Dos veces por semana, término promedio, este edificio insulso en Schwerzenbach, Suiza, recibe a algún extranjero que viene a morir.

Dos veces por semana, término promedio, este edificio insulso en Schwerzenbach, Suiza, recibe a algún extranjero que viene a morir.
La mayoría son enfermos terminales. Algunos son jóvenes y saludables, con excepción de alguna incapacidad física permanente o algún trastorno mental muy debilitador.
Atraídos por la fama de Suiza de ser un sitio en el que los extranjeros pueden poner fin a sus vidas sin que los molesten, más de 100 alemanes, británicos, franceses, estadounidenses y gente de otros países vienen a esta pequeña ciudad todos los años para acostarse en una cama de un edificio de esta zona industrial e ingerir una dosis letal de barbitúricos.
La tolerancia de Suiza está en tela de juicio ahora a raíz de un programa televisivo que mostró el suicidio de Craig Ewert, un estadounidense de 59 años con graves trastornos en las neuronas motores.
Otros países, como Holanda y Bélgica, y un par de estados estadounidenses —Oregón y Washington— aprobaron hace poco leyes por las cuales los enfermos incurables pueden buscar un médico que, bajo condiciones estrictamente reguladas, los ayuden a morir.
Suiza, el único. Suiza es el único país que permite que un extranjero venga a suicidarse. Y los médicos tienen relativa libertad para recetar medicinas para animales, fatales para los humanos. Cinco minutos después de beber un vaso de agua con pentobarbitol de sodio, caen dormidos. Una hora más tarde, han muerto.
Al igual que Ewert, la mayoría de los extranjeros acuden a Dignitas, una de varias organizaciones suizas sin fines de lucro que ayudan a los suicidas.
Hay quienes aducen que esas organizaciones convierten a Suiza en un destino para "turistas suicidas" y las acusan de violar normas éticas y desafiar la opinión pública.
No ser una carga. El doctor Bertrand Kiefer, jefe de redacción de la revista médica Revue Medicale Suisse, sospecha que algunas personas se suicidan no porque padezcan sufrimientos intolerables, sino para no ser una carga para sus familias ni para la sociedad.
Dignitas sostiene que lo único que cuenta es el derecho de una persona a la autodeterminación. La única condición para asistir a un suicida es que la persona "sufra de una enfermedad que inevitablemente causa la muerte y quiera poner fin a su vida y a su sufrimiento voluntariamente".
Kiefer dice asimismo que los organismos que ayudan a los suicidas no tienen transparencia económica.
Dignitas reveló que cobra 10 mil francos suizos (unos 8.300 dólares) por sus servicios, que incluyen la cuestión legal y la consulta médica. "Hay que asegurarse de que estas organizaciones no tienen un incentivo económico que las impulse a alentar a la gente a que se suicide", advirtió Kiefer. (AP)


