La ciudad

Cambiar de vida a través del orden y la organización

Julieta Dominga ayuda a modificar hábitos a los rosarinos, acomodando desde un placard hasta casas enteras a pedido de sus clientes.

Domingo 20 de Enero de 2019

Camaleónica, Julieta Gironacci Herrera (41) puede cambiar de identidad en cuestión de segundos. Un trabajo administrativo derivó en que esta rosarina buscara nuevos horizontes, comenzara a ordenar placares ajenos y se convirtiera en la única organizadora profesional de la ciudad, llegando a encargarse de casas enteras por pedido de sus clientes. Así, Julieta Dominga cuenta cómo desarrolla su actividad en un contexto donde el orden y la organización de espacios es uno de los temas más tocados en las redes sociales.

Al momento de aceptar el desafío de ordenar y organizar un espacio, Julieta Gironacci Herrera se convierte en Julieta Dominga. Su seudónimo tiene que ver, primordialmente, con el día de la semana en el que la gente dispone de mayor tiempo libre para poner la casa en condiciones y dejar de posponer algún arreglo pendiente.

"No quería salir con mi verdadera identidad y empecé a pensar que el domingo es el día en que la gente se dedica a hacer cosas en la casa, desde arreglar algo hasta colgar un cuadrito", explica, para luego sumar: "Si me ponía Julieta Domingo, iban a pensar que ese es mi nombre".

juli dominga
<b>Elementos. </b>Claves en su desempeño son las tablas para doblar ropa de adultos, de niños y la rotuladora.
Elementos. Claves en su desempeño son las tablas para doblar ropa de adultos, de niños y la rotuladora.

El orden y la organización de espacios atrae a cientos de miles de personas en el mundo, actualmente, a través de la serie "¡A ordenar con Marie Kondo!", que narra en Netflix el trabajo de la organizadora japonesa mundialmente conocida.

La movida surgió en Estados Unidos como consecuencia del consumo masivo y el posterior problema de organización de esos elementos. Julieta sería Marie Kondo, pero rosarina.

"Arranqué en 2014, pero ni yo pensé que iba a trabajar de esto. Lo hacía como hobby porque siempre fui ordenada, medio «obse», además de tener un laburo administrativo", se sincera Julieta, que el año pasado le dio el toque formativo a su pasión estudiando Organización Profesional de Viviendas, Oficinas y Locales Comerciales en la Escuela Argentina de Negocios.

Para darse a conocer, se sumergió en las redes sociales alentada por su esposo. En su cuenta de Instagram (@julietadominga) tiene más de 7 mil seguidores y de a poco fue apareciendo en las pantallas de los teléfonos de los rosarinos: "Me pasó que me frenen en la peatonal y me saluden. En el súper, también".

La organizadora local empezó haciendo placares en distintas casas; en julio del año pasado, comenzaron a surgirle casas enteras. Para esos casos, tiene ayuda cercana: su hermana y su prima.

Compromiso total

Para organizar el placard de una casa ajena, hay que entender a la gente que contrata el servicio de organización. Julieta afirma que no es sólo ordenar e irse sino que motiva a que la persona que llega a ella, logre un cambio de hábito.

"Uno pone el cuerpo y la cabeza en esto. Es un laburo que implica el compromiso emocional de las dos partes. Hay casas en las que son cinco personas, pero sólo dos están comprometidas con el proceso de organización", cuenta.

Aprender a ordenar implica el involucramiento por parte de todos los actores de la casa en cuestión. Pero lo principal es lograr el cambio de hábito, algo que para Julieta es fundamental.

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"No dejo todo divino y me voy, tampoco doy tips de cómo ordenar. Si quiero ayudarte a que vivas más ordenado, te ayudo con el proceso y me comprometo con vos porque me gusta laburar y transformarle la vida a la gente", expresa.

La mujer muestra su casa a La Capital y, a cada paso, las preguntas se repiten: ¿cómo ordenaste eso?, ¿dónde conseguiste aquello?, ¿cómo acomodaste esto?

Como elemento infalible, tiene contenedores de plástico de variados tamaños en los que se pueden guardar desde utensilios de cocina, pasando por distintos alimentos envasados hasta medias o ropa interior.

Para no sumarse a la larga lista del refrán del herrero, la organizadora cuenta: "Siempre pongo en práctica lo que yo misma trato de inculcarle a los demás. Depuré mi casa también y tiene otra energía".

La clásica pregunta que recibe Julieta es por dónde empezar. La respuesta, llamativa, tiene un sustento lógico, que invita a la reflexión: "El baño. Es el corazón de la casa porque es lugar donde te limpiás y purificás".

De todos modos, puntualiza: "Cuando una casa está muy dada vuelta, tenés que empezar por el espacio que más te molesta".

Anti "por las dudas"

Absoluta partidaria del descarte, Julieta también deja entrever que es contraria a la filosofía del "por las dudas": "Es un tema. La gente tiene miedo a no tener y capaz que guardás algo y cuando llega el momento de usarlo, no te gusta más porque pasó de moda o porque está hecho pelota".

Traza un paralelismo con viajar de vacaciones a la playa. La imagen es repetida: bolsos llenos de ropa por si acaso, que luego vuelven casi tal cual como se fueron. "Te vas 15 días a la playa, te llevás tacos altos o zapatos náuticos y estuviste en ojotas todos los días. Hay que hacer el mismo ejercicio con esto, porque en la vida pasa lo mismo", compara.

"Uno tiene que ir simplificando. Suelo ver gente que tarda mucho tiempo y mucha energía en decidir sobre algo de lo que duda todo el tiempo. El 80 por ciento del tiempo usamos el 20 por ciento de la ropa", argumenta, con una estadística que hará reflexionar a más de uno.

Incluso, deja un lugar de sus conceptos para esa ropa que a uno le regalan y no queda otra que, en algún momento, usarla de compromiso: "Te da cosa no usarla y te genera una sensación fea. Pero sabés que tenés un amigo que eso que a vos no te gusta, a él sí: regaláselo".

juli dominga

En la vereda de lo positivo, Julieta destaca lo genuino de la organización que ella lleva adelante y pide "desmitificar" las habitaciones y los placares "blancos e impolutos".

"Nada tiene que ser impuesto, hay que buscarle la parte más real al asunto. Te venden todo el tiempo la imagen perfecta y que todo sea perfecto. Esto es real, común y simple", asevera, al tiempo que afirma que el orden para nada debe hacerse de manera obsesiva: "No tiene que estar perfecto para la foto".

A las organizaciones suma talleres en los que comparte su manera de organizar para quien desee tomar el problema del orden por cuenta propia.

Los encuentros duran cuatro horas y algunos, comenta, se sorprenden por la extensión: "Me preguntan que cómo estoy hablando cuatro horas de orden. Por mí, puedo estar 18 horas hablando de esto porque me encanta".

Simple y sincera, ante todo ordenada, pero sobre todo apasionada. Julieta Dominga deja de ser Julieta Gironacci Herrera durante algunas horas por semana, y desarrolla una actividad que, sin pensarlo ni organizarlo, convirtió a un nicho inexplorado en la ciudad en un nuevo medio de vida para poder ayudar a otras personas a vivir de otra manera.

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