociados al desarrollo del cultivo intensivo y el desplazamiento de la actividad agricola ganadería", precisó.
En ese marco, explicó que la cotorra solía ubicarse en árbolados espinosos de escaso porte, justo al alcance depredadores. Con la introducción del eucaliptus, que es una especia originaria de Australia, empezó a anidar en esos lares.
"La ciudad ofrece un arbolado muy frondoso y extendido, tienen alimento y refugio y carecen de grandes depredadores como el gato montés y la comadreja", comentó a la hora de explicar los motivos por los cuales las cotorras comenzaron a colonizar algunos sectores de la ciudad por encima de otras especies nativas.
Cuáles la fuente de alimento
Las cotorras poseen una gran adaptación alimentaria y suelen explotar diversos recursos alimenticios, esto es gracias a la gran adaptabilidad morfológica conformada por un pico muy fuerte y versátil como una estructura flexible de sus patas, que les permite trepar en la vegetación y tomar alimentos.
De acuerdo a fuentes consultadas, la cotorra se alimenta de semillas de plantas tanto silvestres como cultivadas, aunque también suelen preferir el sorgo, el maíz y el arroz. Esto explica las razones por las que llegan a Rosario y el Cordón Industrial por tratarse de zonas netamente portuaria.
También consumen frutos y flores, insectos adultos y sus larvas. Pese a la importancia de los elementos vegetales en su dieta, si la ocasión se presenta, las cotorras monje pueden alimentarse de la carne de animales muertos.
Eucaliptus, el árbol preferido
El eucaliptus, un árbol originario de Australia e introducido en el país en 1857, es una de las especies arbóreas adoptadas y preferidas por las cotorras para construir sus nidos, señala un estudio realizado por expertos en Ciencias Biológicas y Naturales de nuestro país.
Desde 1870, los eucaliptos se hicieron muy populares entre los colonos europeos, para sombra y protección de las viviendas rurales, y más tarde como especie ornamental en los poblados establecidos a lo largo de las vías férreas.
Así se desprende del estudio elaborado por el doctor en Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Enrique Bucher, y la doctora en Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Plata (Unlp), Rosana Aramburú.
“Las cotorras no tardaron en adoptar a los eucaliptus”, dicen los especialistas, y destacan que “ese importante cambio de conducta de las aves fue muy bien descripto por Ernest Gibson, naturalista y dueño de una estancia en el Tuyú, cerca del cabo San Antonio, en la costa atlántica bonaerense”.
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