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Un viaje a la Edad Media a través de "El nombre de la rosa", su primera novela

La historia, publicada en 1980, logró de inmediato un gran éxito y catapultó al profesor Eco a la fama mundial. Lo erigió en uno de los intelectuales italianos más conocidos.

Domingo 21 de Febrero de 2016

Umberto Eco transportó a millones de lectores por un viaje literario a la Edad Media. Los llevó al mundo extraño de una abadía benedictina en los Apeninos italianos donde el monje Guillermo de Baskerville logra esclarecer una serie de crímenes a principios del siglo XIV.

La historia, titulada "El nombre de la rosa", publicada en 1980, logró de inmediato un gran éxito y catapultó al profesor Eco a la fama mundial. Lo erigió en uno de los intelectuales italianos más conocidos.

Con "El nombre de la rosa", Eco logró plasmar su conocimiento enciclopédico de un modo lúdico y coronarlo en una historia emocionante, en un atrapante "thriller" de monasterio.

La obra, calificada de "libro de culto", fue traducida a decenas de idiomas y llevada al cine por el director francés Jean-Jacques Annaud. El estreno de la película se produjo en 1986, con Sean Connery en el papel del hermano De Baskerville, un ex inquisidor franciscano encargado de resolver la sospechosa muerte de un monje en una abadía del norte de Italia.

Annaud recordó a Eco como "un erudito al que todo le divertía", con quien mantuvo "una relación de admiración total" y que "tenía una memoria monstruosa.

"Visitamos un montón de monasterios juntos, tenía una energía increíble", recordó Annaud. "Era una persona fascinante que me dejó total libertad, incluso para seleccionar a Sean Connery", memoró.

"Era un personaje muy erudito y de una alegría de vivir asombrosa. Una mezcla entre el sabio y el hombre que amaba reír y comer", indicó el cineasta que debe su consagración económica a la adaptación cinematográfica.

Los lectores y estudiosos se lanzaron desde un inicio a descifrar los códigos intertextuales presentes en la obra, no siempre con éxito. Este tipo de razonamiento deductivo utilizado por el protagonista de la obra de Eco para desentrañar al culpable fue también promovido por otro personaje literario, Sherlock Holmes.

Justamente, una de las novelas del famoso detective creado por Arthur Connan Doyle se llama "El mastín de los Baskerbille", de donde provendría el apellido del monje franciscano.

Eco reconoció luego otra referencia fundamental de su libro, el bibliotecario ciego se llama Burgos, debido a la admiración del escritor italiano por el gran escritor argentino Jorge Luis Borges, quien quedó ciego de adulto y era fanático de las bibliotecas y de los laberintos, que pueblan también "El nombre de la rosa".

Un cuarto de siglo después de publicada la obra, Eco le dijo al periodista del diario Clarín Antonio Gnoli que aquellos quienes "en la ‘rosa' encontraron una referencia al verso de Shakespeare ‘a rose by any other name' (una rosa con cualquier nombre), se equivocan".

"Mi cita significa que las cosas dejan de existir y quedan solamente las palabras. Shakespeare dice exactamente lo opuesto: las palabras no cuentan para nada, la rosa sería una rosa con cualquier nombre".

Pero esta clase de curiosidad generada a nivel mundial y los deseos de decodificar los secretos del libro fueron fundamentales en el éxito de la obra, aunque un poco molestos para el autor.

Cinco años después de publicado su libro, Eco escribió "Apostillas a 'El nombre de la rosa'" en donde comenta cómo y por qué escribió su novela, pero no revela los misterios de la trama.

Eco dijo que había redactado el nuevo texto porque estaba harto de todas las preguntas que le planteaban desde todo el mundo sobre su gran éxito literario.

"He escrito Apostillas para evitar tener que morir, para evitar tener que contestar a nuevas preguntas", dijo en su momento el escritor italiano.

La prensa de Europa le dio un adiós cargado de reconocimiento

La muerte del pensador, semiólogo y escritor italiano fue tapa de los principales diarios de todo el globo con títulos y frases que recurrieron a su genio y fina ironía para inmortalizarlo.

"Adiós Umberto Eco, el hombre que sabía todo", tituló el diario italiano La Repubblica, mientras que el Corriere della Sera destacó al "escritor que cambió la cultura italiana"; y desde España El País tituló "Muere Umberto Eco, el humanista total".

The New Yorker se refirió a Eco y una tesis de la escritura que era una guía para la vida; y El Universal de México habló de "un autor de catedrales literarias exitosas".

Menos destacado, el diario británico The Guardian remarcó sus facetas de novelista e intelectual; mientras que The New York Times destacó en la sección de artes la muerte del "bestseller y académico que navegaba entre dos mundos".

Eco en marzo último había presentado su último libro, "Número cero", una reflexión y una crítica contra el periodismo, internet, la mentira y la corrupción.

La vasta obra de Eco incluye ensayos sobre la teoría de signos y símbolos en el lenguaje, estudios sobre iconos de la cultura popular como James Bond y Superman, problemas de traducción y los lenguajes técnicos del internet.

El presidente de Italia, Sergio Mattarella; el ministro de Cultura, Dario Franceschini, y el escritor Roberto Saviano tributaron ayer un homenaje al novelista.

En Twitter, Mattarella ensalzó a Eco como "protagonista de debates intelectuales italianos e internacionales" y subrayó que "sus ensayos y novelas dieron un gran prestigio a Italia y enriquecieron la cultura en todas partes".

Por su parte, Franceschini escribió en Twitter: "Umberto Eco nos ha dejado. Un gigante que difundió la cultura italiana por el mundo entero. Joven y volcánico hasta el último día".

Como homenaje personal, Roberto Saviano citó en Twitter una parte de la última frase, escrita en latín, de la novela "El nombre de la rosa": "Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus" (Por su nombre subsiste la rosa antigua, sólo nos quedan los nombres desnudos).

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