Con talleres de marmolería y bronce instalados en los obradores, la limpieza y recuperación del Monumento a la Bandera (obra adeudada si las hay) se parece mucho a un trabajo de artesanía. Tanto así, que mucho del tiempo transcurrido desde que inició la obra en abril pasado fue parte de una labor casi invisible y minuciosa de relevamiento fotográfico, elaboración de fichas, toma de muestras y demás procesos técnicos para tomar las mejores decisiones para una obra emblemática.
La directora de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas de la Nación, Mariana Quiroga, quien tiene bajo su órbita la inspección de los trabajos que la empresa Dyscon SA lleva adelante, destacó que el trabajo "ancla su valor patrimonial en el carácter simbólico, en su referencia a la bandera, en su valor urbano paisajístico y ambiental, y en su valor artístico"
"La obra está muy bien", dice a La Capital la funcionaria nacional cuando se refiere al ritmo de los avances de los trabajos que financia la Nación a través del ministerio que encabeza Gabriel Katopodis, que de acuerdo a los pliegos de licitación prevén su finalización para mediados de diciembre de este año.
Sin embargo, hace hincapié en "las particularidades" de los trabajos sobre espacios patrimoniales y del proyecto que elaboraron la Secretaria de Obras del ministerio con participación de la Municipalidad.
"No son obras donde los resultados aparezcan a la vista rápidamente, hay procesos que son más invisibles y de eso se trata gran parte del trabajo", afirma en referencia a la labor que se lleva adelante en el Monumento.
Tanto es así, que junto a la torre de 75 metros del Monumento donde se montó el obrador con cuatro contendores, hay algo más que oficinas y comedor para quienes desempeñan las tareas y el trabajo administrativo. Allí mismo se montaron talleres para el trabajo experto y artesanal: uno de marmolería y otro para las piezas de bronce.
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El primero de los espacios es casi imprescindible para una obra que de acuerdo al proyecto de Alejandro Bustillo y Ángel Guido que fue seleccionado en 1940, se levantó a partir de 1943 una estructura de hormigón armado que fue íntegramente recubierta en mármol travertino. Superficies sobre las que después sumaron su labor los escultores Alfredo Bigatti y José Fioravanti.
En el informe de inspección de la Dirección Nacional de Gestión de Obras de los primeros días de agosto se describe como la segunda etapa de los trabajos el tratamiento "en los revestimientos exteriores de mármol travertino, tratamiento de las distintas patologías evidentes en el interior de los Propileos, los pasajes laterales, la explanada del Propileo", así como también en "las ornamentaciones en bronce", para lo cual cuentan con el espacio para el trabajo con ese material específico.
El paso del tiempo
A la hora de analizar qué encontraron los expertos al abordar los males que afectan al icónico edificio, Quiroga detalló que "los daños que presenta en las diferentes áreas son producto del paso del tiempo" y, como sucede en la mayoría de los obras de recuperación patrimonial, la detección de "intervenciones inadecuadas realizadas en diferentes períodos".
Lo cierto es que sólo el trabajo de limpieza de los materiales, fundamentalmente en el caso del mármol, requiere de evaluaciones previas para elegir la intervención "más adecuada", indicó Quiroga.
"No son procedimientos a prueba y error, pero sí es un trabajo donde se debe poder definir el más conveniente en función de la respuesta del material a la intervención, sobre todo porque un mismo material puede reaccionar de diferente manera", detalló sobre el trabajo que se realiza sobre las piezas y en talleres.
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En relación a los efectos del paso del tiempo y los cuidados que haya que tener una vez terminada la tarea, explicó que "todo trabajo debe poseer un manual de mantenimiento con especificaciones técnicas específicas" y recalcó que justamente "son las tareas de mantenimiento las más importantes acciones de conservación preventiva en cualquier edificio patrimonial".
El altorrelieve sur como ejemplo
Una de las obras artísticas más destacadas del Monumento y la más afectada es el altorrelieve de la pared sur: "El juramento de la bandera de los Andes", que ilustra a José de San Martín haciendo flamear la Bandera de los Andes frente a sus tropas.
El trabajo del escultor argentino Alfredo Bigatti, que tiene en el Monumento sus principales obras, fue puesto bajo la lupa a través de un sistema de fotogrametría que permite tener una representación tridimensional de las patologías y el deterioro que atraviesa.
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La limpieza del altorrelieve de la pared sur, del escultor Alfredo Bigatti.
Hecho en travertino, una roca carbonatada, porosa y permeable, son justamente algunas de esas características del material las que hacen a los males que sufre. "Por su orientación sur, este altorrelieve es el más afectado por la humedad y el biodeterioro que ella conlleva. Las colonias de microorganismos están presentes en toda su porosidad", dice el informe diagnóstico y agrega "polución ambiental" y "sectores puntuales que manifiestan presencia de musgo, y vegetación invasiva, de plantas de raíces aéreas que toman humedad de oquedades o cavidades del modelado".
La aplicación de un material para la eliminación del material biológico, seguido de una limpieza general con vapor fueron algunas de las intervenciones que ya se hicieron sobre la obra. Así como el retiro de rellenos inapropiados, el trabajo sobre las grietas y la aplicación de productos químicos que funcionan como hidrorrepelentes. Una labor que se hace centímetro a centímetro.