El rescate de los 33 mineros atrapados hace dos meses a 700 metros de profundidad comenzaría el miércoles próximo, luego que los expertos decidieron reforzar sólo 96 de los 622 metros del túnel por el que serán izados, anunció anoche el ministro de Minería, Laurence Golborne.
Golborne precisó que la parte inferior del túnel ya fue ensanchada mediante una explosión controlada, hecha por especialistas en tronaduras que hay entre los propios mineros atrapados, con el objeto de que la cápsula que los sacará a la superficie se deslice sin rozar las paredes de rocas.
El reforzamiento del túnel se inició anoche.
La decisión de cómo seguir con el rescate se tomó luego de que la perforadora T130 culminara ayer a las 8.30 el túnel de 622 metros y llegara a un taller cercano al refugio donde permanecen los mineros.
Golborne dijo que el túnel “está en muy buenas condiciones, no requiere ser encamisado (revestido) en forma completa”.
El reforzamiento se hará con 16 tubos de seis metros de largo cada uno, que deben ser soldados entre sí.
El ministro de Salud, Jaime Mañalich, reconoció que el nivel de ansiedad de los mineros empezó a elevarse.
A primera hora, sirenas y bocinazos anunciaron el momento en que el gigantesco taladro rompió el techo del taller y de inmediato rescatistas, autoridades y familiares de los mineros se abrazaron, gritaron y muchos parientes lloraron de alegría.
Decenas de familiares levantaron una verdadera ciudadela, bautizada como Campamento Esperanza, a unos centenares de metros de la boca de la mina, y desde el día siguiente del derrumbe viven allí, soportando en el día el fuerte calor y el intenso frío de las noches, características del clima del desierto de Calama, donde está el yacimiento de cobre.
Jeff Hart, un estadounidense de 40 años que operó la perforadora, dijo que todo el equipo de rescate estalló en gritos de alegría cuando la máquina rompió. Surgieron botellas de champaña.
“Hemos estado aquí trabajando, rompiéndonos el trasero, trabajando cada día, luchamos contra todos los obstáculos... Eso es increíble. Fue grandioso”, añadió el hombre, un fortachón de manos enormes y arrugadas, enfundado en un overol sucio y portando un casco blanco con su nombre al frente. Hace pocas semanas estuvo buscando agua en Afganistán.
Anticipando su rescate, los mineros atrapados bajo centenares de toneladas de rocas empezaron a enviar a la superficie algunas de sus pertenencias, utilizando las “palomas”, tubos angostos usados para bajarles comida, aire, medicamentos, y hasta una fibra óptica que les sirve para comunicarse oral y visualmente. l


































