El mensaje que advertía con tono de desesperada denuncia que "las áreas de salud mental están estalladas" llegó a La Capital y sacudió a propios y extraños ligados a la contención de personas con consumo problemático. Siguen las repercusiones hacia adentro de las instituciones al punto que ya circula un petitorio en la Colonia de Oliveros donde los trabajadores piden que se termine con las internaciones de personas en conflicto con la ley y, los que estén alojados y con tratamiento sean trasladados a un dispositivo del Ministerio de Seguridad.
Además se sumaron más voces profesionales. Es que el panorama interpela a funcionarios, políticos en plena campaña, profesionales de la salud, medios de comunicación y la sociedad toda.
Así lo dejó en claro Julio García, psicólogo que trabajó 20 años en el Programa Andrés, es parte del Colegio de Psicólogos de Rosario y trabaja en el área de Extensión de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). El profesional le dijo a La Capital: "El consumo problemático no es la causa del problema, es el emergente; la violencia no es por droga, es por plata y no falta presupuesto, el tema es donde se lo prioriza". Sintético y gráfico.
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Otra voz que se sumó al tema fue la de la responsable de zona sur de la Agencia Aprecod de Prevención de Consumo de Drogas y Tratamiento Integral de las Adicciones, Ana Clara Ferreyra.
La funcionaria remarcó que la entidad no se desentendió del caso denunciado en el Whassap y que llegó a este diario. "Muy por el contrario" dijo, "al entender que pasaban las horas y no internaban a la mujer en el hospital Agudo Avila, conseguimos en pocas horas una cama en una clínica".
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Aunque en la nota se dejó en claro que el caso fue tomado como uno y testigo de otros tantos con una complejidad amplia que no solo involucra a la Agencia.
En cuanto al petitorio, un malestar de vieja data en la Colonia, va en consonancia con lo que expresó la secretaria ejecutiva del Órgano de Revisión de Salud Mental de la provincia de Santa Fe (ORSMSFE), Lucrecia Faccioli, en la nota de este miércoles. Allí decía que su área veía con "preocupación" su área ve con "preocupación" una gran cantidad de personas en conflicto con la ley penal que "son internadas en hospitales monovalentes por decisión judicial, muchos con proceso penal pausado por tiempo indeterminado y con custodia policial o del servicio penitenciario, sin criterio de internación, lo que suscita un sin número de inconvenientes al interior de las instituciones; se generan alojamientos que no responden a criterios sanitarios sino a cuestiones procesales-penales poniendo en riesgo el cumplimiento de las funciones propias de los hospitales y la constante saturación de la red sanitaria debido a la falta de giro cama".
Volver a reconstruir lo común
Para el psicólogo Julio García no se puede obviar que la crisis socio económica impacta "directamente" en lo subjetivo.
"Esta situación se agravó con el feroz endeudamiento del gobierno anterior, siguió con la pandemia y ahora se nos plantean urgencias y emergencias, ¿pero de qué problemáticas hablamos?", se preguntó.
Para él, el caso denunciado por WhatAppp y publicado en La Capital tiene que ver con una mujer en situación de calle que además atraviesa una problemática de consumo y una crisis subjetiva. "Pero la emergencia es la situación de calle y esto habla de desafiliación de lo comunitario: hay que reconstruir lo común y colectivo para la contención de situaciones vulnerables", sugirió, y en este sentido recordó que en los '90 las organizaciones de consumos problemáticos "eran usadas para alojar gente, se resolvía así el tema de la vivienda con internaciones, eso se fue revirtiendo, pero nuevamente parece que se tensa hacia el mismo lado".
-Frente a los significantes reiterados como "estallido" o "crisis", ¿usted es optimista?
-Necesariamente lo soy, apuesto a estas construcciones. La realidad es que se escucha que los sistemas de salud están "estallados", pero lo cierto es que se hacen cosas y se está trabajando mucho. A la facultad desde la Extensión, por ejemplo, la pensamos como un territorio más , donde se comparten las más variadas situaciones emergentes y se debate con otros territorios y diversos saberes para la construcción de las problemáticas, el armado de abordajes e intervenciones y la sistematización de la formacion, esto es algo que se está haciendo, aunque parezca poco. En eso soy optimista. La Salud Mental es un proceso colectivo, una construcción que que nos implica a todos los ciudadanos en la función que estemos y con las tensiones de sentidos que puedan surgir.
-¿Qué tipo de sentidos?
-Por ejemplo, el de derechos humanos en salud mental, no todos lo ven así. Que se piense que alguien que consume sustancias psicoactivas tiene que estar internado como primero y único abordaje es un sentido. Y venimos de esta historia que empezó a revertirse con mayor fuerza a partir de la ley de Salud Mental 26.657 . Pero sabemos que con la implementación de la ley no basta, debe haber recursos económicos, presupuestos, formación y comunicación mediática y se deben desandar lógicas culturales haciéndonos preguntas. Como decía Ulloa: "Los manicomios no son las paredes, las paredes están en las cabezas".
-¿Cómo cuáles?
-La del "usuario consumidor siempre pegado a la violencia", cuando la violencia no es por la droga, es por la plata. Lo que manda es la lógica neoliberal, donde el sujeto no importa, el otro como semejante no importa. Entonces vuelvo a la urgencia de los casos complejos de consumo problemático: puede parece poco receptivo o humano, pero ante la urgencia y la impotencia hay que detenerse, preguntarse y convocar a otros. No se trata de no asistir, hay que darse un tiempo para ganar tiempo. Los médicos en la urgencia no actúan a tontas y a locas sino con un protocolo. Parte del hacer es permitir pensarse en ese hacer.