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Un granjero movió una piedra para pasar y sin querer modificó la frontera entre Bélgica y Francia

Al mover la piedra para pasar con el tractor, Bélgica, su país, ganó 2,29 metros pero incumplió el Tratado de Courtrai, que fijó los límites tras la derrota de Napoleón en Waterloo

Miércoles 05 de Mayo de 2021

Un granjero de la localidad belga de Erquelinnes quería pasar con su tractor por un terreno, pero como una piedra le impedía el paso, la movió. Lo que este hombre desconocía es que por esa eventualidad modificó los límites fronterizos entre Bélgica y Francia.

Solo era una cuestión de interés personal. Es que un granjero de esa localidad belga simplemente quería pasar con su tractor por un terreno y una piedra se lo impedía. Entonces el hombre la movió por accidente y la sencilla maniobra se convirtió en un asunto de Estado internacional. Es que con esa sencilla eventualidad acababa de modificar los límites fronterizos entre su país y Francia.

Pero no se trataba de un roca cualquiera sino de un monolito de 150 kilos grabado con la fecha de 1819. Su molesta presencia respondía al Tratado de Courtrai, refrendado en 1820 y que establecía las fronteras tras la derrota de Napoleón en 1815 en Waterloo, antes de la formación de Bélgica como Estado en 1830.

La piedra en cuestión separaba la localidad de Erquelinnes, en Bélgica, de la francesa Bousignies-sur-Roc. Su país ganó 2,29 metros, al igual que sus terrenos.

Un grupo de aficionados a la Historia, Jean-Pierre Chopin, Philippe Fayt y Jean-Paul Maieu descubrieron la modificación mientras recorrían el lugar con mapas de la época.

Entre los vecinos del pueblo circulan dos versiones: unos aseguran que la roca se movió para maniobrar mejor con el tractor pero otros sugieren que pretendía agrandar su finca. El alcade del pueblo también se ha pronunciado, llevando un poco de cordura y tranquillidad y subrayó su voluntad de retornar a la piedra a su emplazamiento original.

«Se ha movido el límite de 1819, se amplía Bélgica y nuestro municipio. Los franceses obviamente no están de acuerdo, tendremos que volver a poner la cosas en su sitio», ha explicado en redes sociales.

Las autoridades belgas se contactarán con el granjero para pedirle amistosamente que coloque en su lugar lo que nunca debería haber sido desplazado, evitando de este modo un absurdo conflicto fronterizo y el inicio de un procedimiento penal contra el campesino. «Si muestra buenas intenciones no tendrá ningún problema», ha prometido el regidor.

Sin embargo, si el hombre no cumple, la cuestión podría terminar en el ministerio de Relaciones Exteriores de Bélgica, que a su vez debería convocar una comisión sobre la frontera belga-francesa, algo que no sucede desde 1930.

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