Rusia anunció que "estaba lista para ofrecer ayuda militar si fuera necesaria" al cuestionado presidente de Bielorrusia Alexander Lukashenko, mientras los manifestantes realizaban ayer una de las mayores protestas contra la última reelección del autócrata. Las últimas elecciones, del domingo 9 de agosto dieron a Lukashenko, un ex comunista en el poder desde 1994, otro mandato. Pero las sospechas de fraude se multiplicaron, y la Unión Europea y otros organismos internacionales no han reconocido la legitimidad del resultado. Tampoco lo han hecho países vecinos de Bielorrusia, salvo Rusia. Para Rusia, que mantiene una relación ambivalente con Lukashenko, Bielorrusia es una pieza estratégica en la confrontación geopolítica con Occidente. Vladimir Putin teme que se repita lo sucedido en 2014 en Ucrania, cuando un presidente autoritario aliado del Kremlin fue derrocado por una revolución popular y se abrió paso a un nuevo gobierno proeuropeo. Putin reaccionó desencadenando una guerra en la parte oriental de Ucrania, que aún hoy se mantiene en estado latente. Ahora, la sombra de una nueva intervención militar rusa sobrevuela sobre Bielorrusia.

































