En el marco de una jornada nacional de lucha de los comedores populares ante el abrupto recorte de la entrega de alimentos por parte del gobierno nacional, cientos de referentes barriales realizaron ayer una protesta pacifica frente a las oficinas locales del Ministerio de Capital Humano de la Nación (ex Desarrollo Social), donde advirtieron que la situación en Rosario es “alarmante”.
“Estamos con las ollas vacías, una postal de realidad. La demanda de comida de niños, familias enteras y sobre todo jubilados se duplicó en los últimos meses. Entregamos lo que tenemos, pero mucha gente se que queda sin raciones, es muy triste”, graficó Alejandra Amarillo, cocinera de un espacio en San Martín sur, ante la grave situación que afrontan.
La mujer, parte de una iniciativa que se denominó “cocineras contra el hambre”, estuvo junto a otras colegas, organizaciones barriales, gremiales, referentes sociales y comunitarios en la puerta Capital Humano (España al 500), en el marco de una jornada para que no se interrumpa la ayuda a esos espacios, donde la demanda aumenta a la par de la inflación.
“Hoy los comedores populares redujeron al mínimo o interrumpieron su actividad por falta de entrega de alimentos del área que conduce Sandra Pettovello. Por cada comedor popular que cierra, familias enteras dejan de recibir un plato de comida, y niños y niñas sin meriendas”, advirtieron desde Libres del Sur, agrupación que adhirió a la protesta y cuyos miembros trabajan en unos 50 comedores y merenderos en toda la provincia.
Mientras decenas de cocineras con sus delantales y gorros portaban ollas de aluminio profundas donde cada día preparan alimentos para cientos de personas que caen por debajo de la línea de la pobreza, también desde regional Rosario de la Federación Nacional Territorial (Fenat) inscripta en la CTA Autónoma pintaron un realidad angustiante.
Diez millones de raciones
“Convocamos a organizaciones y espacios sociales, en todo el país a conformar Mesas por la Emergencia Alimentaria, para de manera urgente y unitaria hacer frente a la crisis. Exigimos la urgente entrega de alimentos a los miles de comedores populares que resuelven 10 millones de raciones diarias, que dan respuesta al hambre en la Argentina”, coincidieron las organizaciones Libres del Sur Frente de Organizaciones en Lucha, y Movimiento Argentina Rebelde (MAR).
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Amarillo agregó que “la realidad hoy por hoy es muy mala. Hace por lo menos cinco meses que se recibe poca mercadería o nada. La que llega es de mala calidad, a base de polenta, maíz pisingallo, latas de choclo en crema, nada con lo que se pueda hacer algo nutritivo un guiso”.
La cocinera recordó que desde la pandemia, cuando no se dejó de trabajar a pesar del riesgo sanitario, “aumentó muchísimo la gente que busca comida. Este gobierno achica, y la realidad es que se mucha gente, no solo padres y familias con hijos, sino cada vez más adultos mayores solos. Es una vergüenza, el hambre no entiende de calor ni de frío y tenemos que manifestarnos para obtener una respuesta. Es muy triste cuando a un vecino le tenés que decir que no hay más comida. Y a esta altura comen dos o tres veces por semana, porque no alcanza“.
Dramático
Para Héctor Medina, de la Fenat, desde donde se coordina comedores y merenderos en barrios de la zona oeste, sur y norte el panorama “es dramático. No hay recursos, en algunos comedores los compañeros armaron una feria para hacer frente a los gastos”, recordó sobre merenderos y comedores que apenas se sostienen en Seguí e Iriondo; Curupaytí y Rouillón, Felipe More 2193.
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Precisamente Paola Contreras es cocinera de La Juanita, un comedor ubicado en Madre Cabrini al 1500. “Si estábamos mal, hoy es peor, porque nos arreglábamos con recursos que poníamos nosotros, pero lo tuvimos que cerrar. En noviembre y diciembre saltamos de atender 250 personas a 500. Se incrementó la gente nueva”.
Según Medina, el reclamo que se planteó este miércoles en Rosario no tuvo respuesta formal. “Dicen que van a atender personalmente pero acá no hay nadie, no designaron funcionario local, solo hay empleados que no tienen capacidad de respuesta. La pobreza se expande, y tenemos la obligación de contener a trabajadores desocupados, precarizados, jubilados, un modelo que arrastra a la mayoría por debajo de la línea de la pobreza. El alimento ya no es solo para un niño, sino para su padre que cae a situaciones de vulnerabilidad.
La realidad de los comedores barriales comenzó a agravarse cuando el gobierno nacional anunció que cortaría la ayuda. Igualmente, los centros comunitarios mantienen convenios con Provincia y Municipio a través de los cuales accedían a diferentes cantidades de mercadería para abastecer merenderos y copas de leche. Pero las entregas de mayor volumen que correspondían a Nación sufrieron un severo recorte, con un impacto directo en los sectores más vulnerables.